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Frontis del ‘Dictionarium’ de Antonio de Nebrija en la edición impresa en Granada en 1536 por sus hijos. Xilografía atribuida a Antonio Ramiro, natural de Écija, grabador principal de la imprenta de los hijos de Nebrija. Real Academia de la Historia

¿Por qué seguimos hablando de Nebrija?

En este año de 2022 en toda la hispanidad se conmemora el quinto centenario de la muerte de Antonio de Nebrija (1522- 2022). Surge esta efeméride como un proyecto plural “2022, Año Cultural Nebrija”, impulsado por distintas instituciones y bajo la promoción del Ministerio de Cultura y Deporte de España.

Ya en la Ley 11/2020, de 30 de noviembre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2021 fue dispuesto que la celebración del evento “tendrá la consideración de acontecimiento de excepcional interés público”.

Una figura ilustre

No cabe duda de que para las letras y la cultura españolas el humanista Antonio de Nebrija (Lebrija 1444 – Alcalá de Henares 1522) es una figura de reconocido prestigio, uno de los personajes más ilustres de la historia de nuestra cultura.

Murió a la edad de 78 años, víctima de un ataque de apoplejía, una muerte súbita para quien disfrutó de una vida que discurrió entre méritos progresivos, conscientes estimaciones y reflexivos trabajos. Una vida que giró y fue guiada por su estudio a la lengua, por el interés de su enseñanza y por la destreza de sus análisis.

«Para el colmo de nuestra felicidad y cumplimiento de todos los bienes, ninguna otra cosa nos falta sino el conocimiento de la lengua».

Introductiones latinae (1495), Antonio de Nebrija

¿Por qué seguimos hablando de Nebrija?

Reproducción del grabado de Brieva de Antonio de Nebrija, publicado por la Calcografía nacional, 1892. La Ilustración Española y Americana / Wikimedia Commons

Debemos saber que su nombre de bautismo fue Antonio de Cala y Jaraba. Él mismo decidió adoptar por apellido el nombre de su ciudad natal, la antigua Nebrissa, hoy Lebrija (Sevilla) y el praenomen Aelius, muy frecuente en la epigrafía bética; de modo que hoy es conocido como Elio Antonio de Nebrija.

Como hombre vinculado al movimiento intelectual del humanismo renacentista, miró a los modelos clásicos y su currículo se fundó en la studia humanitatis, de firme base en las letras humanas.

Desde esa visión y estudio se formó como humanista, gramático, lexicógrafo, historiador, pedagogo, traductor, exégeta, docente, catedrático, filólogo, lingüista, impresor, editor, cronista real, escritor, poeta… Aprendió latín, griego, hebreo, artes y ciencias humanas, teología, derecho y medicina, por lo que logró una formación humana integral.

Antonio de Nebrija impartiendo una clase de gramática en presencia de D. Juan de Zúñiga. Introducciones Latinae, 1486. Biblioteca Nacional / Wikimedia Commons

Ejemplo de ello es su tarea como editor de la primera edición española en latín del conocido tratado sobre botánica, minerales y animales, descritos por el interés de sus propiedades terapéuticas, el Pedacii Dioscoridis Anazarbei De medicinali materia (Alcalá de Henares, Impressum Compluti Carpetaniae : in officina Arnaldi Guilellmi, 1518). De este texto latino se serviría Andrés Laguna, médico del Emperador, para hacer la versión castellana de la obra (Pedacio Dioscorides Anazarbeo, Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortiferos. Traduzido de lengua griega en la vulgar castellana… por Andres de Laguna. En Anuers: en casa de Iuan Latio, 1555).

Su vocación filológica le permite de manera transversal contar con un método cierto para analizar las relaciones que mantienen entre sí la idea y la palabra.

Ejemplo de esto son su Lexicon Iuris Civilis (Salamanca, 1506), obra de obligada consulta en los estudios del derecho, y su Introductorium Cosmographicum (Salamanca, ca. 1503), trabajo que sirve para introducir en España los principios de geografía del astrónomo Claudio Ptolomeo, en donde el autor trasmitía el conocimiento sobre esta ciencia adquirido en Italia.

«La vida de Antonio de Nebrija es modelo de consagración a la investigación y a la docencia. Como maestro, formó a innumerables discípulos que unas veces de manera fiel, otras de modo inconfesado, desarrollaron la labor por él iniciada. Como investigador, es Nebrija uno de los autores más prolíficos de la Europa de su tiempo. Los títulos de sus obras —latinas y castellanas— se cuentan por decenas».

Un maestro preterido: Elio Antonio de Nebrija, J. Fernández-Sevilla

Gramática castellana (1492), primera gramática de nuestra lengua

Pero es, sin duda, su obra lingüística, en especial la Gramática castellana (1492), la que lo hará transcender a su tiempo y que hoy, quinientos años después, haga que sigamos hablando de él.

Su Gramática castellana (1492) es la primera gramática dedicada a la lengua española. Con esta obra no solo se ofrecía una herramienta didáctica para el aprendizaje de la lengua sino que se dignificaba el idioma, se conseguía separar a la cultura que representaba la lengua castellana lejos de las culturas ágrafas, de los pueblos bárbaros sin escritura ni reglas lingüísticas. Con esta obra se lograba dotar a la sociedad de una identidad, adscrita a través de un código social compartido y con un claro factor de unidad política, lingüística y cultural.

«… no quedaría otra cosa sino que florezcan las artes de la paz. Entre las primeras es aquella que nos enseña la lengua: la cual nos aparta de todos los otros animales: i es propia del ombre: i en orden la primera después dela contemplación: que es oficio proprio del entendimiento».

Gramática castellana (1492), Nebrija.

La Gramática tuvo un fin claro, fijar la lengua castellana, dotar a la lengua romance de una regla, para dignificar el idioma castellano y así equipararlo a la lengua latina para que «lo que agora i de aquí adelante en el se escribiere pueda quedar en un tenor: i estenderse en toda la duración delos tiempos que están por venir».

Los cinco libros de Elio Antonio de Nebrija de la enseñanza de la Gramática, añadida la traducción al castellano en verso y prosa de los géneros, pretéritos y supinos de los verbos, y de los libros cuarto y quinto por Rodrigo de Oviedo. Biblioteca Nacional de España / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Para Nebrija, aquel momento era el tiempo adecuado de madurez lingüística para ello: «lo cual hezimos enel tiempo mas oportuno que nunca fue hasta aquí. Por estar la nuestra lengua tanto en la cumbre que mas se puede temer el decendimiento della: que esperar la subida».

El siglo XV terminaba ampliando horizontes hacia nuevos mundos y la estabilidad política invasora traía consigo una imposición lingüística. Un nuevo mundo con nombres españoles; una expansión territorial con una oportuna ocasión para la difusión de la lengua; una España como foco improviso de irradiación lingüística. Una lengua que hoy da identidad de lengua nativa a cerca de 492 millones de personas.

Lo que celebramos en la efeméride de Nebrija no es una historia particular de la gramática o de sus diccionarios en castellano, sino la inauguración de una praxis cultural y social de creación lingüística en donde la cultura se objetiva en un discurso formalizado y sistematizado en una gramática y en un orden alfabético en los diccionarios, llegando este modo de acción cultural hasta nuestros días.

Gaudeamos igitur (Alegrémonos pues).

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