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Elecciones Galicia: la vuelta del tripartidismo

Las recientes elecciones en Galicia evocan una intensa sensación de déjà vu con las de 1997. En aquel escenario tres formaciones obtenían representación parlamentaria: un partido con una clara posición hegemónica, el Partido Popular de Galicia, liderado por Manuel Fraga, que conseguía su tercera mayoría absoluta con más del 50% de los votos y 42 diputados; el Bloque Nacionalista Galego (BNG), que se convertía en segunda fuerza política, por delante por primera vez del Partido dos Socialistas de Galicia (PSdeG-PSOE), con un 24,8% de los votos frente al 19,5% conseguido por la tercera fuerza política que se presentaba, la coalición entre los socialistas gallegos y la formación IU/Esquerda Unida.

Resultados de las elecciones autonómicas de Galicia del 12 de julio de 2020. Xunta de Galicia

Tres son los paralelismos de aquellos resultados electorales con los de este domingo 12 de julio:

1. La transferencia del voto de izquierda al BNG

El BNG recupera la hegemonía de la izquierda nacionalista. Y lo hace convirtiéndose para el electorado gallego, como entonces, en la única opción política de izquierdas identificada con la defensa de los intereses de Galicia.

Dos factores están en la base de la recuperación de esta hegemonía: el retorno de los nacionalistas que marcharon a sostener el experimento de las Mareas y la afluencia de “nuevos jóvenes” nacionalistas que otra vez ven en el BNG el partido que los representa.

Estos dos factores hacen referencia, como veremos más adelante, a dos elementos fundamentales para comprender el funcionamiento de los sistemas de partidos: la reducción de centrifuguidad que tenía el sistema, también el sistema español, y la fuerza del componente identitario como elemento aglutinador.

Y no es casualidad que esto ocurra con la presencia de un Gobierno socialista en Madrid, frente al que es más fácil contraponer la autonomía y la defensa de esos intereses específicos.

La caída de las Mareas era irremediable, aunque nadie acertó a anticipar su desaparición, y por eso esta campaña del BNG, con una Ana Pontón ya experimentada en la propia construcción de su liderazgo, se planteó exclusivamente para competir en ese espacio con la candidatura de Antón Gómez Reino (Galicia en Común).

Un renovado BNG, coherente en los principios, diferente en las formas, con una performance de liderazgo sostenida en los últimos cuatro años, más abierto, ha conseguido superar, no en votos (23,80%) pero si en escaños (19), los resultados de Beiras en el 97. Y aunque sean muchos los que trabajan detrás, esta vez el mérito tiene nombre de mujer, Ana Pontón.

2. La elección táctica del PSdeG

El error táctico del PSdeG es definitivo para estas elecciones. Una vez más, el PSdeG, esta vez de la mano de Gonzalo Caballero, decide subirse a la ola de las últimas victorias de Madrid y olvidar los elementos que lo llevaron a gobernar Galicia. Y esto, al mismo tiempo que pone sus ojos en los exvotantes de las Mareas, para competir exclusivamente en el espectro de la izquierda, aun cuando la verdadera competición por la Presidencia de la Xunta se estaba produciendo en el centro con el PP.

La renuncia a disputarle al PP los votantes del centro político, y su falta de perfil identitario para acoger a los exvotantes de las Mareas, dejó a los socialistas gallegos en tierra de nadie, con unos resultados muy similares a los de las anteriores elecciones del 2016, subiendo de 14 a 15 diputados, en una situación semejante al 97.

3. La identificación emocional del PPdeG con Galicia

La apuesta del presidente de la Xunta de Galicia desde 2009 Alberto Núñez Feijóo en esta campaña ha sido apuntalar la identificación de la organización popular gallega con Galicia, como siempre. Cuarenta años con lo mismo no dan para equivocarse, lo raro es que los demás no aprendan.

La elección del lema de la campaña (“Galicia, Galicia, Galicia”) sitúa la competición electoral en el centro de la arena autonómica y la aleja de la política ultraespañolista del presidente del Partido Popular Pablo Casado.

Pero la elección de Feijóo cubre dos espacios: muestra al PP de Casado que las identidades compartidas pueden funcionar en la derecha de la España diversa, y cierra el espacio de la derecha a un galleguismo histórico que imposibilita el encuentro con Vox y Ciudadanos.

Efectivamente, con el fantasma de una hipotética entrada de Vox y Ciudadanos en el Parlamento Gallego, y la apuesta estratégica de Casado por la SUMA, Feijóo se rebela y tira de identificación con Galicia y de su propio liderazgo para recuperar la posición hegemónica que siempre ha tenido el PPdeG; y no me extrañaría que muchos militantes del resto de España estén mirando con “sana envidia” los arrestos de Feijóo.

Y ahora las diferencias con las elecciones de 1997

Y frente a estas coincidencias con el 97, encontramos también importantes diferencias con aquellas elecciones, y, por qué no, unos cuantos retos pendientes.

  1. Uno de los elementos diferenciadores lo constituye el liderazgo de Ana Pontón, un liderazgo nuevo que aporta frescura a una organización que ha aguantado el envite de la “nueva política” manteniéndose fiel a los principios y valores tradicionales del nacionalismo gallego, y que desde una formación renovada, no exenta de conflicto, pero asentada en la unidad organizativa, apunta a presentar la primera candidatura femenina a la Xunta de Galicia en tiempos del #MeToo.

  2. También es nuevo el recurso emocional del presidente Feijóo, pidiendo la movilización de sus votantes para su “última campaña” al frente del PPdeG. No fue una posición estratégica, no lo hizo cuando realizó la convocatoria electoral, dio muestras de su debilidad a pocos días de las elecciones, tácticamente, en medio de la incertidumbre que generó el rebrote del virus, con miedo al miedo.

  3. Y los retos. El de Feijóo, España. El de Ana Pontón, ser capaz de estar por delante del PSdeG y que el PP pierda la mayoría al mismo tiempo, para ser presidenta de la Xunta. El de Gonzalo Caballero, sobrevivir. Y la rueda gira.

A falta de un análisis postelectoral que nos permita conocer con precisión cuáles han sido los componentes del voto que explican el comportamiento electoral de los gallegos en estas elecciones, y de qué manera algunos elementos excepcionales, como la crisis del coronavirus han afectado al voto, podemos confirmar la vuelta a un sistema de tres partidos, con la posición hegemónica del PP en el espectro político del centro-derecha, un nacionalismo otra vez fuerte en Galicia y un PSdeG que afronta otra recomposición.

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