Lo que siempre quisimos saber sobre las alergias


El 30 por ciento de la población mundial está afectada por una o varias enfermedades alérgicas, que se disparan con la llegada de la primavera. Y la cosa se pondrá aún más fea en 2050 si, como pronostica la Organización Mundial de la Salud, estos problemas terminan afectando a la mitad de la población. Alicia Armentia, Jefe de la Unidad de Alergología del Hospital Río Hortega de Valladolid y catedrática de Alergia, resuelve algunas dudas básicas sobre las alergias y su tratamiento.


Parece que últimamente está aumentado el número de personas alérgicas. ¿Es así?

Rotundamente sí. Actualmente entre el 20 y el 40 por ciento de la población mundial convive con algún tipo de alergia. Si se cumplen los pronósticos, es previsible que en 2050 la mitad de la población mundial sufra alguna alergia. Todo apunta a que la contaminación, el cambio climático y los cambios en la alimentación están detrás de este auge.

¿Es posible curar para siempre una alergia?

Afortunadamente los métodos diagnósticos en este terreno se han desarrollado vertiginosamente en los últimos años. En la actualidad llegamos al diagnóstico molecular, que consiste no sólo en saber que especie o fuente alimentaria está afectando a la persona sino incluso cuál es la molécula concreta de las muchas que conforman su estructura. Por estas razones, el tratamiento con inmunoterapia e inmunomoduladores tiene mucha precisión. La alergia se podría llegar a curar si averiguamos la causa que la provoca en cada persona.

¿Qué diferencia hay entre alergia e intolerancia?

En la alergia interviene un mecanismo de defensa inmunológico, que consiste en la síntesis de un anticuerpo específico (Inmunoglobulina E) frente al alérgeno que no toleramos. Por ejemplo, un sujeto alérgico a la leche produce anticuerpos contra sus proteínas, como la caseína.

Las intolerancias surgen en el sistema digestivo cuando el organismo no es capaz de asimilar un alimento o alguno de sus componentes correctamente. Pero sin que intervenga el sistema inmunológico. Por ejemplo, en la intolerancia a la lactosa –el azúcar de la leche– el origen es un déficit de la enzima que ayuda a su digestión, la lactasa.

A pesar de las cifras, da la sensación de que gran parte de la carga de trabajo de un alergólogo es comunicarle a los pacientes: “hemos hecho pruebas y no tiene usted nada”. ¿Es así? ¿Por qué cada vez más personas creen que tienen una alergia que en realidad no tienen?

Siempre me ha sorprendido que los pacientes se decepcionen cuando le damos la buena noticia de que no son alérgicos a lo que ellos sospechaban. En nuestra consulta solemos descartar muchas alergias a fármacos usando pruebas de tolerancia en las que les suministramos dosis terapéuticas y no les pasa nada.

Sin embargo, muchos pacientes conservan informes muy antiguos como incunables, que enseñan todo arrugaditos a sus médicos de cabecera como prueba de, por ejemplo, una alergia a los analgésicos. Son alergias que nuestros análisis “modernos” han descartado. Y, sin embargo, si en algún momento necesitan un analgésico por dolor se encuentran con que nadie se lo receta. Diría que hay cierto sentimiento de sofisticación, de sentirse “especial” por ser alérgico.

Eso no quita que reconozcamos que los pacientes tienen todo el derecho a saber qué es lo que les está causando esos síntomas que atribuyen (erróneamente o no) a una alergia. No deberíamos escatimar esfuerzos diagnósticos en encontrarlo. También los alergólogos, porque a veces son alérgenos ocultos muy difíciles de identificar.

¿Es cierto que vivimos en una burbuja que debilita nuestro sistema inmunitario?

Desde que llegamos al mundo, nuestro sistema inmunitario ya va tomando forma. Hay estudios que apuntan a que nos afecta negativamente que cada vez haya más cesáreas, porque demasiado bebés no atraviesen el canal de parto, lleno de bacterias protectoras. Para el buen funcionamiento del sistema inmunológico es mejor que el niño nazca por vía vaginal y que tenga lactancia materna. Quizás el motivo de que haya más cesáreas es que somos madres más tarde, y por lo tanto hay más dificultades fisiológicas. Pero harían falta más datos para asegurarlo.

Igualmente, aunque la lactancia es lo deseable, una madre que no puede dar lactancia a su hijo durante los 6 meses que recomienda la Organización Mundial de la Salud no debe sentirse mal por ello. A partir de ese momento ya apenas le está pasando defensas y la calidad de la leche en nutrientes disminuye considerablemente. No se debe prolongar la lactancia materna innecesariamente y perjudicar la nutrición de su hijo.

Las alergias más comunes se desencadenan frente a polen, ácaros y pelo de animal. Pero hay alergias difícilmente evitables. Por ejemplo, al sol, al agua o al frío. ¿Cómo se tratan?

La alergia desencadenada por un estímulo físico es la más difícil de tratar, porque el alérgeno que lo desencadena es difícil de identificar.

La urticaria solar es un tipo infrecuente de urticaria. Representa menos del 0,5% de todos los casos de urticaria y el 7% de todas las fotodermatosis. Una alumna mía ha realizado un TFG (trabajo de fin de grado) sobre la alergia solar y hemos encontrado que la causa principal era el consumo de Ibuprofeno. Con el fin de evitar el agente desencadenante, se recomienda restricción de radiación ultravioleta, además del empleo de protectores de amplio espectro.

Conviene usar vestimenta correcta, por ejemplo algodón, denim o lana, de color oscuro. Además, se recomienda usar prendas que estén etiquetadas con factor de protección ultravioleta (UPF), y se puede emplear un sombrero de ala ancha cuando se está al aire libre. Tampoco está de más permanecer a la sombra y tener en cuenta la calidad del vidrio empleado en las ventanas. Los productos bronceadores que contienen dihidroxiacetona proporcionan una fotoprotección modesta contra los rayos UVA y, en menor medida, contra los rayos UVB.

En cuanto a la alergia al frío, puede ser grave, y hasta desencadenar una anafilaxia si la persona cae bruscamente al agua. Es congénita en el 3,5% de los pacientes por una mutación del gen CIAS1 del cromosoma 1.

Hace unos años, el consejo para la mayoría de los alérgicos era evitar aquello que les provocaba la alergia. Ahora, cada caso se estudia minuciosamente y los tratamientos se diseñan para cada paciente. ¿Qué ha cambiado?

Es muy antigua esta afirmación de William Osler: “Es más importante saber qué clase de paciente tiene la enfermedad que saber qué clase de enfermedad tiene el paciente”. Y más antigua aún la de Hipócrates: “Hay que tratar enfermos y no enfermedades”. Sin duda alguna, cada paciente es diferente, y más a un nivel tan exquisito como su respuesta inmunológica, de la que depende su vida. Hay casos de gemelos idénticos que han desarrollado sensibilizaciones diferentes según dónde y cómo han vivido.

Entre mis pacientes recuerdo con agradecimiento a los drogodependientes. Suelen excluirse de cualquier ensayo clínico y también, desgraciadamente, en algunos casos se escatiman los medios para atenderles. Gracias a su colaboración y generosidad sin límites hemos podido desarrollar proyectos de alergia a drogas de abuso que han generado patentes que han sido útiles para detectar alergia a anestésicos generales (opioides) y locales (derivados de la cocaína).

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