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Pau Casals fotografiado por Ferdinand Schmutzer en 1914. Wikimedia Commons

Corcheas iguales pero diferentes: el secreto de Pau Casals desvelado por el ordenador

Pau Casals fue un activista: reconocida figura del catalanismo, se exilió en Prades (Francia) en su mejor momento profesional. Era una estrella del violonchelo cuando decidió hacer un estricto boicot artístico a los países que reconocían el régimen dictatorial de Franco, lo que lo dejó sin muchas opciones.

Curiosamente, el que fuera protegido de la reina María Cristina y compañero de pupitre de Alfonso XIII, posteriormente sería acérrimo defensor de la legítima II República. Casals, tenaz en su empeño y convicciones, no paró de ayudar a los exiliados y de presionar allí donde era escuchado.

Queda en el imaginario colectivo un nonagenario Casals tocando su Cant dels Ocells o dando el famoso discurso en la ONU en 1971 pidiendo paz. Rodeado siempre de destacadas figuras intelectuales, políticas y musicales de su tiempo, fue tal la importancia del Casals más militante, que su inmenso legado musical ha quedado en un segundo plano.

Reconocido por colegas, discípulos y público, su nombre se escribe con letras de oro en la historia de la música tanto por su contribución al violonchelo, como por su labor musical más allá de su instrumento.

Revisión crítica

A falta de una revisión crítica de su vida y obra, la gran parte de sus biografías (publicadas antes de la muerte de Casals), idealizan su persona ocultando partes controvertidas como los devenires de su matrimonio con Susan Metcalfe, la relación con Frasquita de Capdevila o su vínculo con la también violonchelista Guillermina Suggia. También queda por dilucidar su papel en la Operación Serenidad en Puerto Rico, país natal de su madre.

Estos asuntos han sido revisados críticamente por la profesora de la Universidad de Montana Silvia Lazo, para poder, más allá de su vida personal, descubrir al músico que hay detrás del mito.

Pau Casals en 1915. Wikimedia Commons / Library of Congress

Autodidacta y solidario

El músico Pau Casals, o Pablo, como se le conocía en el extranjero, atesora destacados logros: fue el primer concertista profesional del violonchelo de la historia, un eminente director de orquesta y también compositor, un virtuoso prácticamente autodidacta. Con una clara conciencia social, se preocupó de llevar la música clásica de calidad a los más humildes, creando y financiando su propia orquesta en Barcelona.

Destaca el hito de ser el primero en grabar las Seis Suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach, y el primero también en registrar una obra completa de tal envergadura. Lo que parecía a priori una mala estrategia comercial, resultó un acierto que otros músicos se apresuraron a imitar.

Análisis computacional

Con una personalidad arrolladora que se dejaba oír en su música, Casals sabía perfectamente lo que hacía cuando tocaba el violonchelo, como se ha podido demostrar gracias a los actuales medios de análisis. En concreto, la investigación realizada con medios computacionales sobre su interpretación de la Sarabande de la 5ª Suite, uno de los 36 movimientos que forman el conjunto de las Suites, demuestra su minucioso control del tiempo.

Esta obra, compuesta de 108 notas, tiene la peculiaridad de que 100 de estas notas tienen el valor rítmico de corchea, es decir, duran lo mismo sobre el papel. En otras palabras, la obra tiene poca variedad en cuanto a las duraciones de cada nota se refiere, pero esto es solo aparentemente.

Corcheas infinitesimalmente distintas

Según la partitura, todas estas corcheas deberían durar lo mismo, pero es aquí donde entra en juego el intérprete musical. Viendo los resultados del tiempo usado en el análisis de la Sarabande, la interpretación de Pau Casals se puede explicar a unos niveles que no son perceptibles a tiempo real.

Hoy, los ordenadores permiten analizar lo que pasa inadvertido para el común de los oyentes, pero que genios como Casals hacían deliberadamente. Gracias al programa libre Sonic Visualiser, un proyecto emprendido por la Universidad de Londres y que cuenta con equipos por todo el mundo, hay disponibles plugins que analizan diferentes parámetros del sonido: entre estos, los que permiten medir las duraciones hasta la mínima expresión.

El genio intuitivo de Casals

En el caso de la Sarabande, nos fijamos en cuánto dura cada una de las 108 notas. Es ahí, en el detalle, donde se ve al genio: tomándose la libertad de hacer durar diferente las 108 notas, esta variedad no impide a Casals respetar en todo momento la partitura de Bach.

Es más, parece que lo de saber qué hacer con cada nota no es genuino del intérprete catalán, sino uno de los secretos de los grandes maestros y de las grandes maestras. En otra reciente investigación publicada en 2021, y que parte de la mencionada anteriormente, se compara la interpretación que Pau Casals hizo con la Sarabande registrada por la violonchelista y pedagoga francesa Anne Gastinel.

La interpretación de Casals de 1939 y la de Gastinel de 2007 se llevan 68 años. Si reparamos en la duración de la grabación en el disco, la de la violonchelista francesa dura 2 minutos y 44,977 segundos, mientras que la de Casals, 2 minutos y 47,626 segundos. Por tanto, la diferencia es tan solo de 2,649 segundos.

Es paradójica esta práctica coincidencia en la duración total, ya que Bach, quien con su muerte en 1750 marca el final del barroco, no especificó la velocidad con la que la Sarabande debía ser interpretada y por eso otras versiones tienen duraciones que varían mucho más. Hay que recordar que la costumbre de especificar la velocidad con un metrónomo tardaría todavía unos años, no estandarizándose hasta Beethoven.

Iguales pero muy diferentes

¿Coincidencia? Este escaso margen de duración entre las dos versiones de la Sarabande las hace idóneas para compararlas en busca de convergencias y divergencias. Con esto ya surge la pregunta: ¿hay diferencias entre ambas interpretaciones? Sí las hay: el resultado del análisis computacional muestra las diferentes posibilidades que manejan los dos genios con la misma obra y en el mismo lapso de tiempo. Sin hacer lo mismo, tanto Pau Casals como Anne Gastinel tocan sin duda lo que Bach escribió.

Queda demostrado: Casals y Gastinel sabían perfectamente lo que se hacían en cada segundo y por debajo del mismo. Ahí están las manos del intérprete y de la intérprete. Así, las dos versiones de la Sarabande están llenas de variedad en el mínimo detalle que nos ofrece el microscopio de los datos de las duraciones de cada nota al milisegundo.

En casi el mismo tiempo, dos propuestas diferentes. Por lo tanto, como demuestran ambos maestros, hay margen para la interpretación musical. Un reproductor MIDI haría iguales todas las corcheas y una inteligencia artificial haría tres cuartos de lo mismo, por lo que el factor humano prevalece (al menos de momento). Estas investigaciones corroboran lo que tantas veces repetía Casals:

“Toda la fantasía que quieran… ¡pero con orden!”

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