Los ‘juegos’ políticos con el agua del que son víctimas los mexicanos

Las inundaciones ocurren con bastante frecuencia en Nezahualcoyotl, una ciudad mexicana cerca de la capital. AP Photos/Eduardo Verdugo

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Cuando Ciudad del Cabo reconoció en febrero que se quedaría sin agua en unos meses, Sudáfrica se convirtió repentinamente en un ejemplo de modelo global de la mala gestión de este recurso. Los periódicos revelaron que el gobierno federal había sido lento en responder a la sequía de tres años de la ciudad porque el alcalde pertenece a un partido de la oposición.

Ciudad del Cabo no es la única. Mientras que tanto los países ricos como los pobres se están secando, se tiene proyectado que las ciudades de rápido crecimiento de los países en desarrollo sufrirán la escasez más aguda en los próximos años.

La escasez convierte el agua en una poderosa moneda de negociación política. Desde Delhi a Nairobi, su supervisión está plagada de desigualdad, corrupción y conflicto.

México también ha visto su agua correr presa del amiguismo en demasiadas ciudades. Entrevisté a 180 ingenieros, políticos, líderes empresariales y residentes en ocho ciudades mexicanas para mi libro sobre política y agua. Me sorprendió descubrir que los funcionarios mexicanos con frecuencia tratan la distribución y el tratamiento del agua no como servicios públicos, sino como favores políticos.

Cuando las tormentas son la causa del pánico

En Nezahualcóyotl, Estado de México, justo después del almuerzo en un viernes por la tarde en 2008, Pablo, un ingeniero, me daba un recorrido por la zona cuando la noticia de una tormenta inesperada comenzó a iluminar los teléfonos celulares y localizadores electrónicos de su equipo.

Los ingenieros gritaban de un lado a otro, parecían cada vez más frenéticos. Recién comenzada la investigación de mi libro, todavía no entendía por qué un evento cotidiano como una tormenta generaba tal pánico.

Pablo me explicó que la envejecida red eléctrica de Nezahualcóyotl a menudo fallaba durante las grandes tormentas y que la ciudad carecía de generadores de respaldo. Si un corte de energía apagaba la planta de tratamiento de saneamiento local, las aguas residuales sin tratar inundarían las calles.

Estas “aguas negras” tienen horribles bacterias, virus y organismos parásitos y pueden causar cólera, disentería, hepatitis y gastroenteritis grave. Si las aguas residuales sin procesar también contienen aguas residuales industriales, que es común en países de rápida industrialización como México, también pueden exponer a los residentes a productos químicos y metales pesados que pueden generar de todo, desde el envenenamiento por plomo hasta cáncer.

Pablo y sus colegas evitaron la inundación ese día. Pero luego leí artículos que confirman cómo los desbordamientos de aguas residuales son relativamente comunes en esta zona. Los residentes de Nezahualcóyotl han estado lidiando con esta falla multisistémica durante 30 años, quejándose de enfermedades gastrointestinales y lesiones cutáneas todo el tiempo.

Entonces, ¿por qué no se ha solucionado esta emergencia de salud pública? La respuesta es una introducción a la difícil política de reparto de agua urbana en México.

En algunas ciudades mexicanas, lluvias fuertes causan desbordamientos de aguas residuales, que llevan bacterias, virus y parásitos. AP Photo/Prometeo Lucero

Ganancias a partir de las disfunciones

El mal manejo de los recursos públicos en México es generalizado. Casi el 90% de los ciudadanos considera que el gobierno estatal y federal es corrupto, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México.

La situación del agua en el país también es bastante grave. Ciudad de México está “seca y hundida”, de acuerdo con un poderoso reportaje del New York Times en 2017, y el 81% de los residentes dicen que no beben de la llave, ya sea porque carecen de agua corriente o porque no confían en su calidad.

Oficialmente, casi todos los mexicanos tienen acceso a agua corriente. Pero en la práctica, muchas personas, especialmente las más pobres, poseen un servicio intermitente y una presión muy baja.

Los trabajadores de una ciudad me pidieron que mantuviera su identidad en el anonimato antes de explicarme por qué la infraestructura de agua allí era tan decrépita. No fue una falta de tecnología, dijeron. El equipo del alcalde en realidad se beneficia al negarse a actualizar el equipo perpetuamente difunto de la ciudad. Esto se debe a que cada vez que un generador o una válvula se rompen, este es enviado a las equipadas tiendas de sus amigos.

De forma similar, numerosos ingenieros de todo México expresaron su frustración por el hecho de que a veces se les prohibía realizar reparaciones técnicas para mejorar el servicio local de agua debido a los “compromisos políticos” de un alcalde.

En Nezahualcóyotl conocí a un director de aguas que se jactaba abiertamente de usar el servicio público de este servicio para su beneficio político y personal. En el mismo sentido, me dijo que luchó por mantener a un bajo costo el cobro del agua en esta ciudad mayoritariamente pobre porque este líquido era un “derecho humano”, pero también que una vez había desconectado suministros a todo un vecindario durante semanas debido a una disputa con otro empleado de la ciudad.

Sin credencial de elector no hay agua

Mis fuentes también afirmaron que el poderoso Partido Revolucionario Institucional (PRI), que desde hace mucho tiempo administra el Estado de México y que, por lo tanto, controló su suministro de agua, ha cerrado este en ciudades cuyos alcaldes pertenecían a partidos de oposición. Difícil de comprobar, pero de acuerdo con mi investigación los recortes a veces han ocurrido justo antes de las elecciones municipales, una apuesta para hacer que la competencia política del PRI se vea mal.

Aunque la corrupción en este tema no se limita al Estado de México ni al PRI, orientado hacia la centroderecha.

Los millones de mexicanos que carecen de acceso confiable al agua entubada son atendidos por camiones de agua municipales, las famosas pipas, que van recorriendo las cisternas de los edificios. Este sistema parece propenso a la explotación política.

Los hogares mexicanos sin acceso confiable al agua entubada son atendidas por ‘pipas,’ camiones de agua municipales. AP Photo/Dario Lopez-Mills

Los entrevistados me dijeron que los trabajadores de la ciudad a veces hacen que las personas muestren sus credenciales de elector, demostrando su afiliación al partido gobernante, antes de recibir el agua. En todo el país, los candidatos a la alcaldía andan tras los votos prometiendo dar a los residentes servicios de agua gratuitos o subsidiados, en lugar de cobrar en función del consumo.

El fenómeno del comercio del agua como un favor político es probablemente más común en las comunidades de bajos ingresos, que dependen casi exclusivamente de las pipas.

El agua es un secreto de estado

En Xalapa, la capital del estado de Veracruz, vi cómo el agua puede representar un tipo diferente de poder político.

Allí descubrí que la ubicación de las tuberías subterráneas y otras infraestructuras fundamentales de agua estaba resguardada como un secreto de estado, conocida solo por un puñado de trabajadores públicos. Esto los convirtió en indispensables.

De forma tal que cuando los consumidores se quejaban de que algunos empleados municipales pedían sobornos para proporcionar agua, la administración dudó en despedirlos. Los trabajadores controlaban información valiosa sobre el sistema de agua de la ciudad.

Puede que el agua sea un derecho humano. Pero cuando los políticos la manipulan para su beneficio personal o político, algunas ciudades se inundan, mientras que otras se secan.

This article was originally published in English

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