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¿Son las universidades españolas inclusivas y abiertas a la diversidad?

Incluir a todos los estudiantes y garantizar que tengan una oportunidad igual y personalizada de progresar en el ámbito universitario sigue siendo un reto en casi todos los países. Si bien a nivel internacional algunos países lo tienen más asumido.

En el ámbito europeo, la voluntad política hacia la inclusión de la diversidad en las instituciones universitarias es muy clara. El 19 de noviembre de 2020 la CRUE lanzó una declaración “Por un Espacio Europeo de Educación Superior más inclusivo, innovador e interconectado” en la que ratifican el comunicado de la Conferencia Ministerial Europea de Roma de 2020.

En este comunicado “de Roma” se ponen de manifiesto las inigualables oportunidades que ofrece el Espacio Europeo para la Educación Superior (EEES) para responder a la dimensión social de la institución. Se proponen una mayor presencia y participación de estudiantes en la universidad pertenecientes a grupos “vulnerables, desfavorecidos y subrepresentados” y se establecen las líneas generales de trabajo y los objetivos para los próximos años y de cara al futuro de la Educación Superior en Europa en el 2030.

De la voluntad a la realidad

A pesar de las buenas intenciones de la Conferencia Ministerial Europea y de la CRUE, ¿cuál es la imagen que las universidades proyectan en el exterior como espacios inclusivos? ¿Cómo la perciben los agentes externos colaboradores con las instituciones universitarias?

Recientemente hemos publicado un artículo en el que preguntamos a los agentes externos cómo perciben la diversidad en las instituciones universitarias. En concreto, hemos explorado sus visiones sobre las medidas que las universidades ponen en marcha para responder a dicha diversidad, una realidad cada vez más presente en las instituciones de educación superior, vinculada a la globalización y a la presencia de estudiantes no convencionales. También hemos recabado sus representaciones sobre los retos que presenta la diversidad en estas instituciones.

En concreto, realizamos 18 entrevistas a actores sociales vinculados a ocho universidades españolas: sindicatos, colegios profesionales, partidos políticos, entre otros. Nuestras conclusiones apuntan a que la universidad no se percibe desde el exterior como un entorno diverso e inclusivo.

¿Qué diversidad?

Los resultados indican que los actores sociales interpretan la diversidad de manera diferente en función del sector al que pertenecen. Pero sus concepciones, en general, suelen estar vinculadas a los colectivos tradicionalmente asociados a la diversidad: género y discapacidad.

Sin embargo, los actores sociales no mencionan a otros grupos: minorías étnicas, orientación sexual, migrantes y refugiados, bajo o medio nivel socioeconómico. Esto muestra que son grupos invisibilizados, pues no existe todavía una relación entre cuestiones relacionadas con las desigualdades y la idea de diversidad. Tales resultados advierten del camino que queda por construir para institucionalizar los procesos de atención a la diversidad.

La percepción exterior de estas instituciones es que todavía no son tan accesibles a determinadas poblaciones y tipologías de estudiantes. De cara al exterior, las universidades españolas se esfuerzan por mostrarse como instituciones internacionales, globales y plurales. De puertas adentro, sin embargo, se mantienen situaciones de desigualdad sistemática con grupos raciales minorizados, y no logra proyectar su agenda social vinculada a la justicia.

Reducir obstáculos

A pesar de los encomiables progresos realizados en las últimas dos décadas para aumentar el acceso a la educación superior, es necesario seguir esforzándose para reducir al mínimo los obstáculos al aprendizaje. Un equipo de investigadores e investigadoras de ocho universidades españolas ha explorado durante cuatro años las oportunidades, los significados y las acciones sobre atención a la diversidad en la universidad.

Este proyecto, InclUNI, ha diseñado algunas propuestas piloto de institucionalización de actuaciones concretas, como la propuesta de un plan de formación para el profesorado universitario sobre el Diseño Universal de Aprendizaje.

Democratizar el aprendizaje

Dentro de los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, debemos empezar por construir un modelo institucional orientado a la equidad. Para lograr este ambicioso objetivo, las instituciones universitarias deberían tomar medidas para prevenir y abordar todas las formas de exclusión, vulnerabilidad y desigualdad en el acceso, participación y finalización de la educación, así como en los procesos y los resultados de aprendizaje.

Debemos considerar la diversidad entre el estudiantado como una oportunidad para mejorar y democratizar el aprendizaje. La CRUE presta su apoyo con la formulación de políticas universitarias. Sin embargo, aún queda que los centros universitarios apoyen institucionalmente al profesorado y a las principales partes interesadas en sus esfuerzos por implementar y aplicar las políticas, programas y prácticas inclusivas que respondan a las necesidades de todo el alumnado.

Se requiere, por tanto, introducir esta dimensión de manera más decidida en el Plan Estratégico de las universidades españolas más allá del trabajo realizado por el profesorado muchas veces de manera individual y voluntaria.

Gobernanza y organización, no solo docencia

Si la diversidad y la inclusión se consideran una cuestión central deben impregnar la cultura organizacional y las prácticas de gobernanza de cada centro. Es imprescindible promover el tipo de acciones que garanticen que las diferencias no generen o amplíen las desigualdades sociales.

De momento, los colectivos de población que se encuentran poco representados en la enseñanza universitaria incluyen a las personas con algún tipo de discapacidad, a los que proceden de estratos sociales más bajos, a los inmigrantes, refugiados, minorías étnicas, a quienes tienen cargas familiares, a quienes trabajan y a otros grupos que no responden al perfil de alumnado “convencional”.

Es tiempo de que las universidades demostremos que “la retórica de la diversidad” penetra en la estructura real del sistema y que no dejamos que se quede tan solo en los preceptos legales. En este sentido, hay que analizar si los meros discursos meritocráticos, que buscan la presencia en el sistema universitario de los “excelentes” de los distintos grupos, finalmente dejan indemnes las desigualdades entre colectivos.

Desde la responsabilidad social universitaria, estimamos prioritario apostar por la institucionalización de la atención inclusiva de la diversidad. Esto requiere una consideración sistémica y cultural que oriente las acciones y el compromiso social desde el rigor universitario propio de su misión.

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