Manual de buenas costumbres para ir al retrete como un turista ejemplar

Manual de buenas costumbres para ir al retrete como un turista ejemplar

Si bien la mayoría de los turistas buscan experiencias culinarias o un buen clima a la hora de elegir el destino, unos sanitarios “practicables” en los aseos también son importantes para la gran mayoría de los viajeros.

Puede que crea que preferir una taza de WC en lugar de otra es una cuestión de comodidad, pero es bueno que sepa que el asunto tiene un gran impacto sobre la población local y el medio ambiente. De hecho, muchos de los problemas relacionados con el turismo tienen que ver con el inodoro.

Los estudios científicos revelan que en algunas regiones del mundo, más del 40% del agua es consumida por los turistas. Los viajeros tienden a tirar de la cadena del WC muchas más veces que los habitantes locales. Este uso excesivo del agua dulce para los aseos de los turistas priva a los habitantes de un recurso escaso y esencial para beber, lavar y cocinar.

No tema. Heemsuhree/Shutterstock

El creciente número de turistas acarrea graves repercusiones medioambientales. Los sistemas locales de alcantarillado a menudo tienen dificultades para gestionar la afluencia de desechos orgánicos provocado por la llegada de los viajeros. Muchas islas pequeñas con una infraestructura rudimentaria, como Barbados, no tienen más remedio que verter las aguas residuales sin tratar directamente al mar, poniendo en peligro vastas extensiones de los arrecifes de coral del Caribe.

Esta inundación defecatoria también amenaza las escasas reservas de agua. En Ciudad del Cabo, por ejemplo, los hoteles se han visto obligados a racionar el consumo de sus clientes debido a la sequía que sufre la región. En Bali, el rápido agotamiento de los recursos hídricos está ligado a un fuerte aumento de la demanda turística.

Complejo de superioridad en el WC

Estos riesgos económicos y ambientales a menudo tienen su origen en un equivocado sentido de superioridad cultural que nos acompaña hasta el baño. Internet está atestada de historias de terror de viajeros sobre sus experiencias en el cuarto de baño, escritas con muy poca sensibilidad hacia la realidad social de sus lugares de destino y que revelan un escaso compromiso cívico.

Los que tienen la suerte de viajar deberían tener en cuenta esta importante cifra: según los cálculos de las Naciones Unidas (2017), el 61% de la población mundial -unos 4.500 millones de personas- no tiene acceso a letrinas salubres para la eliminación de desechos.

Tal vez habría que recordar que los hábitos de los países ricos dentro del cuarto de baño están lejos de ser perfectos. Por ejemplo, defecar en cuclillas en lugar de sentado en la taza es más beneficioso para el colon. O bien: en lugar de mirar hacia otro lado, echar un vistazo a los excrementos antes de tirar de la cadena puede ser un valioso control sobre nuestro estado de salud.

Existen diferentes soluciones de saneamiento adecuadas para cada situación. El Banco Mundial y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) han trabajado para promover innovaciones en materia de inodoros en todo el mundo, desafiando los prejuicios sobre el tema en aras a contribuir a un desarrollo sostenible.

Por ejemplo, los retretes desviadores de orina en Bolivia son el eslabón esencial de una cadena que transforma los desechos en fertilizantes para los cultivos. La Universidad de Cranfield (Reino Unido) está desarrollando inodoros nano membrana, que convierten las heces y la orina en agua limpia y energía, sin usar electricidad o agua externa.

Baños de compost y urinarios sin agua

Algunos destinos turísticos occidentales ya están reconsiderando su “política” de inodoros. Los baños de compost instalados en varias reservas naturales escocesas han sido acogidos con éxito entre sus visitantes. El Zoológico de Melbourne, entre otros, ha dotado de medidas de conservación y reciclaje de agua en sus baños, incluyendo urinarios sin agua. El uso cada vez mayor de estas prácticas, alentado por las autoridades y las empresas, contribuirá sin duda a cambiar el comportamiento de los turistas cuando viajen lejos.

Hay cambios sencillos que los viajeros pueden adoptar cuando van al baño y que tendrán un impacto positivo sobre el medio ambiente y el entorno local, incluso pueden hacer que la experiencia de sus vacaciones sea más enriquecedora.

Hay que recordar que los diferentes entornos ecológicos implican diferentes estilos de ir al baño.

  1. Evite siempre tirar toallitas y otros desechos no biodegradables al inodoro.

  2. En zonas de sequía, tenga cuidado con el uso del agua. No exija a los habitantes locales lo que no tienen.

  3. Limite la duración de sus duchas, cierre el grifo mientras se cepilla los dientes

  4. Y no tire de la cadena solo por un pis.

Gestos como éstos beneficiarían mucho a los habitantes de destinos turísticos en los países en desarrollo.

Apoye a los pequeños establecimientos: puede que sus inodoros no brillen, pero la experiencia podría ser más que memorable. Recordemos aquí que el turismo de lujo en los países en desarrollo rara vez beneficia a los necesitados.

Un museo de retretes

Por último, alimente su sentido de la aventura. Si quiere vivir como un local, defeque como un local. Empaquete su desinfectante de manos y el papel higiénico de repuesto y sumérjase en la cultura local. Hay numerosas atracciones turísticas sobre el asunto del baño que merecen una visita, como por el Museo Haewoojae en Corea del Sur, dedicado por entero a los retretes.

No deberíamos esperar que todos los inodoros fueran como los nuestros. Si explorar otras formas de vida y ampliar nuestros horizontes es la esencia del turismo, por el bien del medio ambiente, ya es hora de que nos volvamos más abiertos y aventureros con nuestro aseo cuando viajamos. Así que si viaja a Roma, límpiese como lo hacían los romanos… ¡con un palo con una esponja húmeda en un extremo!

This article was originally published in English