¿Cuál es la mayor necesidad de la universidad? Responden los últimos presidentes de la CRUE

La universidad española cumple 800 años. Como todas las instituciones clave de los sistemas democráticos, la universidad está sometida al escrutinio público y a las exigencias de transparencia que rigen las sociedades modernas. Por ello, The Conversation acude a los últimos presidentes de CRUE Universidades Españolas, que agrupa 76 instituciones académicas (50 públicas y 26 privadas), para pedirles respuesta sobre dos cuestiones fundamentales.


1. ¿Cuál es la necesidad más urgente de la Universidad en España?


2. La calidad de nuestras universidades ¿es equiparable a la de las demás universidades europeas?


Los rectores y exrectores consultados son Juan Vázquez (presidente entre 2003 y 2007), Ángel Gabilondo (2007-2009), Federico Gutiérrez-Solana (2009-2011), Adelaida de la Calle (2001-2013), Segundo Píriz (2015-2017) y Roberto Fernández, en el cargo desde el pasado año. En el período 2013-2015 la CRUE estuvo presidida por el que fuera rector de la Universidad de Zaragoza, Manuel José López Pérez, quien falleció el pasado marzo.


Roberto Fernández.

Roberto Fernández

Rector de la Universitat de Lleida. Presidente de la CRUE desde 2017

  1. Necesidad urgente. Tener un marco legislativo adecuado al reto que afrontamos en este siglo XXI. Si queremos converger hacia una Economía del Conocimiento que proporcione empleo de calidad a nuestros ciudadanos necesitamos dotar a la Universidad de recursos que la hagan más eficiente. Por eso, los rectores le pedimos el pasado 26 de septiembre al Congreso de los Diputados que comience a trabajar en una nueva Ley de Universidades. No se nos puede exigir que preparemos a los jóvenes para el futuro con recursos muy inferiores a los que tienen los países de nuestro entorno; no en una economía globalizada. Somos de los pocos países de la UE que durante la crisis recortó la financiación de las universidades y aún no hemos recuperado los niveles de financiación previos. A esto hay que sumar que, si bien la Constitución consagra la autonomía universitaria en la teoría, en la práctica ocupamos el puesto 24 de 29 países europeos en autonomía en gestión de personal y en autonomía financiera. Las grandes decisiones estratégicas nos vienen impuestas.

  2. Calidad europea. Absolutamente. A nivel de excelencia, el ranking de Shanghái nos coloca como el décimo país con más universidades entre las 800 mejores del mundo (de un total de cerca de 20.000 centros universitarios). A nivel de empleabilidad, el ranking QS sitúa al Sistema Universitario Español en la novena posición, con 14 instituciones dentro de las 500 mejores del mundo en este ámbito. Y a nivel de equidad, somos el séptimo sistema universitario más equitativo del mundo, atendiendo a la relación entre universidades y alumnos en TOP800 y total de universitarios del sistema educativo. Todo esto, con un gasto en Educación Terciaria de un 1,3% del PIB total, frente a un 2,6% que dedica Estados Unidos. Incluso a nivel de calidad percibida por los ciudadanos, la universidad española se posiciona como la institución en la que más se confía en cuestiones de Ciencia y Tecnología, según recogía el Observatorio Social de “la Caixa” en su último dossier sobre Investigación e Innovación. Tenemos una Universidad de calidad, equitativa y, además, capaz de hacer más con menos. Pero, con un límite. Si no le damos combustible, el motor de la universidad española se acabará parando y el futuro será de otros.

Segundo Píriz.

Segundo Píriz

Rector de la Universidad de Extremadura. Presidente de la CRUE entre 2015 y 2017

  1. Necesidad urgente. Las universidades españolas necesitan un nuevo marco jurídico que les permita ejercer mejor sus misiones. Clamamos por unas normas más flexibles, que nos doten de una verdadera autonomía universitaria sobre la base de la transparencia y la rendición de cuentas. El reconocimiento del trabajo de los universitarios, facilitar su actividad investigadora, aumentar la transferencia de resultados de investigación a la sociedad, aumentar la calidad de la docencia e incrementar nuestra relación con el resto de la sociedad se deben conseguir con esta ley. El necesario incremento del compromiso presupuestario debe ir acorde al cumplimiento de unos objetivos bien definidos y fácilmente evaluables.

  2. Calidad europea. España cuenta con el mejor sistema universitario de su historia, equiparable al del resto de Europa. A pesar de la escasa financiación hemos conseguido que la inmensa mayoría de las universidades públicas de nuestro país estén entre las mil mejores del mundo y aumenten cada año el número de nuestras instituciones que se sitúan entre las mejores 200 y 500 universidades. Un universitario español tiene más posibilidades de estudiar en una universidad de calidad que un universitario estadounidense. Desde la autocrítica y corrigiendo las cosas que no funcionan tenemos que aumentar la calidad del sistema universitario español con la finalidad de mejorar la formación de nuestros graduados, conseguir una investigación más puntera y transferir mucho más a nuestro tejido productivo, nuestro tendón de Aquiles junto con la escasa financiación. Nunca debemos olvidar la extensión universitaria y el compromiso con la sociedad a la que nos debemos.

Adelaida de la Calle.

Adelaida de la Calle

Exrectora de la Universidad de Málaga. Presidenta de la CRUE entre 2011 y 2013

  1. Necesidad urgente. La Universidad Española pasa por un momento de adaptación importante. En primer lugar, como consecuencia de la crisis, ha tenido una falta de sustitución de personal docente e investigador al que no ha podido hacer frente, lo cual ha provocado la salida de importante talento con alto nivel de formación que necesita recuperar. Por otro lado, los cambios en la sociedad van muy rápido y estamos en un buen momento para que la Universidad se plantee adaptar los planes de estudios a los nuevos requerimientos.

  2. Calidad europea. La calidad de nuestras Universidades está al nivel de las universidades más significativas de Europa y competimos en los mismos espacios, tanto a nivel de enseñanzas como de investigación, a pesar de que nuestros presupuestos distan mucho de los suyos. Es cierto que la financiación adecuada, tanto en estructura como en investigación, podría mejorar mucho nuestra competitividad dentro del espacio europeo y del espacio global.

Federico Gutiérrez-Solana.

Federico Gutiérrez-Solana

Exrector de la Universidad de Cantabria. Presidente de la CRUE entre 2009 y 2011

  1. Necesidad urgente. Realmente la necesidad más urgente del Sistema Universitario Español es una necesidad de País: establecer un modelo para España de sociedad basada en el conocimiento, con capacidad competitiva y garante de autonomía. Tener un modelo así supone el reconocimiento de la Universidad como elemento clave para el crecimiento sostenible y el bienestar social. Se derivaría una Ley de Universidades, como proyecto de Estado no vulnerable a los caprichos partidistas, acorde con ese rol; que permita a las universidades definir su propia estrategia competitiva a nivel global para el futuro inmediato, en una sociedad del siglo XXI que evoluciona vertiginosamente. Estrategia para la formación en contenidos, pero sobre todo en capacidades para poder valorizarlos. Estrategia para la generación del conocimiento, y estrategia para su transferencia, en la que las personas emprendedoras son clave, al entorno productivo. La Universidad no puede esperar a que esto ocurra, debe procurarlo. Es su deber crucial.

  2. Calidad europea. Como sistema, la calidad de las universidades españolas es equivalente a la de otros países, aunque mucho más uniforme: sin universidades élite pero sin apenas mediocridad. Teniendo en cuenta la inversión de nuestro país en conocimiento, educación e I+D+i, tanto pública como privada, el rendimiento del SUE es muy superior en eficiencia al de la mayoría de países avanzados. Las universidades han demostrado poder aportar: formación adecuada, pero en estos momentos con poca visión de futuro; investigación muy eficiente aunque de dudosa eficacia pues no moviliza el interés del sistema productivo; y transferencia deficientemente estructurada, no incentivada y, por tanto, débil. Hasta la crisis había una tendencia creciente a invertir en conocimiento, tratando de acercarnos a la dinámica de otros países. La crisis evidenció su debilidad, y año a año nos alejamos en inversión, y lo haremos en resultados, de ellos.

Ángel Gabilondo.

Ángel Gabilondo

Exrector de la Universidad Autónoma de Madrid. Presidente de la CRUE entre 2007 y 2009

  1. Necesidad urgente. No resulta fácil elegir una única característica más perentoria que las otras, pero quizás haya que seleccionar la necesidad de que las universidades (y probablemente el sistema en su conjunto) propongan estrategias propias ambiciosas, aunque factibles, que contribuyan a la mejora de la sociedad, su competitividad y calidad de vida, y su singularidad y las señas de identidad propias. Este objetivo implica requisitos adicionales para su consecución: un modelo de financiación orientado a ello, en común acuerdo con los financiadores, la colaboración y alianza con otras instituciones que compartan o complementen las metas esbozadas, la posibilidad de disponer de los mejores recursos (humanos y materiales) para llevarlas a cabo, a la que vez que se implementa la rendición de cuentas y la corresponsabilidad. Así cobra sentido la autonomía. Las leyes actuales aportan un marco adecuado en el que encuadrar estas estrategias y objetivos propios, aunque sin duda se pueden precisar algunos ajustes que flexibilicen y estimulen su puesta en marcha. Todo ello contribuiría a lograr unas universidades que sean actores decisivos en una sociedad más moderna, industrializada, culta, equitativa, crítica y cohesionada. O quizás el orden sea el inverso: es preciso definir las características de esa sociedad activa y efervescente basada en el conocimiento y diseñar después el rol que las universidades deben obligatoriamente jugar en ellas. Respondiendo a necesidades, no solo a demandas.

  2. Calidad europea. Si hablamos del sistema universitario en su conjunto, sin duda alguna. La calidad media es muy alta en todas sus misiones. Precisamente eso es lo que precisa la ciudadanía y la sociedad, tener la seguridad de que la universidad que le da servicio (docente, de transferencia, cultura, etc.) le asegure una alta calidad, no que esta solo se encuentre en ciertas universidades de élite. Y todo esto se consigue con una financiación y un entorno económico que no se asemeja al de los países punteros de Europa. Esto no significa que no sea preciso conseguir mejoras continuas en la modernización y calidad del sistema universitario y de cada una de las universidades, de manera que su contribución a la sociedad sea todavía superior a la actual, que ya alcanza índices muy notables. Recientes años de desatención han minado elementos sustanciales y se precisa una apuesta de la sociedad y de los gobiernos en las posibilidades que ofrecen las universidades.

Juan Vázquez.

Juan Vázquez

Exrector de la Universidad de Oviedo. Presidente de la CRUE entre 2003 y 2007

  1. Necesidad urgente. No sé si la más urgente, pero para mí la más importante radica en el profesorado, porque constituye el elemento más decisivo en el desempeño de la actividad universitaria. Y esa necesidad creo que se proyecta al menos en dos direcciones. Por un lado, en la de revisar y flexibilizar las figuras y los sistemas de contratación para otorgar mayores márgenes a las universidades y permitir la atracción y captación de talento. Y, por otro lado, en la dirección de poner en marcha de modo urgente medidas que permitan rejuvenecer unas plantillas envejecidas. Adicionalmente, me parece que afrontamos un enorme desafío para que nuestros profesores y enseñanzas logren una imprescindible hibridación del pensamiento y los conocimientos digitales con las disciplinas convencionales.

  2. Calidad europea. Vivimos cada vez más en un sistema de “unidiversidad”, en que se amplían las diferencias entre universidades, de manera que las comparaciones de conjunto no dicen demasiado y nos llevan a otorgar mayor significación a las posiciones que ocupan individualmente algunas instituciones. Pese a la ausencia de universidades españolas en los primeros puestos de los rankings, me parece que el sistema universitario español presta un desempeño más relevante del que en muchas ocasiones se le otorga y que, aunque subsistan indudables deficiencias, ha experimentado sensibles mejoras en las últimas décadas. Pero lo que verdaderamente me preocupa, y donde albergo algunas dudas, es si en la actualidad las universidades españolas se están moviendo con la celeridad que se requiere para afrontar los profundos y radicales cambios que se están registrando en el mundo educativo y de la innovación.