Crecen las posibilidades de paz en el Cuerno de África, pero aún quedan obstáculos

El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed (izq.), y el presidente de Eritrea, Isaias Afwerki, reabriendo la embajada de Eritrea en Addis Abeba. EPA-EFE/Stringer

Han pasado solo cinco meses desde que Abiy Ahmed asumió el cargo de primer ministro etíope; sin embargo, el ritmo de los cambios adoptados en el Cuerno de África ha sido simplemente asombroso. Se han derribado barreras insuperables. Se han atravesado tantos obstáculos que es difícil contarlos.

Primero, Etiopía y Eritrea pusieron fin a años de hostilidades. Además, solo dos meses después de la pionera visita de Abiy a Eritrea, se han celebrado reuniones en Yibuti para intentar eliminar algunos de los principales problemas internacionales que asolan la región.

Tras la misión de Yibuti subyacía el conflicto entre dicho país y Eritrea que estalló en 2008. Durante muchos años, se mantuvo irresoluto, y reinaba una grave tensión en la zona. La problemática entre Yibuti y Eritrea fue también la razón por la que no se levantaron las sanciones de Naciones Unidas contra el segundo país, a pesar de que los observadores de la ONU declararon que Eritrea ya no ayudaba al grupo islamista somalí, Al Shabaab.

Los enfrentamientos armados entre Etiopía y Eritrea, y entre esta y Yibuti, se han desvanecido ahora en el aire. O eso parece.

Sería un error ridiculizar los logros. Eritrea parece sincera al haber abandonado su hostilidad contra sus vecinos del sur y del este, pero también es prudente destacar los obstáculos que quedan en pie.

Eritrea aún se encuentra en plena confrontación con su vecino oriental, Sudán. En enero, el presidente sudanés, Omar al Bashir, cerró la frontera del país con Eritrea y envió a tropas especiales a patrullar la zona. Nunca se divulgaron los motivos oficiales del enfrentamiento, y parece que se ha dejado de lado por el momento, pero quedan otros conflictos.

Abiy es consciente de que todavía hay mucho trabajo por hacer. Recientemente ha comentado:

“Llegado el momento, ambos pueblos, Eritrea y Etiopía, han despertado de su sueño, han dicho basta y han traído de vuelta la paz. La siguiente pregunta no será quién ha contribuido cuánto al acuerdo de paz, sino cómo mantener y sostener la paz, porque hemos de conservarla, así que todos tenemos que trabajar juntos para lograrlo”.

Asimismo, para consolidar las iniciativas de paz, tanto Etiopía como Eritrea deben completar las reformas internas. Abiy ha llevado a Etiopía mucho más allá del plan reformista, mientras que Eritrea todavía tiene un largo camino por recorrer. Se han de afianzar la democracia y la construcción de la paz interna si se quiere mantener el veloz ritmo de cambio en la región.

Lo que todavía queda por hacer

Como bien dice Abiy, todavía queda mucho por hacer para mantener la paz. Se ha de asignar a las personas y a los pueblos de toda la frontera etíope a sus respectivos países, a medida que la nueva frontera entre en vigor. Debe retirarse a los miles de soldados de las trincheras que han habitado desde el final de la guerra fronteriza de 1998 a 2000. Hay que resolver una multitud de acuerdos aduaneros y problemas relativos a la inmigración. Este es el trabajo duro que deben realizar los líderes después de los apretones de mano y las sonrisas.

Además, también deben abordarse reformas internas tanto en Etiopía como en Eritrea si se quiere consolidar la paz y la seguridad.

Etiopía ha logrado progresos considerables en este ámbito. Se ha liberado de la cárcel a periodistas, se han levantado las restricciones de internet y se han relajado las regulaciones de los medios de comunicación. Se ha soltado a los presos políticos, y han vuelto a casa los líderes de la oposición. Han regresado incluso los rebeldes radicales de Eritrea. Berhanu Nega, alcalde electo de Adís Abeba, que huyó al exilio en EE. UU., ha vuelto a casa. En declaraciones a la BBC, describió Etiopía como «un país fundamentalmente cambiado».

Estos desarrollos han transformado la atmósfera de la capital, pero en el resto de Etiopía todavía permanecen graves problemas a los que se enfrenta el Gobierno. Se ha desplazado a más de dos millones personas en enfrentamientos étnicos recientes. El pueblo tigray, que gobernó el país después de apoderarse de la capital en 1991, sufre por su pérdida de influencia.

El recorrido de Eritrea

En Eritrea, solo se han observado movimientos de reforma sumamente débiles. Bloomberg informó que el Gobierno está «estudiando sin duda» la posibilidad de desmovilizar a su vasto ejército de servicio militar. En una entrevista, el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Luul Gebreab, afirmó: «Con toda seguridad quedará un pequeño ejército, y los demás se concentrarán en la labor de desarrollo tal y como se planeó».

No está del todo claro cuándo puede suceder.

En cuanto a otras reformas, incluida la entrada en vigor de la Constitución del país, la liberación de presos políticos y el levantamiento de la prohibición de los medios de comunicación independientes y de todos los partidos políticos de la oposición, solo se obtiene del Gobierno eritreo un silencio sepulcral.

Herman Cohen, el exsecretario de Estado de Asuntos Africanos de EE. UU. que negoció el fin de la guerra entre Eritrea y Etiopía en 1991, ha ofrecido su apoyo, afirmando que el presidente Isaias «no debe temer un régimen más abierto en Eritrea más abierto. Ahora sería una buena ocasión para iniciar el proceso».

Como no hay indicios de que esto vaya a ocurrir, no desciende la cifra de eritreos que huyen a Etiopía. ACNUR registró 1738 migrantes en julio de este año, cifra muy similar a las registradas en años anteriores.

Progresos bienvenidos

Los desarrollos entre estados del Cuerno de África son claramente muy bienvenidos. La pregunta ahora es si pueden traducirse a realidades sobre el terreno, y si los avances internacionales se reflejarán en reformas internas.

Una vez se hayan tomado ambas medidas, sería posible concluir que la región disfruta de una auténtica transformación.


Este artículo, publicado originalmente en The Conversation África, ha sido traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Guillermo Ramos Pérez.


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