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Fotografía de José Valdelomar tomada en el transcurso de las Misiones Pedagógicas en Las Hurdes (Cáceres) circa 1933. Biblioteca Digital Hispánica - BNE / José Valdelomar

Dos siglos de escuela rural

En la nueva ley de educación, la LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de Ley Orgánica de Educación), la escuela rural se plantea como un elemento de primer nivel y pilar fundamental en la lucha contra la despoblación, garantizando un puesto escolar en su propio municipio e incrementando la escolarización en las etapas de enseñanza no obligatorias.

Al igual que en otros países europeos, la digitalización del sistema educativo es necesaria a nivel general y prioritaria en las zonas rurales por su dificultades en el acceso a los medios, recursos tecnológicos, internet y materiales de aprendizaje.

Una de las mayores apuestas de la LOMLOE, pendiente en los programas de formación de maestros en las universidades españolas, es la formación específica del profesorado de la escuela rural.

A través de la realización de prácticas en los centros educativos del medio rural se promoverá la adquisición de competencias y habilidades docentes en este contexto educativo. La escuela rural en España, al igual que en Finlandia, obtiene unos buenos resultados académicos y en las tasas de educación postobligatoria, en algunos casos, incluso mayor que en entornos urbanos.

Cambios importantes con respecto a leyes anteriores

En este sentido, la LOMLOE introduce cambios significativos. A diferencia de las legislaciones anteriores, la nueva ley adopta un compromiso con los objetivos educativos planteados por la Unión Europea y la UNESCO, con una apuesta firme por conceder mayor apoyo a la escuela rural, así como una mejora de la calidad en la docencia y en el aprendizaje.

En la historia de la educación española, el modelo educativo basado en la escuela rural (unitaria), donde un docente es responsable de la atención simultánea de estudiantes de más de un nivel educativo y en un mismo aula, ha sido de gran valor para llevar educación a las zonas más remotas del país.

Pero la revisión histórica del modelo educativo en las zonas rurales pone de relieve la ausencia de una política educativa dirigida a dicho sector. Hasta los años 80, y con el nacimiento de los Centros Rurales Agrupados (CRA), se había destinado a este espacio escolar a transitar por una serie de cambios en las formas de organización administrativa y pedagógica que no siempre fueron los más idóneos para mejorar y consolidar una educación de calidad en el contexto rural.

Primera etapa del siglo XIX

La Gaceta de Madrid del 28 de agosto de 1838 que publica la Ley de Primera Enseñanza.

La primera etapa del siglo XIX, a través de la Ley de Primera enseñanza de 1838 y la Ley Moyano de 1857, estuvo marcada por el inicio y desarrollo del proceso de implantación de la red de escuelas primarias.

La creación del Ministerio de Instrucción Pública y de Bellas Artes el 18 de abril de 1900 supuso un avance significativo para la Educación Primaria graduada, con un cierto desequilibrio en el modelo pedagógico de la escuela rural, al ignorar su propia identidad.

La escuela rural en la Segunda República

Con la llegada de la Segunda República, la atención preferente recayó en la escuela rural con la creación del Patronato de Misiones Pedagógicas en 1931, una institución organizada por el Estado para expender la cultura en los medios rurales y a través de la que se proponía la mejora de la escuela rural.

Aunque no es hasta la introducción del concepto de escuela unitaria y rural en la Ley de Educación Primaria de 1945 cuando se establece una diferencia entre la escuela unitaria (en centros educativos ubicados en núcleos de población de 250 habitantes por Km2) y la graduada.

1970: quedan desplazadas

La Ley General de Educación de 1970 introduce una mejora significativa en la modernización organizativa y pedagógica del sistema educativo español. Sin embargo, establece criterios técnicos que promueven la organización de la enseñanza graduada a través de los colegios nacionales y en toda la Educación General Básica (EGB), despersonalizando así a las escuelas ubicadas en el contexto rural.

Esta concepción de la educación condujo al replanteamiento del paradigma educativo de las zonas rurales, a través del modelo denominado Concentración Escolar (agrupamiento de niños de distintas comarcas a un centro escolar principal ubicado en la cabecera central de las localidades).

Esta situación desembocó en el cierre de las escuelas más pequeñas, en el aumento de las desigualdades en infraestructura y materiales didácticos, así como en dificultades para la movilización del alumnado.

En 1986 se constituyeron los Colegios Rurales Agrupados de Educación General Básica. A partir de este momento, se concibe la escuela rural como un centro pedagógico con unas características determinadas en cuanto al número de alumnos y maestros, estilo arquitectónico, territorial, organizativo y ambiental.

Actualmente, la escuela rural española mantiene de manera conservadora el modelo educativo por el que fue constituido: aulas en las que estudiantes de distintos grados comparten un mismo espacio y un docente es responsable de la atención pedagógica de distintos grados educativos.

Tan solo se incorporan, como innovación organizativa, las unidades escolares que conforman un centro único con los mismos recursos económicos, humanos y materiales para el desarrollo de sus procesos educativos.

Sin grandes modificaciones

En las últimas reformas educativas no se han realizado grandes modificaciones en la escuela rural. La LOGSE, en su artículo 65, hace única mención de la escuela rural al establecer que los estudiantes de Educación Primaria y Educación Secundaria de zonas rurales que no cuenten con un centro próximo en su localidad de residencia deberán movilizarse al municipio próximo.

En la LOE de 2006 se estableció un mayor interés en la agenda pública por la escuela rural a través de acciones y programas compensatorios en territorios desfavorecidos de la sociedad para promover la igualdad y equidad en el ámbito educativo. Para ello, se instaba a las administraciones educativas a que tuvieran en cuenta las particularidades de la escuela rural.

Por su parte, la LOMCE de 2013 conservó los objetivos de la LOE e integró el artículo 9, que incluía términos relacionados con el fenómeno de la despoblación territorial y la dispersión geográfica.

Colegio Rural Agrupado Retama de Fuente de Pedro Naharro (Cuenca). Wikimedia Commons / Dorieo, CC BY-SA

Su potencial en la actualidad

La constitución de los CRA (Centros Rurales Agrupados) ha supuesto el inicio de una transformación que posicionaría a la escuela rural del siglo XXI como un espacio potencial de innovación educativa y aprendizaje significativo. Así lo señala el Informe Pisa 2015, el cual expone que los estudiantes de estas escuelas obtienen mejores resultados en comparación con aquellos que atienden a centros urbanos teniendo en cuenta su nivel económico y cultural.

Las investigaciones recientes sobre la escuela rural no graduada posicionan a esta modalidad educativa como un medio para el alcance de los objetivos nacionales e internacionales de la Educación para Todos y, más concretamente, del Objetivo 4: Educación de Calidad, de la Agenda 2030. En este sentido, la LOMLOE asume este compromiso y en su artículo 82, avanza en la concreción de medidas destinadas a la educación rural, atendiendo así, con mayor especificidad, a su propia identidad.

En las últimas modificaciones legislativas en materia de educación rural se transita hacia una concepción más innovadora e inclusiva de la educación en este ámbito: formación específica para el profesorado, así como el apoyo, la orientación y los recursos materiales y tecnológicos que necesite para atender las necesidades de los estudiantes y del entorno.

En este sentido, la LOMLOE vela por evitar la segregación del alumnado por razones socioeconómicas o de otra naturaleza y por garantizar una educación que tenga como principios básicos la igualdad de oportunidades, la calidad educativa, la innovación y la permanencia de los estudiantes.

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