Retrato de Ada Bruhn en el Tøjhusmuseet. Archivo CCHS-CSIC

Ada Bruhn y su tributo a la arqueología y al estudio de las armas antiguas

“¿Por qué me volví finalmente lo que soy? Muchas veces me han hecho la misma pregunta y mis respuestas nunca han conseguido satisfacer a nadie (…). Porque no pude dejar de hacerlo, una fuerza interior me impulsaba en esa dirección, sin preguntarme si podría vivir de ello, solamente sabía que ese era el camino que tenía que andar (…)”.

Estas palabras son las que Ada Bruhn utilizó para contar su historia en Saadan blev jeg det: 40 danske mænd og kvinder fortæller, obra publicada en 1953 que reunía las biografías de cuarenta personalidades danesas, y dan testimonio de su firme carácter y su valentía en una época y en un mundo (el de la investigación) con tantas limitaciones para las mujeres.

Una niña que quería ser arqueóloga

Adelheid Maria Bruhn nació en Roskilde (Dinamarca) en 1910. Niña singular entre sus compañeros de infancia por su interés por la historia y la arqueología, su padre siempre animó su curiosidad y la impulsó a seguir estudiando, a diferencia de la mayoría de las mujeres de su época, más preocupadas por atender a sus familias y los asuntos domésticos. Durante su vida escolar y juventud tuvo que hacer frente al rechazo y la incomprensión de su entorno por perseguir su sueño.

Ada Bruhn comenzó los estudios de arqueología en la Universidad de Copenhague en 1929 y los finalizó en 1936 con la lectura de una tesina sobre cerámica griega, Oltos and early red-figure vase painting. Su futuro profesional como arqueóloga era complicado en un país tan pequeño. En 1939 tuvo un golpe de suerte cuando el Tøjhusmuseet (Museo de la Armería Real de Copenhague) decidió contratarla como asistente, lo que supuso para ella el salto al estudio de las armas antiguas. Su jefe, el capitán Johan Stockel, confió plenamente en su capacidad sin mostrar prejuicios por el hecho de ser una mujer en un entorno propio de hombres.

Recortes de prensa sobre Ada Bruhn. Archivo CCHS-CSIC

Bruhn tuvo que esforzarse y aprender sobre la historia de las armas y, sorprendentemente, descubrió interesantes aspectos como la técnica, la artesanía o la moda, que iban más allá del sentido bélico. Tres años después de entrar en el museo, fue nombrada Conservadora Jefe del Departamento de Armas Blancas y Armaduras.

Se casó en 1951 con Erling Ferdinand Hoffmeyer, filólogo, bibliotecario e hispanista, pese a las reticencias de su jefe, que la animaba a priorizar el trabajo en el museo frente a su vida personal. Ada no cedió a las presiones y continuó trabajando sin renunciar a sus ideales. Fue una mujer muy reconocida en Dinamarca por su faceta profesional y por su apoyo a la igualdad de género desde diversas asociaciones feministas, hecho que queda plasmado en sus apariciones en la prensa danesa de la época.

El Instituto de Estudios sobre Armas Antiguas

Por diferencias con sus compañeros del museo y problemas de salud, dejó su puesto como conservadora del Tøjhusmuseet y en 1960 inició una nueva etapa junto a su marido, fundando el Instituto de Estudios sobre Armas Antiguas (IEAA) y la revista Gladius, su vehículo de comunicación.

El proyecto tenía como finalidad fomentar el estudio y la investigación sobre arqueología, etnología e historia de las armas antiguas en las civilizaciones orientales y occidentales. Ada asumió la dirección científica del instituto y la revista, junto con su labor investigadora, mientras que Erling se responsabilizó de la biblioteca, la fototeca y la gestión del centro.

La primera sede del instituto se estableció en Kalundborg pero, poco después, el interés de los Hoffmeyer por la cultura española, unido al deseo de vivir en un lugar de clima más favorable para su salud, les animó a trasladarse a España, donde se instalaron en 1962. Durante los primeros años intentaron conseguir el apoyo de las autoridades españolas para vincular el centro con alguna institución científica. Finalmente en 1964, se convirtió en un instituto asociado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Ada y Erling trabajando en el Instituto de Estudios sobre Armas Antiguas. Archivo CCHS-CSIC

El instituto se instaló en la localidad cacereña de Jaraíz de la Vera, donde los Hoffmeyer vivieron y desarrollaron su profesión, convirtiéndose en un referente para los estudiosos de la especialidad. Desgraciadamente Erling falleció en 1975 y Ada tuvo que asumir en solitario la gestión del instituto y la revista. Fueron años de duro trabajo en los que, sin embargo, logró mantener la actividad del centro hasta su fallecimiento en 1991.

La importancia de su legado

Es imposible hablar del legado de los Hoffmeyer sin hacer alusión al carácter de Ada. Con su constancia y talento consiguió que el instituto superara todas las dificultades que tuvo que afrontar en los últimos años: problemas económicos, soledad en la gestión del centro o la desfavorable ubicación en una localidad pequeña como Jaraíz de la Vera.

Su deseo era que el patrimonio científico y documental que con tanto esfuerzo habían logrado no se perdiera y fuera útil a la comunidad científica, por lo que nombró al CSIC heredero universal.

El Legado Hoffmeyer, custodiado por la biblioteca Tomas Navarro Tomás del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, es de gran valor para el estudio de las armas antiguas. Reúne la biblioteca, la fototeca y el archivo de los Hoffmeyer, resultado de toda una vida dedicada a la investigación.

Las publicaciones de Bruhn no fueron muy numerosas, probablemente porque era muy exigente y perfeccionista. Se conservan diferentes borradores de sus trabajos, corregidos y mejorados hasta llegar a su versión definitiva, lo que prueba su rigurosidad como investigadora. Estos valores los trasladó a la dirección de Gladius que, a día de hoy, es una de las publicaciones científicas españolas de más impacto y visibilidad en su área. Está especializada en el estudio de las armas antiguas y la historia de la guerra en Europa, el mundo colonial americano y el Islam.

Es necesario subrayar que esta contribución y este impacto se los debemos al trabajo y al empeño de una investigadora, “mujer y arqueóloga”, Ada Bruhn de Hoffmeyer, que, como ella dijo, decidió andar el camino que tenía que andar.