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Echidna. Lámina de Friedrich Johann Justin Bertuch. c. 1800.

El extraño pene cuádruple de los equidnas

El Bounty fue un carguero convertido en velero armado para el transporte de árboles del pan entre Tahití y el Caribe. Pasó a la historia por el motín que se declaró a bordo el 28 de abril de 1789 siendo capitán William Blight, que había servido al mando de James Cook, el legendario marino quien, como el equidna de este relato, acabó sus días formando parte de un asado que se zamparon los hawaianos.

Motín a bordo del barco de HM Bounty el 29 de abril de 1789. Robert Dodd. National Maritime Museum, Greenwich, Londres.

El motín fue todo un acontecimiento en su época. No ya por el amotinamiento en sí, sino por el asombroso viaje de 4 000 millas que, después de ser abandonados en alta mar y con la sola ayuda de un sextante y un reloj, realizaron Blight y sus leales en un bote hasta llegar a tierras civilizadas. Una singladura heroica que Blight consiguió sin perder un solo hombre.

La costumbre de Bligh de registrarlo todo minuciosamente sirvió para que un curioso animal ingresara (con pocos honores) en los anales de la historia natural. En 1793 Bligh, al mando del Providence, descargó en Port Royal, Jamaica, un “bosque flotante” de 1 200 árboles del pan destinados a servir como comida a los esclavos de las Antillas.

Durante la travesía, el Providence hizo la aguada en Adventure Bay, Tasmania, en donde la oficialidad tuvo una interesante experiencia gastronómica. Uno de los oficiales del buque, George Tobin, que ejercía como naturalista eventual, cazó un animal al que describió «como una especie de perezoso del tamaño aproximado de un lechón asado con una trompa de cinco a siete centímetros de longitud […] En el dorso tenía cortas púas como las del puercoespín […] El animal fue asado y resultó de un sabor delicado».

Sin saberlo, puesto que nadie, salvo los aborígenes, lo habían visto antes, los oficiales del Providence cenaron esa noche un equidna, uno de los animales más extravagantes de Australia, lo que es mucho decir. Este mamífero, estrechamente emparentado con el ornitorrinco, puede alcanzar los 7 kilos, come hormigas y pone huevos. El meticuloso Bligh hizo un dibujo del animal antes del banquete y lo llevó de vuelta a Inglaterra. En 1802 apareció como una figura que acompañaba la primera descripción anatómica del equidna, hecha por sir Everard Home en las Philosophical Transactions of the Royal Society.

Los mamíferos monotremas representan únicamente tres géneros: Ornithorhynchus anatinus, el ornitorrinco, que vive en Australia oriental y Tasmania. Tachyglossus aculeatus, el equidna común, que vive en toda Australia y Nueva Guinea. Por último tres especies de Zaglossus, los zaglosos o equidnas de pico largo, que solo viven en las montañas de Nueva Guinea. Los equidnas viven en tierra firme y son mirmecófagos que se alimentan de hormigas y termitas, a las que capturan con un «pico» anatómicamente similar al de los ornitorrincos, pero de forma tubular.

Por su aspecto externo y sus características anatómicas y reproductivas, se tiende a considerar a los monotremas como un grupo poco agraciado y muy primitivo de mamíferos. Algo así como un mamífero mal terminado, quizás porque el Creador hizo lo que se hace cuando no se desea que las cosas salgan medianamente bien: designar una comisión. Como sucede con el camello o con los peces pulmonados, es posible que Dios encargará el diseño de los monotremas a un comité de expertos.

No subestimes al equidna. Lucy Cooke

Monotrema en griego significa «un solo agujero». Como ocurre en reptiles y aves, el ano, el tracto urinario y el tracto reproductor desembocan en una sola apertura común: la cloaca. Lo que resulta aún más reptiliano y asombroso en los monotremas es que lo que emerge de la cloaca no sean crías, sino huevos. No son huevos microscópicos, como los óvulos de todos los demás mamíferos, sino huevos como Dios manda (quizá Dios presidía la comisión y pasaba por allí de vez en cuando para ocuparse de las cosas importantes).

Estos huevos tienen un tamaño de dos centímetros y están provistos de una cáscara dura y áspera de color blanco que contiene el nutrimento para alimentar a la cría hasta que ésta se encuentra en condiciones de salir del cascarón. Una operación que realiza con el expeditivo estilo de reptiles y aves, esto es, rompiéndolo con la ayuda de una protuberancia del extremo del pico.

Cría de Echidna de unas cuatro semanas de edad. Taronga Conservation Society Australia

Los monotremas segregan leche para amamantar a las crías, el sello distintivo de los mamíferos. No obstante, las hembras carecen de pezones y la leche, al igual que en las palomas, sale de unos poros distribuidos por una amplia zona de la epidermis ventral, de donde la cría, firmemente agarrada a los pelos de la madre, la succiona. Las extremidades de los monotremas están un poco más separadas que las de los mamíferos normales, rasgo que se refleja en el característico contoneo de los equidnas. Sin llegar a ser exactamente reptiliano, tampoco es el andar propio de todo mamífero.

Cuando el siglo XVIII tocaba a su fin, George Shaw, conservador del Museo Británico, proporcionó la primera descripción científica del equidna y, sin conocer su anatomía interna ni pensárselo dos veces, lo incluyó entre los osos hormigueros gigantes de América del Sur, con los que no tienen parentesco alguno más allá de su condición de vertebrados. Diez años después, gracias a una detallada disección, Home descubrió la extraña mezcla de características de reptiles y mamíferos que desde entonces ha inspirado interés y sorpresa entre los biólogos cuando se enfrentan a la paradoja de los mamíferos ovíparos de Australia.

En 1802, Home (quien con más acierto que Shaw lo llamó Ornithorhynchus hystrix) describió al equidna como si no estuviera completo en términos de un mamífero, es decir, como una forma degradada por rasgos de los grupos reptilianos considerados como vertebrados “inferiores”. De ese modo, la carga de primitivismo quedó para siempre y jamás asociada a los equidnas.

Aparato reproductor masculino del equidna. Las dos láminas de la izquierda son de la publicación original de sir Everard Home en las Philosophical Transactions of the Royal Society de 1802. Fotografía de Luis Monje.

Pero los equidnas guardaban un as en la manga (debería decir en la bragueta o mejor en la cloaca) mucho más importante como defensa absoluta de su preeminencia reproductora entre los cordados: su pene 4 X 1. Como dibujó Home con la quirúrgica precisión de un anatomista experto, los equidnas tienen penes con cuatro salidas al exterior situadas en otros tantos glandes, aunque no todas son funcionales a la vez, sino que van rotando, y el animal, cuando logra copular después de un endiablado ritual, usa una mitad, con dos glandes cada vez.

En sus parientes más cercanos, los ornitorrincos, el pene también es extraño y termina en forma de horquilla, aunque solo el lado izquierdo es funcional, porque en la hembra solo funciona el ovario izquierdo. En cuestión de sexo, cada uno se las apaña como puede.

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