Sus piezas musicales son ‘cine para los oídos’. Oldskool Photography / Unsplash

‘Las cuatro estaciones’ de Vivaldi siguen de actualidad

En la música, como en la vida cotidiana, encontramos situaciones sonoras en las que se dan relaciones inestables entre los elementos de un conjunto. De la aparente inestabilidad, los grandes compositores han sabido crear algo superior. En esta capacidad del sonido de conectar lo cotidiano con una cierta forma de belleza intangible reside una de las claves de la emoción musical.

En Las cuatro estaciones (1725) de Antonio Vivaldi (1678-1741) se puede escuchar cómo se representa el paso del tiempo a través de los paisajes sonoros y de una visión programática de la música. Estas piezas no son meramente una idea de la naturaleza, una sucesión de referentes lejanos, sino que sugieren que su compositor pasó largas horas escuchando y observando el paisaje para plasmarlo en la partitura.

Las cuatro estaciones de Vivaldi.

En la música de Vivaldi, y no sólo en las celebres Cuatro estaciones, la mezcla sonora genera una unidad superior y magnífica.

Conociendo a Vivaldi

La personalidad y la obra de Antonio Vivaldi, como las de los grandes genios, están en continua revisión.

Retrato de Antonio Vivaldi. François Morellon la Cave / Wikimedia Commons

Al ahondar en el sentido de su música, desligándola del marco temporal en el que se produce, el barroco veneciano, se reconstruye el rastro de una sensibilidad sonora y musical que tardó en reconocerse. También se asume, no como mero eco del pasado, sino como forma de analizar las preocupaciones y sensibilidades de nuestro tiempo.

Su época entra en comunicación con la actual porque, aunque nos separan tantos años, nos une su manera poderosa de compartir la emoción musical. A pesar de vivir en una metrópolis y tener poca relación con la naturaleza, Vivaldi puede escucharse hoy igual que en el siglo XVIII.

El compositor ha contribuido al desarrollo de un lenguaje musical preciso, amplio y completo, siendo un ejemplo magnífico de cómo la música ha sabido recoger y plasmar a través de los aspectos cromáticos, tímbricos o dinámicos, las vivencias sonoras y sensoriales de una época.

Sus obras documentan y transmiten ambientes igual que si los estuviésemos escuchando y viendo. Esto permite crear una fuerte comunión con el oyente, que es arrastrado y devuelto, casi sin saberlo, a sus propias experiencias, recuerdos y emociones sensoriales.

Le escuchamos como si estuviésemos reviviendo las propias estaciones, aquellas que se encuentran en nuestra memoria.

Llega la verdadera primavera

En la partitura de Las cuatro estaciones aparecen multitud de reflejos de la realidad. En el Allegro del Verano, las semicorcheas del violín pretenden ser el canto de los pájaros. Al final del movimiento se describe el aumento de la fuerza del viento también representado con semicorcheas en las cuerdas. El tercer movimiento de El Verano recuerda a una tormenta, mientras que el primero de La Primavera describe una lluvia repentina.

Además de los mencionados, son numerosos los efectos y recursos sonoros del compositor veneciano que abren la puerta a formas de instrumentación expandida. Es el caso del uso de los violines in tromba marina que aparece en su Concierto RV.558, al crear un sonido áspero colocando un papel cerca del puente.

Concerto RV.558, de Antonio Vivaldi.

Fenómenos ligados a la transmisión e interacción con el lugar de interpretación están en la base de la creación de numerosas piezas, en otro ejemplo de visión adelantada a su época. Algunos espacios favorecían, con su particular disposición arquitectónica, determinados experimentos instrumentales; por ejemplo, la colocación de coros o grupos de instrumentos simultáneos separados en diferentes posiciones.

Algunas obras del periodo barroco permiten intuir una auténtica complicidad entre el compositor y el espacio, en las que se trabaja con la acústica y la reverberación del mismo. Vivaldi juega con efectos de este tipo, como el eco, en varias de sus obras (Concierto para 2 violines cuerda y continuo en La mayor, Concierto para Violín “Per eco in lontano” cuerda y continuo R.552)

Concierto para dos violines en La Mayor RV 552 “Per eco in lontano”

Interacción con el entorno

Los expertos en acústica estudian los efectos sonoros que se producen en la realidad y algunos de estos han sido utilizados por los compositores, como por ejemplo el “bordón”. Este se caracteriza por la presencia en un conjunto sonoro de un estrato constante de altura estable y sin variaciones de intensidad. El término está ligado a la música como sonido permanente grave sobre el que reposan algunas composiciones (nota pedal) y se configura por la repetición de una o varias notas graves en bucle. En el final del Invierno de Las cuatro estaciones encontramos un ejemplo de esto.

“Largo”, del Inviero, de Antonio Vivaldi.

La música de Vivaldi está basada en, y en constante relación con, la naturaleza y la imitación de ésta.

La magia sensorial de Vivaldi

El desarrollo de la forma concierto a partir de los “concerti grossi”, a los que Vivaldi brillantemente contribuye culminando aportaciones de compositores anteriores como Corelli, permite crear nuevos contrastes sonoros, expandiendo la música con movimientos más extensos e independientes, abriendo paso a nuevos recursos tonales, armónicos, instrumentales, tímbricos, rítmicos, espaciales.

La retórica musical busca encontrar el sentimiento en la melodía, ayuda a comprender las emociones de la pieza. Son innumerables los ejemplos de retórica musical en la historia y, en este aspecto, no deja de sorprender el desarrollo instrumental y la imaginación tímbrica de Vivaldi. Como en el caso de Claudio Monteverdi, Vivaldi demuestra que los instrumentos cumplen un papel significativo desde el punto de vista dramático, conectando con las convenciones del pasado y anticipando la orquesta del futuro.

Vivaldi dominaría numerosos recursos, generando con precisión el juego de los contrastes, el color orquestal, las tensiones entre solistas y orquesta, la percepción espacial o la claridad formal. Las múltiples técnicas de uso del arco están al servicio de una auténtica elocuencia musical llena de imágenes.

La música de Vivaldi viene acompañada de anotaciones que hacen referencia al realismo de las escenas. Así, en La primavera, sobre las notas de un bajo “obstinato” está escrito “il cane che grida” (el perro que ladra), y se añade: “debe sonar siempre muy fuerte”. La música exalta una escena real y nos hace ver la naturaleza, algo que no es exclusivo de las teorías recientes sobre paisajes sonoros.

En la historia de la música encontramos múltiples formas de imitación de la naturaleza. En Vivaldi, esto se ensalza gracias a que se potencia un concepto sensorial, audiovisual, enormemente actual. Es una experiencia precursora, una propuesta visionaria de un “cine para los oídos”, en la que, de la propia música surgen las imágenes.