Blas Cabrera, y su esposa María Sánchez. Author provided

Blas Cabrera, el amigo de Einstein depurado por “las dos Españas”


Continuamos con este perfil sobre el físico canario Blas Cabrera nuestra serie de retratos de científicos y científicas cuyas biografías, por circunstancias diversas, han permanecido semiocultas en los márgenes de la historia reciente de nuestro país.


Blas Cabrera nació el 20 de mayo de 1878 en Arrecife (Lanzarote). En septiembre de 1894 se trasladó a Madrid a estudiar física y matemáticas, lo que contrarió los deseos de su padre, un notario que quería que estudiara derecho. Obtuvo su grado en 1900 y el 14 de octubre de 1901 presentó su tesis doctoral. Unas semanas después era nombrado profesor auxiliar de física matemática.

Cabrera es fruto del interés de los llamados “mentores” de nuestras ciencias. Estos acogieron unas “generaciones tuteladas” de investigadores españoles: jóvenes prometedores en los que se depositaron las esperanzas de renovar la ciencia.

En noviembre de 1902 se le propuso ocupar una de las cátedras vacantes en la Facultad de Ciencias. En enero de 1903 se le encomendó formar parte de la comisión que debía designar la primera junta directiva de la Sociedad Española de Física y Química. El 18 de febrero de 1905 obtenía la nueva cátedra de Electricidad y Magnetismo, nacida de la reforma del ministro García Alix, con apenas 26 años.

El amigo de Einstein

En 1909, con poco más de 30 años, se le otorgó la mayor gloria que podía alcanzar un físico en España: ser elegido Académico de Número de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Al año siguiente la Junta para Ampliación de Estudios creaba, en el seno del Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales, el Laboratorio de Investigaciones Físicas con la intención de que lo dirigiera Cabrera.

En 1912 vio la necesidad de aprender en Europa el magnetismo y la electricidad que no se sabían en España. Por ello viajó a Zúrich para estudiar el magnetismo de la materia con Pierre Weiss. A su vuelta a finales de 1912, Cabrera comenzó una etapa de dedicación a la “magnetoquímica” con un amplio conjunto de colaboradores que se constituirían como un grupo de investigación “a la europea”.

Esto consolidó su prestigio y le llevó a ser elegido, en 1916, presidente de la Sociedad Española de Física y Química. En 1920 se convirtió en “embajador cultural” en la Institución Cultural Española de Buenos Aires. En 1923 fue el anfitrión de Albert Einstein durante su visita a Madrid.

A partir de 1924, retomó la investigación experimental en su laboratorio, dedicado ahora al “paramagnetismo de la materia” junto con Arturo Duperier. Su colaboración permitió completar la ecuación de Curie-Weiss del paramagnetismo, que pasaría a conocerse como de Cabrera-Duperier:

(χ+Κ)(T+Δ)=C

Blas Cabrera (sentado, el primero por la derecha), durante la visita de Einstein a la UCM. Author provided

Reconocimiento internacional

1928 es el año de la consagración internacional de Blas Cabrera. Primero fue elegido miembro de la Academia de Ciencias de París (con 42 votos a favor, frente a los 2 de Niels Bohr). Poco después, por iniciativa de Marie Curie y Albert Einstein, se le nombró miembro del Comité Científico de las Conferencias Solvay.

El 28 de febrero de 1930 tomó posesión como rector de la Universidad Central de Madrid. Meses después, fue elegido representante español en el Comité Internacional de Pesas y Medidas, mientras se le confirmaba en el cargo de director del Instituto Nacional de Física y Química, inaugurado el 6 de febrero de 1932.

En 1934 se convirtió en rector de la Universidad Internacional de Verano en Santander y en presidente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. A finales de ese año también fue elegido miembro de la Academia Española [de La Lengua], cargo del que tomaría posesión en enero de 1936. En suma, a las puertas del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, era la figura de referencia de la Ciencia española.

En octubre de 1936 decidió autoexiliarse a Francia, con la excusa de una reunión en París de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas. Durante toda la contienda mantuvo una imposible equidistancia, “totalmente alejado de nuestras luchas civiles, primero porque es el principio director de mi vida, y segundo, porque temía crear dificultades a personas muy allegadas de mi familia que intervenían en las dos Españas”. Su hijo mayor, Blas, era el secretario particular de Juan Negrín, mientras que el segundo, Luis, combatía en el ejército de Franco.

Blas Cabrera durante la Conferencia Solvay. Author provided

Caída en desgracia

Como era de esperar, ambos bandos le pasaron factura. El gobierno republicano comenzó la depuración de Cabrera en la primavera de 1937, le retiró el sueldo de catedrático y lo expulsó del Colegio de España.

Unos meses más tarde, el 2 de diciembre de 1937, se firmó la orden por la que, “faltando a sus deberes más elementales y desoyendo el llamamiento del Gobierno” se expulsaba de sus cátedras, por “abandono de destino”, al conjunto de la Tercera España. Una larga lista de nombres que incluye a Blas Cabrera, José Ortega y Gasset, Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz, Luis de Zulueta.

Algo más de un año después, el 4 de febrero de 1939, el bando nacional resolvió también “separar definitivamente del servicio y dar de baja en sus respectivos escalafones” a Blas Cabrera, Juan Negrín, José Giral, Fernando de los Ríos y Julián Besteiro, por su “pública y notoria desafección al nuevo régimen”, por “sus actuaciones en las zonas que sufren la dominación marxista” y por su “pertinaz política antiespañola en los tiempos precedentes al Glorioso Movimiento Nacional”.

Cabrera, equiparado en su “conducta perniciosa para el país” con las personalidades más significadas de la República, sufrió su segunda depuración.

En abril de 1939, solicitó desde París al Gobierno de Franco la revisión de su expediente. Se mostraba “dispuesto a prestar el juramento exigido” para reincorporarse a las Academias de Ciencias y Española [de La Lengua] en enero de 1940. En septiembre de 1941 manifestaba al “Gobierno, a quien acato consecuente con mis principios” su “vivo deseo de continuar mi obra en España”. El franquismo, sin embargo, no admitiría la vuelta de un anciano Cabrera ya enfermo de párkinson.

En noviembre de ese año, la República del exilio sí lo acogería en su seno en México, hasta su fallecimiento el 1 de agosto de 1945. Más de 70 años después, España devolverá a Cabrera y a otros académicos las medallas retiradas por el franquismo. Que la memoria de nuestro físico más internacional sirva para que los españoles no repitamos los errores que contempla nuestra historia.