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‘Juniperus cedrus’ (cedro) en el Parque Nacional del Teide. Javier Martín-Carbajal, Author provided

Los viejos rockeros de la naturaleza nunca mueren

La inmortalidad es uno de los principales anhelos humanos. Probablemente sea el motivo por el que nos fascinan los árboles con edades que abarcan decenas de generaciones humanas.

Sin embargo, estos árboles longevos son excepciones, la mayor parte de los árboles mueren prematuramente por factores externos como la acción humana o los desastres naturales. Por eso, estos árboles ancianos suelen encontrarse en lugares recónditos lejos de la actividad humana y en zonas sujetas a pocas perturbaciones. Pero ¿cómo se sabe la edad de un árbol? y ¿cómo son los árboles viejos? ¡Vamos a averiguarlo!

¿Cómo determinar la edad de un árbol?

¿Quién no se ha preguntado alguna vez por la edad de un árbol? La respuesta no siempre es sencilla y en algunas ocasiones requiere de procedimiento científicos avanzados. El modo más preciso es extraer un pequeño cilindro de madera que contiene los anillos de crecimiento. En especies que viven en climas con estaciones marcadas, cada línea o anillo corresponde al crecimiento de un año. Contando los anillos, tendremos una idea muy aproximada de su edad.

Sin embargo, en muchas ocasiones el árbol está tan retorcido que no podemos extraer muestras completas o hay partes del árbol podridas o simplemente hay algunas especies que no forman anillos de crecimiento claramente distinguibles. En esos casos recurrimos a los isótopos radiactivos, que, aunque sea un término que pueda asustar, en este caso no son peligrosos.

Tomamos una pequeña porción de madera de la parte más antigua del árbol, la parte más próxima al centro de la base, para analizar la concentración de un isótopo muy particular, el carbono-14 o radiocarbono. Este isótopo se forma en la atmósfera por el bombardeo de los rayos cósmicos, y todos los organismos vivos lo van acumulando durante su vida, directamente vía fotosíntesis o indirectamente a través de la cadena trófica.

Cuando un organismo (o las células de la madera en el caso de los árboles) muere, deja de acumular este isótopo. Al ser radiactivo, este empieza a descomponerse, de modo que cada 5 730 años se reduce a la mitad. Dado que conocemos con cierta precisión la cantidad de carbono-14 que ha habido en la atmósfera a lo largo de la historia, conociendo la cantidad de este isótopo en un tejido podemos saber la edad de muestras orgánicas de menos de 50 000 años.

El Juniperus cedrus conocido como ‘el patriarca’ (aunque es una hembra). Es el único cedro milenario (1 100 años) que ha conseguido sobrevivir en las zonas accesibles del Parque Nacional del Teide. Su edad se determinó mediante análisis de radiocarbono. Manuel Suárez, Author provided

¿Cómo son los árboles más viejos?

En contra de lo que mucha gente piensa, los árboles grandes no acostumbran a ser los más viejos. Los árboles que crecen rápido no suelen vivir muchos años, ya que a partir de cierto tamaño empiezan a sufrir problemas mecánicos y tienden a colapsar.

Los árboles longevos suelen tener crecimientos muy lentos, generalmente porque han tenido condiciones limitantes a lo largo de su vida, lo que les ha impedido alcanzar su crecimiento potencial. Suelos pobres, competencia de sus vecinos o las limitaciones hídricas son aspectos que reducen el crecimiento de los árboles y los predisponen a la longevidad. Luego hace falta que no ocurran perturbaciones como incendios, y sobre todo que, por algún motivo, el ser humano los haya respetado.

Existe un gran misticismo respecto a la edad de los árboles. Prácticamente en todas las provincias de España existe algún árbol con el apellido “milenario”. Sin embargo, la realidad es tozuda y existen escasas evidencias científicas de árboles más antiguos de 1 000 años en Europa.

En algunas ocasiones, esa calificación de “milenario” se apoya en estimaciones basadas en su tamaño, pero como hemos visto, los árboles monumentales, los grandes, no suelen ser los más viejos. En otras ocasiones, se basa en documentos históricos que relatan que en un momento de la historia se plantaron unos árboles en un determinado lugar. Nuevamente no hay certezas empíricas de que esos árboles que se plantaron en un momento muy concreto de la historia sean los que vemos actualmente.

Los árboles extremadamente viejos, ni son enormes, ni viven en climas benévolos. Este Juniperus cedrus tiene 1 236 años de edad y solo 47 cm de diámetro. Javier Martín-Carbajal, Author provided

Los árboles milenarios del Teide

A la naturaleza le encanta romper nuestros rígidos esquemas mentales. Un claro ejemplo es nuestro reciente hallazgo: una población de árboles extremadamente viejos viviendo al lado de un volcán, y en una zona que fue usada con tal intensidad en el pasado que la mayor parte de los árboles desaparecieron.

Hemos podido comprobar que en el Parque Nacional del Teide hay una población de cedro canario (Juniperus cedrus) con edades muy sobresalientes. Algunos de ellos sobrepasan holgadamente los 1 000 años de vida, y el más antiguo alcanza los 1 481 años (con un error de 30 años). Este último es actualmente el árbol vivo más viejo de la Unión Europea datado con un método científico contrastado.

El Juniperus cedrus más longevo alcanza los 1 481 años de edad. José Miguel Olano, Author provided
Los frutos de los J. cedrus milenarios en los roquedos del Parque Nacional del Teide le están permitiendo colonizar las zonas accesibles del parque. Esta especie era probablemente muy abundante en el pasado, pero la acción humana provocó su extinción en las zonas llanas. Gabriel Sangüesa Barreda, Author provided

Estos árboles tan viejos crecieron en zonas inaccesibles, lejos del hacha y la lava, y en condiciones de baja pluviometría y fuertes contrastes térmicos. Sus tamaños son medianos o incluso pequeños, pero su madera alberga cientos o miles de años de historia. El factor principal para su conservación ha sido evidentemente su inaccesibilidad. Esto nos hace soñar con qué otros tesoros podemos encontrar en otros lugares con árboles encaramados a cientos de metros del suelo.

Los árboles viejos son un tesoro que debemos preservar y estudiar. En sus huecos y estructuras retorcidas albergan una gran cantidad de especies, son fuente de una gran diversidad genética, y nos aportan información muy valiosa sobre las idas y venidas del clima en los últimos siglos o milenios. Los árboles viejos, las estrellas del rock de la naturaleza, constituyen un legado que debemos conservar.

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