La educación social, en alerta ante el confinamiento

La educación social, que, a través de la aplicación de estrategias y contenidos educativos, persigue el bienestar social y la mejora de la calidad de vida de individuos en situación de vulnerabilidad, no puede parar ni en tiempos de pandemia.

Porque la educación social no solo consiste en brindar servicios y atenciones básicas a personas vulnerables. También es facilitar su inclusión en la sociedad y en promover su desarrollo personal, autonomía e independencia. Esto se logra mediante procesos educativos de intervención directa como la educación de calle o el acompañamiento. ¿Cómo hacerlo en tiempos de calles desiertas y desoladas?

Así como se han articulado medidas para garantizar la atención a las víctimas de la violencia de género, también debe continuar la atención y protección a la infancia en situación de desamparo, a la población migrante, a personas sin hogar, a personas con discapacidad, a jóvenes en escuelas de segunda oportunidad, a trabajadores de empresas de inserción, a personas que están saliendo de procesos de adicción, o a desempleados que cursan acciones de formación para el empleo.

Formar para el trabajo cuando la actividad se detiene

Muchos de los programas socioeducativos dirigidos a personas vulnerables tienen su eje vertebrador en la formación para el empleo. En ocasiones, como paso previo a la incorporación al mercado de trabajo, y otras, ya desde el propio empleo, favoreciendo la educación y promoción personal.

Si la actividad productiva para, también se detienen los procesos formativos que tienen lugar en el curso de esa actividad. Este es un problema que la educación social comparte con la formación reglada, pues también se ha interrumpido la formación en centros de trabajo y la formación dual.

El aprendizaje en el puesto de trabajo, una de las claves del éxito de la formación profesional, ha quedado suspendido y a la espera de que se retome la actividad en las empresas.

Esto coloca a sus participantes en un limbo educativo: esta formación, al ser básicamente práctica, no puede ser impartida a distancia. Requiere de presencialidad, de un número suficiente de horas, de ejercitación de competencias que en este momento se encuentran limitadas pero que no deben impedir la finalización del curso.

La pregunta es: ¿Es posible formar para el trabajo, una actividad con un componente relacional importante, en tiempos de teletrabajo y ante la creciente digitalización de la economía?

El Tercer Sector y la provisión de servicios sociales básicos

En España, muchos de los servicios y programas de inclusión social (entre ellos los de formación), son promovidos y gestionados por entidades sin ánimo de lucro. Su actividad, ahora interrumpida, descansa sobre el trabajo de profesionales contratados, así como de una considerable intervención de voluntariado.

Estas entidades forman parte del Tercer Sector de Acción Social y prestan un servicio de carácter público a población que no está en condiciones de pagarlo. Muchas de ellas están agrupadas en la Plataforma Tercer Sector y pertenecen a la Red Española de Lucha contra la Pobreza, que ya ha alertado de la necesidad de activar medidas que garanticen la continuidad de sus programas.

El Tercer Sector sufrió enormemente el impacto de la crisis financiera de 2008 y las organizaciones que lograron superarla se convirtieron en un recurso fundamental para la continuidad de muchos programas de atención social.

En 2020, ¿será posible mantener la atención social, la atención educativa a personas con necesidades sociales acuciantes, en tiempos de confinamiento? ¿Será posible mantener ese trabajo de promoción, más allá de la asistencia, una vez se levante el confinamiento?

La educación social tras el confinamiento

No cabe duda de que la crisis sanitaria provocada por la pandemia está teniendo un impacto directo sobre toda actividad educativa, reglada o no, que se dejará sentir en la finalización del curso.

La educación no formal que tiene lugar en instituciones del Tercer Sector, además de tener que hacer frente a la educación sin salir de casa y sin apenas recursos, tendrá que restablecer sus procesos educativos.

Gracias al compromiso de los equipos educativos parte de esos procesos se han reinventado: organizando grupos de trabajo a través de aplicaciones telefónicas, recargando tarjetas de móvil y repartiendo ordenadores portátiles, para minimizar el impacto del parón en la actividad presencial.

Aun con esta crisis, las entidades del Tercer Sector podrán acabar el curso y continuarán sus programas formativos. Pero seguro estarán en una situación más difícil y austera, pendientes de la reactivación económica y necesitadas de políticas sociales más consistentes.

Ante este nuevo panorama, el reto de desarrollar nuevas formas de inclusión social será, sin duda, mayor.

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