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Las ventajas del voto electrónico en las elecciones del Barça: vela por la salud de los socios y da mayor legitimidad a la directiva

Las elecciones a la presidencia del FC Barcelona son un acontecimiento de primer orden en Catalunya. De hecho, igual que en 2003, estos comicios serán previos a los del Parlament de Catalunya, que supuestamente serán el 14 de febrero. Una secuencia que marcará la agenda deportiva y política catalana durante este final de año y el inicio de 2021. En esta tesitura, si las cifras epidemiológicas no evolucionan según lo esperado, el debate sobre el voto electrónico estará más vivo que nunca.

Centrándonos en las elecciones del Barça, ni la ley del deporte en Catalunya ni los estatutos del club lo permiten. Por un lado, a causa de la pandemia, vía decreto ley, la Generalitat modificó la legislación con el objetivo de digitalizar la gobernanza de las entidades deportivas, menos los procesos electorales y votos de censura. Pero sí se prevé el voto telemático en la nueva ley del deporte que se tramita actualmente en el Parlament.

Por otro lado, la misma asamblea de compromisarios del FC Barcelona –el máximo órgano de decisión de una entidad que no quiere perder su identidad– no lo aprobó en 2019. La propuesta la presentó uno de los precandidatos actuales, el empresario Víctor Font, que hace tiempo que prepara su asalto al palco azulgrana. De hecho, Font es el abanderado de dos conceptos que, necesariamente, formarán parte del debate sobre el futuro de la entidad a partir de ahora: el voto electrónico y el proceso de disneyización de la industria del fútbol.

En este artículo hablaremos del primero; del segundo, me remito a la obra colectiva que edité con los profesores Russell Holden y Jim O’Brien, Sport, Globalisation and Identity (2020).

El voto electrónico no se prevé en la ley del deporte

Si la pandemia no remite, parece lógico que la entidad se verá obligada a buscar la mejor manera de proteger la salud de su masa social, aparte de garantizar su derecho al voto. La idea de deslocalizar las mesas electorales y ampliar el período de votación a dos días podría ser la solución.

Si bien la gestora consultó, a instancias de uno de los precandidatos, a la Generalitat, la posibilidad de usar el voto telemático y por correo, el corsé legal aún no lo permite. Desgraciadamente, las modificaciones legislativas siempre se producen a partir de la necesidad que impone la realidad social. De hecho, aparte de la tramitación de la nueva ley, la Secretaria General de l’Esport y el Departament de Polítiques Digitals están trabajando para ofrecer un sistema operativo gratuito a todas las entidades deportivas para celebrar juntas directivas y asambleas con garantías de seguridad y confianza.

En relación al voto telemático, en Catalunya hay, actualmente, tres proveedores de esta tecnología: Acrònim, éKratos y la que implementó el sistema que permitió a la candidatura Eines de País y su líder, Joan Canadell, llegar a la presidencia de la Cámara de Comercio de Barcelona, el gigante caído Scytl.

En el año 2014, uno de los máximos expertos en innovación del país, el profesor de ESADE Xavier Ferràs, escribía en su blog Innovación 6.0 que la empresa representaba uno de los grandes éxitos del sistema de innovación de Cataluña, sobre todo teniendo en cuenta que uno de los fundadores de Microsoft, Paul Allen, invirtió en ella 40 millones de euros.

Pero, después de una expansión internacional en la que tomó demasiados riesgos (comprando competidores, incrementando enormemente la masa salarial, etc.) y de entrar en concurso de acreedores, la compañía ha acabado siendo comprada por el grupo irlandés Paragon.

La tecnología existe, e incluso Víctor Font la puso a disposición de la junta directiva del Barça. Independientemente de la opinión que se tenga de las compañías, y del programa electoral de cada uno de los precandidatos, es especialmente relevante concretar que la implementación de estos sistemas de votación telemáticos forma parte de la evolución y normalidad de nuestras democracias.

Ciertamente, el knowhow generado por estas empresas después de haber participado en procesos electorales a nivel internacional nos previene que la tecnología no es infalible, y todo depende de quién esté controlando la sala de guerra de cada proceso electoral.

El voto telemático: un debate imprescindible

Así pues, abrir este debate vale la pena. No solo porque, coyunturalmente, hubiese garantizado mejor la salud de los socios y socias que fueran a las urnas en enero, sino porque hubiera entronizado al FC Barcelona a la vanguardia de uno de los aspectos básicos que definen las democracias modernas del siglo XXI: poner la tecnología al servicio de la participación ciudadana. Concretamente, al servicio de un censo electoral de alrededor de 110.000 socios de los 141.846 totales, y de estos, 14.815 mayores de 70 años.

No obstante, podemos hacer un análisis mucho más focalizado en la idiosincrasia propia de la entidad. En primer lugar, ¿qué sentido tiene para una marca que dice ser global elegir a sus dirigentes con un sistema de votación presencial, aunque sea descentralizado? Hay 10.807 socios que viven fuera de Cataluña.

Si el temor es que el voto telemático permita entrar en la competición electoral a actores poco conectados con el entorno y la historia del club, a partir de otras modificaciones estatutarias también se podría encorsetar quién puede ser (o no) candidato.

Véase el Real Madrid, que desde 2012 pide veinte años de antigüedad a sus presidenciables y un aval del 15% del presupuesto exclusivamente vinculado al patrimonio personal. De hecho, tan nuevo es descentralizar la votación como haber buscado una forma telemática de llevarla a cabo. Y, personalmente, creo que es más razonable asumir el riesgo tecnológico que no la sospecha, después de todo, que haya podido haber algo similar a lo que los norteamericanos, en política, denominan fraude electoral o gerrymandering.

En segundo lugar, y siendo mucho más acorde con los valores históricos de la entidad (democracia, catalanidad, universalismo y plurideportividad), todos los precandidatos han manifestado que el club no puede renunciar a su posicionamiento favorable al “derecho a decidir”; en consecuencia, que la futura asamblea de compromisarios no apruebe el voto telemático es, literalmente, una contradictio in terminis.

La mejor vía para fomentar la participación

El voto telemático, ahora mismo, es la única manera de fomentar realmente la participación: demostrar que todo socio es propietario de la entidad en igualdad de condiciones. Hay 74.200 socios que viven fuera de la ciudad de Barcelona, en el resto de Catalunya, y que se suman a los que lo hacen fuera del Principado.

En el libro Models de club: estructura de propietat i governança (2020), Andrea Traverso, quien ha sido director ejecutivo de Sostenibilidad Financiera e Investigación de la UEFA, apunta que “en un club propiedad de los socios, hay un elemento que hace que todo el mundo esté mucho más unido alrededor de una visión, alrededor de un objetivo, y creo que esto es una ventaja, un valor añadido”.

En un momento en que el FC Barcelona entra en una fase de reestructuraciones económicas draconianas (reducción de la deuda, reducción de la masa salarial, refinanciación de inversiones, etc.), el objetivo del club tendría que ser encontrar la fórmula para que las nuevas juntas directivas y sus decisiones queden más legitimadas. ¿De qué manera el valor de la unidad quedará más reforzado a la hora de afrontar el duro escenario económico (y deportivo) que hay sobre la mesa?

Agrade o no, el voto telemático ofrece muchas ventajas en esta dirección.

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