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Federico García Lorca, Pura Maórtua Lombera (Pura de Ucelay) y Ramón María del Valle-Inclán en el preestreno de la obra teatral Yerma, en Madrid, diciembre de 1934. Wikimedia Commons

¿Eran tan distintos Valle-Inclán y Lorca? Lo que la teoría de redes nos dice de la Edad de Plata

Durante la Edad de Plata, se escriben en nuestro país varias de las más brillantes obras teatrales de nuestra historia. Es un momento especialmente luminoso para el teatro ya que, entre los años 1868 y 1939, trabajan dramaturgos tan diversos como Benavente, Galdós, Valle-Inclán o Lorca.

Una disparidad que dificulta la comparación y que se puedan trazar unas líneas maestras capaces de englobar al periodo sin incurrir en generalidades. O, por decirlo de otro modo, sin que las afirmaciones resulten en mayor o menor medida producto de una valoración personal.

Aplicar métodos digitales de investigación al estudio de la literatura dramática permite refrendar o contradecir, con datos, los lugares comunes de la interpretación literaria tradicional.

¿Es cierto que se produjo una ruptura total en las formas teatrales? ¿Cuán profunda es, en verdad, la brecha entre Galdós y Lorca?

La literatura y la ciencia de datos

A partir del lenguaje de marcado XML_TEI y la elaboración de grafos (como el que está bajo estas líneas) con la herramienta Gephi, resulta posible fundamentar nuestra respuesta con datos.

Grafo de Casandra de Galdós.

Es algo poco frecuente en la literatura, por lo general tan ajena a la investigación científica, pero que dentro del “Proyecto HDATEATROUNIR”, del Grupo de investigación Humanidades Digitales Aplicadas de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) ha dado algunos resultados sorprendentes.

Centralidad no es importancia

Figurar como personaje en el centro de un grafo –por ejemplo, porque es el que da título a una obra–, no equivale necesariamente a tener un papel de mayor consideración en su desarrollo. Como tampoco la relevancia de un personaje se mide por las veces que interviene.

Hay personajes que no tienen un papel principal, ni siquiera gozan de diálogo, pero su influencia es vital. Sirva como ejemplo Pepe el Romano, desencadenante de la tragedia en La casa de Bernarda Alba, de Lorca.

Pepe el Romano no aparece nada más que en las intervenciones de las mujeres que sí tienen voz y entrada en la obra lorquiana, pero su influencia, según lo anterior, es mayor de la que cabría atribuírsele. No es una conjetura, lo demuestran los datos.

Investigación cuantitativa en humanidades

Al aplicar métodos de investigación cuantitativa al campo de la Humanidades, no solo se abre el campo de estudio, sino que es posible corroborar o desmentir una afirmación con datos objetivos, pues resulta más fácil desentrañar en un texto marcado en TEI (Text Encoding Initiative) –con ciertos estándares y etiquetas en el texto electrónico digital– cuántas veces aparece mencionado su nombre.

Texto en TEI Casandra de Galdós.

Es posible que los datos no diverjan de la interpretación tradicional; lo reseñable, no obstante, es que se puede demostrar y explicar por qué Godot o Pepe Romano constituyen, en su ausencia, una presencia fundamental dentro del teatro.

La aplicación de los recursos y herramientas digitales al análisis del teatro español de la Edad de Plata ha puesto en evidencia aspectos relativos al trabajo individual de cada autor en relación con el de otros, y a planteamientos sobre el periodo en general.

Esto, que en una investigación tradicional requeriría de un conocimiento extenso de los distintos autores y las obras a comparar, algo que no siempre es posible, se vuelve una posibilidad real gracias al estudio de los grafos.

Redes, personajes y renovación escénica

Si a un estudiante de Bachillerato le colocan delante la red social de los personajes que confluyen en sendas obras de Echegaray, Galdós, Lorca o Valle-Inclán, fácilmente podrá explicar los grandes cambios y avances que supuso la entrada del siglo XX y la influencia de estos dos últimos autores en la renovación de la escena española durante esa época.

De este modo, un grafo de una obra de Echegaray o Galdós refleja una red social entre personajes menos compleja que la que observamos en las piezas dramáticas de Valle-Inclán, con grupos de personajes que solo interaccionan entre sí y no con el resto. O puede verse la importancia de diferentes personajes secundarios en obras de García Lorca, cuyas afluencias en escena llegan a coincidir, en la misma medida, entre ellos e incluso superar a la del protagonista.

A partir del estudio de las obras marcadas en TEI hemos podido comprobar también que los diálogos de los personajes de Galdós son más breves en sus obras teatrales que en sus novelas.

También podemos contrastar de forma rápida que, mientras Galdós se conformaba con obras en las que intervenían entre quince y dieciséis personajes, Valle-Inclán llega a colocar sobre la escena una cantidad mayor, que puede oscilar entre los treinta y siete de Divinas palabras y los setenta y uno de Águila de blasón.

O bien, cómo Lorca no olvida sus dotes poéticos al conseguir que varios de sus personajes intervengan prácticamente el mismo número de veces en algunas de sus piezas. Se abre una puerta a la valoración, constatada a través de datos, de si realmente se produjo la revolución en la escena que se atribuye a este periodo.

Las damas primero

La aplicación del grafo y la aproximación a los textos teatrales de la Edad de Plata permiten un retrato de la época, que no es fácil de obtener si no se pueden comparar de manera digital dichos textos.

Por ejemplo, ha revelado que, en la lista de personajes o “dramatis personae”, o repertorio de personajes, algunos dramaturgos presentaban primero a las actrices, contra la tónica habitual de nombrar a los personajes en orden de importancia o de aparición.

No era cuestión de cortesía, sino de celebridad: ellas eran más famosas, para ellas en particular fueron creadas algunas de estas piezas y fue creciendo no solo su número sino su relevancia, puesto que algunas de las compañías más relevantes de ese momento estaban en manos de estas grandes actrices: María Guerrero, Catalina Bárcena o Margarita Xirgu.

En la dramaturgia de principios del siglo XX, el coro vuelve a ser un personaje recurrente y también algunos de estos coros estarán conformados por mujeres, como sucedía en algunas tragedias de la Grecia clásica.

El canon y su permanencia

Los antecedentes e influencias son el horizonte de esta investigación, no solo en lo que a las obras teatrales se refiere, también al respecto a lo que podríamos denominar “la permanencia del canon”: comprobar por qué obras exitosas del momento hoy apenas se representan y, al revés, por qué obras que en su día tuvieron menor repercusión hoy se tienen como epítome del periodo.

Y en esto, tienen mucho que ver los manuales y el estudio de solo ciertas obras y autores en las escuelas. La digitalización supone también poner en abierto piezas, dramaturgias y creadores que –¡quién sabe!– a lo mejor no gozaron de éxito de público en su momento, pero que, sin embargo, podrían llegar a resultar esenciales en el futuro. Y sí, también podrían ser mujeres.

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