COVID-19: empresas, directivos y partidos de fútbol

La pandemia de la COVID-19 ha hecho que, como individuos y ciudadanos, nos replanteemos el valor de muchas cosas. Acciones y decisiones cotidianas, que hasta ahora no nos cuestionábamos, adquieren un nuevo valor: reuniones familiares o con amigos, actividades de ocio, viajes, o el simple hecho de ir cada día a nuestro lugar de trabajo. Los altos ejecutivos de una empresa, con su consejero/a delegado/a o, por utilizar un anglicismo libre de género, su CEO (Chief Executive Officer) a la cabeza, no son una excepción.

¿Qué supondría para los accionistas de una empresa la pérdida de su CEO como consecuencia de la COVID-19? Ésta es la pregunta que nos planteamos en un nuevo trabajo de investigación pendiente de publicación.

Existe evidencia de la capacidad que, individualmente, tiene el CEO de una empresa para aportar (o destruir) valor para el accionista. Para cuantificarlo, típicamente se recurre a un evento irreversible y (esto es fundamental) inesperado: la muerte del CEO. Sin llegar a tanto, otros autores han estudiado la repercusión que tienen los días de hospitalización al año del CEO sobre el valor de una muestra de empresas (danesas en particular).

El talento de los ejecutivos es escaso

En general, o como decimos los académicos, en media, la pérdida inesperada de un CEO destruye valor para el accionista. Esta evidencia vendría a reforzar la idea de que los altos ejecutivos no son fácilmente reemplazables. Dicho de otra manera: el talento de los ejecutivos es escaso, sus habilidades son específicas y parte del éxito de una empresa está intrínsecamente ligado a su CEO.

La pandemia que estamos sufriendo ofrece una oportunidad única de contrastar empíricamente estas hipótesis. La probabilidad de contagiarse del virus y, potencialmente, fallecer a causa del mismo afecta simultáneamente a los directivos de todas las empresas por donde la pandemia se ha extendido. Esto nos permite analizar más de 3.500 empresas cotizadas situadas en 167 regiones de 10 países europeos, incluida España.

Evidentemente, todos sabemos que la pandemia ha afectado dramáticamente a las cotizaciones de las empresas de todo el mundo, y en particular de algunos sectores. Las razones son muchas: contracción drástica de la demanda, interrupción en las cadenas de suministro, o problemas de liquidez y endeudamiento (como ya hemos estudiado en otro artículo).

La incidencia de la COVID-19 en las empresas

Sin embargo, lo que nosotros nos preguntamos es, por ejemplo, si la baja incidencia de la COVID-19 en Galicia tiene un impacto negativo menor en la cotización de Inditex en comparación con el efecto que el número relativamente alto de casos en la Comunidad de Madrid podría tener sobre la cotización de, digamos, Repsol. Y encontramos que sí, y de forma significativa.

De media, las empresas de nuestra muestra experimentan un descenso de 6 puntos básicos en su cotización acumulada entre marzo y abril por cada punto porcentual de incremento en el número de casos diagnosticados de COVID-19 durante marzo en la región donde radica la sede corporativa de la empresa.

Esta conclusión se obtiene después de “descontar” el efecto que tienen otras variables como el endeudamiento de la empresa, su tamaño, o el volumen relativo de su caja. Evidentemente, la situación en España no es comparable a la situación en, por ejemplo, Holanda. Para tener resultados homologables, comparamos empresas en diferentes regiones, pero dentro del mismo país.

No solo eso. Conscientes de que el riesgo de muerte por contagio de COVID-19 aumenta considerablemente a partir de los 60 años, encontramos que la pérdida de valor asociada al número de casos regionales del virus es de 12 puntos básicos por cada punto porcentual de incremento en el número de casos regionales para aquellas empresas con CEOs mayores de 60 años. Significativamente, cuando el CEO tiene menos de 60 años, en media, no hay pérdida de valor asociada a un mayor número de casos en la región.

¿Un evento propagador del virus? El fútbol

Finalmente, alguien puede argumentar, y con razón, que esto no es del todo inesperado. Las empresas tienden a concentrarse en las capitales o grandes núcleos urbanos. Y las grandes ciudades han sido también las más castigadas por la pandemia, ya que tienen una mayor densidad de población y albergan grandes aeropuertos y centros de comunicación que actúan como puerta de entrada y difusión del virus. Para ser realmente concluyentes, necesitaríamos un evento propagador del virus que fuera independiente, en sí mismo, de la cotización de las empresas. Y en Europa esto se llama fútbol.

Demostramos que, en media, aquellas regiones donde se disputó un partido de fútbol en estadios con capacidad de al menos 25 000 espectadores durante el pasado marzo tienen un 30% más de casos de COVID-19 durante el mismo mes que regiones donde no hubo ningún partido.

La capacidad predictiva de los partidos de fútbol es superior incluso a la de la densidad de población en la región. Utilizamos estas variables (partidos, densidad y número de habitantes en la región) para predecir conjuntamente el número de casos regionales de COVID-19 en marzo. Las conclusiones sobre el impacto en las cotizaciones se ven incluso reforzadas.

Con esta evidencia, concluimos que, por un lado, los partidos de fútbol celebrados en Europa durante marzo de 2020 han tenido un efecto propagador del virus significativo. Y, segundo, utilizamos esta fuente inesperada (o “exógena”, para los más puristas) de contagios para estudiar la pérdida de valor para la empresa derivada de una eventual baja del CEO por contagio del virus. Nuestros datos sustentan que esta preocupación existe y que el mercado la descuenta.

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