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Actuación de Mon Laferte en Chicago en octubre de 2021. FB

¿Cómo socializamos con la música?

“Muero de ganas por la experiencia de subirme a cantar embarazada”, dijo la cantante chilena nominada a los Premios Grammy 2022, Mon Laferte. Con esa declaración, la artista refiere un hecho crucial: la actividad musical no trata solo del vínculo que hay entre cantante y público, sino que trasciende a los distintos ámbitos de la vida.

La artista busca sacar provecho de la actividad musical para fortalecer las relaciones de apego con su bebé, puesto que juntas vivirán íntimas experiencias musicales, aun cuando estén frente a una multitud. Además, la acción es también una reivindicación de la maternidad conscientemente buscada (la cantante publicó en las redes sociales que se había sometido a un tratamiento hormonal) y, por lo tanto, un mensaje personal e íntimo dirigido a las mujeres que ansían ser madres.

Este contexto, masivo e íntimo a la vez, revela que la música es un elemento clave en nuestra forma de socializar, ya que nos permite conectar con otras personas, rememorar vivencias con seres queridos, expresar ideas que van más allá de las palabras, identificar el panorama social de otras épocas y un largo etcétera. Todo esto da cuenta de que la música es una actividad social que cobra sentido dentro de un ritual.

¿Vamos a musicar dentro de un ritual?

Christopher Small propone el concepto “musicar”: “acción musical que sirve para la socialización”. Musicar tiene una connotación comunitaria, es un ritual que celebra las relaciones sociales.

Por ejemplo, vemos que la gente socializa a través de la música en coros, bandas, orquestas y grupos de baile. Sin embargo, también participamos en el ritual del musicar cuando conversamos sobre música, intercambiamos la playlist con alguien, usamos música de moda para un vídeo en TikTok o incluso cuando activamos algún bot en Discord para acompañar la noche de juegos.

¿Quién tiene la autoridad musical?

Es posible que alguien piense que nuestro afán es trivializar la actividad musical, pero la verdad es que nuestro propósito es lo contrario. Queremos trivializar esa figura autoritaria que menosprecia los gustos y rutinas musicales de la juventud, que atribuye etiquetas negativas a las nuevas tendencias musicales y que determina qué debemos entender por buena o mala música.

Según Andrés Samper, “no hay un acto de musicar más serio que otro”, ya que el musicar puede acontecer tanto en un gran festival como también en actividades domésticas. Lo importante es celebrar nuestras relaciones sociales mediante la música, estableciendo vínculos que nos hagan sentir en el mundo y con el mundo, tal como hace Mon Laferte, quien se propone fortalecer el apego con su bebé mediante la actividad musical y, al mismo tiempo, busca compartir con sus fans la alegría de estar embarazada.

La identidad sociomusical

Estas relaciones sociales con respecto al musicar dan cuenta que podemos construir una identidad sociomusical, ya que heredamos de nuestro entorno rituales musicales, como, por ejemplo, canciones, danzas, instrumentos o juegos.

A veces, esas herencias se quedan estáticas y nos vamos desapegando de ellas. Sin embargo, en otras ocasiones, podemos tomar dichas músicas para crear nuestras propias formas de expresión, como lo hicieran Camarón de la Isla en el flamenco o Astor Piazzolla en el tango de Buenos Aires.

La construcción de la identidad sociomusical depende entonces de las experiencias musicales que nos permite vivir la comunidad, lo que puede resultar muy complejo en algunos casos, puesto que incluso Camarón y Piazzolla recibieron críticas negativas en su propia época.

De ahí que debamos aprender a abrirnos camino, pues el mundo no siempre será flexible para aceptar nuestras ideas musicales. Ya lo sufrieron el rock, el rap y hoy lo sufren distintos géneros musicales. Por ende, siempre habrá resistencia a la forma de expresión de las nuevas generaciones.

Una aproximación holística al aprendizaje

El acto de aprender música se debe pensar desde el musicar, desde la acción musical para la socialización, para que la actividad musical se entienda entonces desde una perspectiva humanista. Esta posición pedagógica permite que la acción musical fomente las relaciones entre la persona y el mundo, unificando las distintas identidades con el afán de configurar un todo comunitario, entendido como identidad sociomusical.

Tal aproximación holística puede aplicarse en cualquier escenario educativo, pues lo primordial para la construcción de la identidad colectiva es la percepción de inclusión de cada estudiante. Esto lo puede conseguir una profesora en el aula, con intención educadora explícita, o una youtuber frente a su audiencia e incluso una artista frente a sus fans, donde la intención formativa raramente se explicita.

Por consiguiente, los contextos de aprendizaje sobre música son dispares, no siempre asociados a las instituciones educativas ni enfocados necesariamente a la adquisición de aprendizajes mediante partituras o a la ejecución instrumental.

La declaración de Mon Laferte demuestra que la aproximación holística resuena en la intimidad personal, pues piensa su vida personal, familiar y artística como un todo y no como dimensiones estancas. De hecho, deja a la vista su propia identidad sociomusical, la que construye día a día a partir de los rituales heredados, las relaciones sociales, los procesos educativos en la música y sus propios deseos y afectos. No siempre estas experiencias han sido positivas, pero no por ello Mon Laferte ha dejado de nutrir su identidad sociomusical. Y usted, ¿cómo socializa con la música?

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