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Una pareja de mujer neandertal y hombre ‘Homo sapiens’. José Antonio Peñas (SINC), CC BY

El último encuentro con los neandertales antes de que se extinguieran en la península ibérica

Cuando los últimos neandertales se acercaban al final de su existencia, hace 45 000 años, comenzaron a llegar a la península ibérica desde el este de Europa los primeros grupos de Homo sapiens. Si el encuentro lo hubiera narrado el novelista estadounidense Fenimore Cooper, los sapiens serían los pioneros y los neandertales los nativos americanos.

Los datos confirman que, a lo largo de todo ese tiempo, el contacto entre sapiens y neandertales se produjo desde hace unos 100 000 años, en Oriente Próximo, también en Asia central y posteriormente en el sureste europeo, en el entorno de la región balcánica.

Es probable que fruto de esos variados intercambios entre ambos grupos, aquellos primeros sapiens que avanzaron hacia el occidente de Europa llevaran ya en su registro genético la huella de los neandertales.

Pero hubo un escenario final, el del último encuentro de una especie seguramente debilitada, los neandertales, y otra en plenitud, los Homo sapiens. Ese territorio definitivo fue la península ibérica.

El final de los neandertales coincide con la llegada del Homo sapiens

Los neandertales, los auténticos y verdaderos europeos, se extendieron hasta Asia central, por el sur hasta Próximo Oriente y por toda Europa hasta la península ibérica. Estaban distribuidos en pequeños grupos alejados unos de otros y esto hizo que sus relaciones fueran muy esporádicas y rozaran más de una vez la endogamia. Los análisis de ADN han revelado que, durante más de 100 000 años, tuvieron una escasa variabilidad genética, con una estabilidad demográfica bastante precaria.

Estas condiciones los expusieron a crisis demográficas que pudieron llevarles al borde de la desaparición en más de una ocasión sin que los Homo sapiens tuvieran nada que ver.

Hace aproximadamente 60 000 años su población experimentaba un notable declive, con grupos cada vez más aislados, principalmente en el sur y el occidente de Eurasia.

Uno de sus refugios, donde los neandertales persistieron durante miles de años, fue la península ibérica, especialmente la franja litoral. Allí encontraron un buen lugar donde vivir.

El final de los neandertales coincide en el tiempo con la llegada del Homo sapiens, un grupo humano que explotaba sus mismos recursos y ocupaba idénticos paisajes y nichos, y entre los que parece que hubo más encuentros de los que en un principio podríamos pensar.

Refugiados en el sur de Europa

En este proceso, tan interesante como aún complejo de interpretar, la península ibérica jugó un papel de gran importancia.

Por una parte, es el último lugar de Europa al que llegan los Homo sapiens, si exceptuamos las latitudes más septentrionales afectadas por la expansión de los glaciares y una climatología muy adversa. Y, al mismo tiempo, es el último refugio conocido para los neandertales, donde encontramos actualmente las evidencias más recientes de sus ocupaciones .

En la horquilla temporal que va desde hace 45 000 hasta hace 42 000 años, las últimas comunidades neandertales abadonaron el norte peninsular y parece que ya solo vivían en la zona más meridional.

En torno a hace 42 000 y 41 000 años únicamente encontramos evidencias de grupos neandertales al sur de la cuenca del Duero, en la mitad sur de la península ibérica. Por esas fechas, los primeros sapiens estaban ya a las puertas de la península ibérica.

Los sapiens llegaron al sur de la Península Ibérica hace al menos 44 000 años (se ha encontrado evidencia de una ocupación auriñaciense temprana en Lapa do Picareiro en el centro de Portugal). Pero nada nos permite confirmar que los sapiens fueran desplazando a los neandertales a medida que avanzaban.

Lo que compartimos neandertales y sapiens

Hoy en día sabemos que neandertales y sapiens compartían muchas más cosas que aquellas que podrían separarles. En los primeros yacimientos de sapiens en la península, como en las últimas ocupaciones neandertales, se ha identificado un patrón de subsistencia similar: cazábamos y consumíamos las mismas especies de animales en las mismas zonas. Las tecnologías que usaban los neardertales, aunque algo diferentes, comparten un grado similar de complejidad con las de nuestros antepasados directos. Lo que resulta aún más interesante: tanto neandertales como sapiens tenían comportamientos simbólicos complejos. Ya se admite, aunque no unanimenente, que crearon arte.

Si tenían tanto en común, ¿por qué no sobrevivieron ambos? Tal vez porque su comportamiento social y su equilibrio demográfico –más precario en los neandertales y más exitoso en los sapiens– hicieron que los nuestros se multiplicaran de forma más rápida y efectiva.

Y nos quedamos solos

La desaparición de los neandertales es algo que aún no sabemos explicar por completo, ni logramos ponernos de acuerdo. Es probable que se debiera a una suma de factores, a una tormenta perfecta que los neandertales no consiguieron superar. Seguramente la suerte de los distintos grupos neandertales a lo largo de Europa fue variada y diferente en cada caso, sin descartar la fusión en algunas ocasiones con grupos de sapiens, como así parecen apuntar cada vez con más intensidad los datos de ADN.

En cuanto a qué ocurrió en Iberia, hay algunas teorías catastrofistas que culpan a los Homo sapiens o a una supuesta incapacidad de los neandertales a adaptarse a los cambios y posibles crisis ambientales. Pero nada de todo esto parece justificar convincentemente su extinción. Hay cuestiones más variadas y complejas de definir, como su posible aislamiento y la dificultad de seguir desarrollando su particular y necesario sistema social, que pueden aportar más luz sobre su final.

Un solitario final para los últimos neandertales ibéricos, ocurrido entre hace 40 000 y 35 000 años, y que bien podría haber sido escrito por Fenimore Cooper. Aunque, en este caso, los “últimos mohicanos” fueran los últimos neandertales.

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