Club de lectura, un placer privado convertido en acción social

Los clubs de lectura son un modo de acción social cada vez más extendido y consolidado. Nada más hay que ver las noticias, los tuits y los resultados que arrojan los buscadores web sobre este tema.

Apenas 40 años de historia

Su nacimiento en España se remonta a los años 80 del siglo XX, momento en el que las bibliotecas públicas comenzaban un nuevo desarrollo y actividad orientada a atraer al público general.

Una de las pioneras en el desarrollo de esta actividad dentro de la Biblioteca de Guadalajara, Blanca Calvo, así lo cuenta (Clubes de lecturas, 2003):

“Hace veinte años se formó el primer club de lectura de Guadalajara. Nació más o menos al mismo tiempo que los de las Bibliotecas Populares de Madrid (…) Los profesionales buscábamos fórmulas para atraer a la gente. Nos reuníamos e intercambiábamos ideas, y de esas conversaciones nacían cosas tan interesantes como los clubes de lectura”.

¿Qué es un club de lectura?

De manera sencilla, un club de lectura es una agrupación pactada de personas, organizadas para leer y comentar la lectura de un libro. Sin embargo, dentro de esta apariencia sencilla, hay una actividad social más compleja. Este modo de convertir el placer por la lectura, generalmente un placer privado, en una forma de vida social, lo convierte en una acción cultural que actúa en todos los colectivos sociales (niños, mujeres, jubilados, jóvenes, adultos, estudiantes, etc.).

En la cultura del club de lectura cada lector obtiene del grupo social la integración, el fomento del hábito de la lectura y el aprendizaje por el debate. Vivir dentro de esta cultura es tener un espacio social para el desarrollo de la reflexión y el diálogo, pero también para el desarrollo de las relaciones interpersonales. De ahí que, verdaderamente, se pueda señalar que se trata de algo más que una lectura en común.

Reglas de funcionamiento

Aunque la agrupación es pactada y voluntaria, para su fácil y eficiente desarrollo, se necesita contar con una serie de reglas que determinan tanto el funcionamiento del club de lectura como las relaciones entre los participantes.

Con esas reglas el grupo de lectores da forma y determina las pautas de funcionamiento: decide la frecuencia de las reuniones, el tiempo de las sesiones, el espacio de reunión (convenientemente con libros: biblioteca, librería, casino, aula, centro de reuniones, etc.), la disposición del grupo de lectores (habitualmente en círculo), la planificación de las sesiones para generar la intervención de todos los participantes, la coordinación de las sesiones por una persona que actúa de moderador, la organización de actividades complementarias (culturales y/o lúdicas), etc.

Amistad, respeto y roles

En la cultura del club de lectura también queda definida la forma en que las personas se relacionan dentro del grupo. En este caso, se exige de manera muy especial una relación de respeto a la opinión ajena y abierta y tolerante a la construcción colectiva de conocimiento. Esto a su vez fortalece las relaciones de amistad y conocimiento social entre los lectores. En general, llegan a conocerse por sus nombres, saben de sus profesiones, sus aficiones, los datos sobre su familia y vida, entre otros aspectos.

Se crea una relación de inclusión o pertenencia al grupo, e, incluso, de empatía, por la influencia socializadora de la lectura. Así lo han demostrado los psicólogos David Comer Kidd y Emanuele Castano en un trabajo publicado en la revista Science.

Por su parte, el propio desarrollo de la acción social exige la asunción de distintos roles (coordinador y lectores participantes). Esto dota a la acción social de un carácter estructural que, sin duda, define otro tipo de interacción entre los participantes: relación de control, de liderazgo y de cooperación.

Su uso en el espacio escolar

Esta cultura implantada dentro de la vida social (con reminiscencias a las tertulias literarias de las sociedades literarias del siglo XVIII) nace como un modo de entretenimiento, de interés por crear una red de carácter cultural para formar comunidades de lectores y con el ánimo de desarrollar el fomento del hábito de la lectura.

Sin embargo, actualmente está encontrando un espacio nuevo de acción social: el ámbito educativo. Y es que, en los últimos años, esta cultura se ha llevado al espacio escolar: son las llamadas tertulias literarias dialógicas, entendidas como comunidades de aprendizaje, en donde la lectura se propone como una actividad educativa que extiende los tiempos y los espacios más allá del aula.

Estas tertulias se proponen como estrategias para la inclusión y la cohesión social entre los miembros de la comunidad educativa, tal y como se describe en el proyecto en Ciencias Sociales de Europa: Proyecto integrado INCLUD-ED dentro del VI Programa Marco de la Comisión Europea (convocatoria 2005).

Reflejo en el cine

No hay duda de que la cultura de los clubs de lectura ha venido para quedarse, ya que da muestras de que sirve adecuadamente al bienestar social, favorece la participación, la interacción y la integración social de los lectores (entre familias, estudiantes y docentes, en el ámbito educativo; entre bibliotecarios, lectores, libreros, en la vida social) y es una manera de ayudar a las personas a formar parte de un grupo social.

Tanto es así que los clubs de lectura sirven de espejo a películas como la comedia Book Club (EE.UU. 2018), dirigida por Bill Holderman. Con Diane Keaton, Jane Fonda y Candice Bergen en el reparto, la decisión de formar un club de lectura irrumpe en la vida de estos personajes para provocar un cambio radical en sus vidas e incitar una llamada a la acción.

Want to write?

Write an article and join a growing community of more than 105,400 academics and researchers from 3,359 institutions.

Register now