El cameo de ‘Concavenator’, el dinosaurio de Cuenca, en ‘Jurassic World’

Representación de ‘Concavenator’. Oscar Sanisidro, Author provided

Asistimos al 25 aniversario del estreno de Jurassic Park y, aunque puede parecer trivial (incluso es posible que lo sea), parte del fandom dinosauriano ibérico se ha revolucionado por la confirmada aparición de Concavenator corcovatus (el cazador jorobado de Cuenca) en Jurassic World: El reino caído, la última entrega de la saga.

Aceptaré el argumento de los más puristas sobre lo circunstancial e irrelevante que esto puede parecer. Circunstancial por los elementos que concurren: el director es el español Juan Antonio Bayona (aunque no conste que tenga nada que ver), Concavenator no es uno de los protagonistas (tan solo es parte de un diorama que aparece de forma recurrente de la película), y nadie lo cita explícitamente. Irrelevante porque, para muchos, una película en la que los dinosaurios corretean por ahí comiéndose a la gente no es el entorno digno para transmitir respeto por la ciencia.

Sin embargo, voy a defender que la sonrisa que se dibujó en el rostro de la docena de paleontólogos con los que compartí el primer pase de la película en un cine madrileño tiene justificación.

El depredador con joroba

Concavenator no necesita el espaldarazo de Jurassic World para ser relevante. La descripción de la especie, a partir de un ejemplar de casi seis metros, se publicó en 2010 en la revista Nature. Se trata de uno de los fósiles de dinosaurio más completos de Europa y, sin duda, el carnívoro europeo del que tenemos más información.

Los miembros de esta especie vivieron cerca de un humedal que ocupaba la actual serranía de Cuenca hace algo más de 125 millones de años, durante el Cretácico Inferior. La información detallada de los huesos y de las impresiones de la piel de Concavenator nos ha ayudado a establecer el origen de muchas estructuras que aparecen en los dinosaurios carnívoros y que han sido posteriormente heredadas por las aves.

Pero, dejando a un lado el aspecto científico, Concavenator tiene un enorme potencial para la proyección social: presenta el atractivo de los depredadores grandes, está representado por un fósil bellísimo y la forma de sus vértebras produce una joroba sobre la espalda que lo hace inconfundible.

De izquierda a derecha, Escaso, Ortega y Sanz examinan los restos fósiles del ‘Concavenator’. Mauro García-Oliva

La carrera al estrellato de Concavenator, como la de cualquier celebridad que se precie, pudo verse truncada en distintas ocasiones. El hecho de que nos lleguen fósiles de organismos del pasado remoto ya es un prodigio de casualidad geológica, pero el caso de Concavenator constituye una casualidad dentro de la casualidad.

El yacimiento de Las Hoyas (Cuenca) ha proporcionado miles de pequeños animales y plantas, aunque en el área en la que se excava habitualmente son muy escasos los restos de grandes animales. De hecho, Concavenator no se encontró durante una excavación regular. Los primeros restos fueron puestos accidentalmente en la superficie por labores de reforestación previas a la aparición del yacimiento.

Las primeras muestras quedaron a la intemperie y se recogieron en 1987, pasando a la colección de prácticas de la Escuela de Magisterio de Cuenca. No creo que los maestros que salieron de esa Escuela sean conscientes de que hicieron prácticas con fragmentos de una vértebra de Concavenator.

También casualmente, un día nos dimos cuenta de que esas muestras podían no ser tan irrelevantes. Rastreamos palmo a palmo la ladera de la que procedían y, aunque tardamos varios días en dar con el punto de muestreo, descubrimos en pocas horas que allí estaba el resto del animal.

Ha nacido una estrella

Para nosotros ya había nacido la estrella pero, en ese momento, hasta los medios de comunicación acogieron sin entusiasmo la mención del hallazgo de un dinosaurio carnívoro de grandes dimensiones (¡un dinosaurio carnívoro de grandes dimensiones!). Evidentemente, como en el caso de toda celebridad que se precie, la suerte cambió en cuanto tuvo su oportunidad.

Tras varios años de preparar por separado los fragmentos del ejemplar, en 2010 pudimos componer por primera vez el puzle. Aquella tarde no vimos nada más que lo que cualquiera puede ver hoy en el Museo de Paleontología de Castilla-La Mancha, pero fuimos conscientes de que algo había cambiado en el registro dinosauriano español.

Creo que por eso esbozamos una sonrisa cuando en el cine vimos aparecer la reconstrucción del dinosaurio jorobado en el diorama de la mansión de Benjamin Lockwood. Muchos de los excelentes paleontólogos de vertebrados españoles actuales no echaron en falta un icono que representase a la paleontología más cercana al ver Jurassic Park porque, sencillamente, hace 25 años, no había ningún candidato con la relevancia científica y la proyección social de Concavenator.

No sé si Bayona pretendía hacer un guiño al registro dinosauriano emergente en la península ibérica pero, siendo sincero, me da lo mismo. Cada uno interpreta las señales como quiere y, en la sonrisa de mis colegas en el cine y en la mía había satisfacción por el trabajo realizado.

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