El debate del aborto legal en Argentina da paso a otras discusiones sobre la desigualdad de género

Unas 200 mil mujeres argentinas marcharon el 8 de marzo para el Día Internacional de la Mujer, muchas reclamando la legalización del aborto. AP Photo/Tomas F. Cuesta

El debate del aborto legal en Argentina da paso a otras discusiones sobre la desigualdad de género

Como profesora argentina especialista en género y política, normalmente las noticias sobre las que me toca escribir son bastante deprimentes.

Para ser clara y por citar uno de numerosos ejemplos: actualmente en Argentina sólo hay dos mujeres al frente de un abanico de 20 ministerios posibles. Y en 2017, las mujeres argentinas ganaron casi 25% menos por el mismo trabajo.

Sin embargo, en los últimos meses, algo inesperado ha sucedido.

Bajo el gobierno de centro derecha del Presidente Mauricio Macri, el Congreso ha dado impulso a una inédita apertura del debate de una nueva ley que permitiría la interrupción voluntaria del embarazo durante las primeras 14 semanas de gestación. Asimismo, el aborto se realizaría en el sistema público de salud y de manera gratuita, dado que se considerará una práctica médica básica.

La Cámara de Diputados ha aprobado la propuesta de ley. El 8 de agosto el Senado tiene que hacer el voto definitivo.

Desde 1921 este procedimiento médico ha sido autorizado en Argentina, un país históricamente católico, sólo en casos en los que corra peligro la vida de la mujer o su salud física, o cuando el embarazo es producto de una violación.

Junto con el debate sobre el aborto se ha señalado asimismo la discusión de cuestiones como la inequidad salarial y las licencias parentales. Y a finales de 2017, el Congreso Nacional sancionó inesperadamente la paridad en las listas legislativas. Eso significa que a partir de 2019, el 50 por ciento de las candidaturas para competir en procesos electorales en Argentina deberán ser para mujeres.

¿Están las mujeres argentinas por lograr un enorme avance hacia la igualdad?

Argentina, ni primera ni última

Comparado con el resto del mundo, el sexismo de Argentina es mediano. El país se encuentra posicionado en el puesto 34 de 144 naciones en el ranking del World Economic Forum en igualdad de género – mejor que los Estados Unidos (puesto 45) y Canadá (puesto 35).

Las presidentas. Wikimedia/The Conversation

Argentina ha tenido dos presidentas mujeres. María Estela Martínez de Perón sucedió a su esposo, el icónico líder Juan Domingo Perón, en 1974. Cristina Fernández de Kirchner cumplió dos mandatos entre 2007 y 2015.

Pero que una mujer ocupe el cargo más alto cargo del gobierno no garantiza avances en materia de género en un país: bajo el mandato de Fernández de Kirchner, Argentina no experimentó ningún esfuerzo político para mejorar la salud sexual o reproductiva de mujeres, por ejemplo.

Las mujeres argentinas enfrentamos serios problemas de desigualdad. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Argentina, o INDEC, en 2017 la brecha salarial fue de 23,5%, lo que equivale a decir que las mujeres argentinas, en comparación con los hombres, trabajamos gratis 86 días al año. La brecha aumenta a 35% en el mercado informal.

Asimismo, cifras del INDEC indican que en Argentina los hombres que participan en el trabajo doméstico y en las tareas de cuidado no remunerado le dedican 24 horas por semana, las mujeres 45 – casi 100 días cada año.

Desigualdad universal

Las argentinas no estamos solas. Las mujeres en Australia, Estados Unidos, Noruega, y en casi todos los países del mundo, dedican más tiempo a labores domésticas.

Décadas de evidencia demuestran que la sobrecarga de tareas domésticas y de cuidado tiene consecuencias negativas para mujeres. Les resta oportunidades laborales y afecta directamente sus ingresos económicos cuando tiene que trabajar menos para cuidar a familiares. En comparación con los varones, les lentifica a las mujeres los ascensos y promociones profesionales.

La anomalía es bien pronunciada en campos laborales que tienen una jerarquía fuerte y requisitos rígidos para la promoción, como en la academia. La Universidad de Oxford nombró su primera rectora en 2015, después de nada menos que 800 años de existencia.

Las mujeres constituyen la mayoría del personal docente de las 55 universidades nacionales argentinas, pero el 89 por ciento de los rectores son hombres.

Avances actuales

Unas 200 cien mil mujeres marcharon a favor de la legalización del aborto el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, reconociendo que esto significaría un gran paso adelante para las mujeres. En Argentina las mujeres corren varias formas de peligro a causa de la ilegalidad del aborto, al igual que en la mayoría de los países en América Latina.

Bajo la ley actual, el aborto se tipifica como un delito. Tanto la mujer como el médico que lo practica pueden ser sancionados penalmente, hasta con 15 años de cárcel. En 2014, una mujer de 27 años fue sentenciada a ocho años por “homicidio agravado por el vínculo” por haberse inducido un aborto.

Argentina tiene también un alto índice de mortalidad materna a causa de los aproximadamente 500 mil abortos clandestinos que se practican por año. Estos son peligrosos porque el gobierno no los regula.

El acceso al servicios reproductivos es también una cuestión de justicia económica. Actualmente en Argentina, cada 10 minutos una adolescente se convierte en mamá. En la mayoría de los casos son, además, mujeres adolescentes pobres que no contarán con recursos económicos ni asistencia para criar a su hijo.

Esto las relega tanto a ellas como a los niños a un ciclo vicioso intergeneracional de cada vez mayor pobreza.

Elecciones 2019

Creo que la nueva agenda de género que está cobrando vigor en Argentina se verá reflejada en la campana electoral para las elecciones generales de octubre 2019, cuando los argentinos elegirán presidente y legisladores para ambas cámaras.

Todos los grandes partidos políticos en Argentina mantienen el predominio masculino en sus órganos de conducción. Esta tendencia sobrevivió la introducción, en 1991, de la ley de “cupo femenino”, que impuso una cuota de participación mínima estableciendo que por lo menos el 30% de los candidatos en las listas para las dos cámaras del Congreso debían ser mujeres.

La ley fue exitosa en aumentar la presencia de mujeres en Congreso pero no cambió de forma importante el liderazgo de los partidos.

Los partidos politicos argentinos son dominados por hombres. Marcos Brindicci/Reuters

Ahora los partidos políticos deberán integrar la misma cantidad de hombres y mujeres en sus listas de candidatos a diputados y senadores para 2019. Mi análisis es que los hombres de los partidos ya deberán comenzar a negociar con las mujeres y a compartir las decisiones con ellas desde una posición más igual.

Es decir, por primera vez en la historia, los políticos argentinos van a requerir la presencia de mujeres para estar autorizados a competir en la elección.

Por otra parte, la nueva agenda de género ocupará inevitablemente un espacio en las agendas electorales – cosa que, hasta el momento, nunca ha pasado en la vida democrática de Argentina. Se hablará de problemas sociales cruciales hasta ahora relegados, como la inequidad salarial y el sexismo en ambientes laborales, y obligará a candidatos y partidos a elaborar y explicar a la ciudadanía sus propuestas para resolverlos.

Seguramente se generarán enfrentamientos controvertidos y apasionados pero, por eso mismo, esperanzadores. Porque cuando un tema ingresa al debate político, envía también un poderoso mensaje a la sociedad: que el asunto merece ser discutido porque es importante y hay que solucionarlo.