Una mujer china camina junto a un cartel que muestra el logotipo de Huawei en Pekín, China, el 12 de diciembre de 2018. WU HONG / EPA

¿Por qué algunos países vetan a Huawei?

La compañía de telecomunicaciones china Huawei se encuentra bajo escrutinio en todo el mundo debido a la preocupación de Estados Unidos, Europa y los países aliados, que consideran que los vínculos del gigante tecnológico con el gobierno chino suponen una amenaza para la seguridad nacional. Huawei, que niega todas las acusaciones, es “el proveedor de equipos de telecomunicaciones más grande del mundo”, y aspira a “dominar el mercado” en la siguiente generación de comunicaciones inalámbricas, que recibe el nombre de 5G. Ahora sus objetivos se ven amenazados por los gobiernos de todo el mundo, que restringen las expectativas de la compañía e incluso le prohíben operar en algunos países.

Ninguna empresa china es completamente independiente del gobierno de su país, que se reserva el derecho a exigir que las compañías colaboren con la recopilación de información. Pero la unión de Huawei con el gobierno es aún más estrecha: su fundador, Ren Zhengfei, fue tecnólogo del Ejército Popular de Liberación. A medida que el negocio fue creciendo, también lo hizo el recelo internacional sobre la firma, de la que sospechan que es utilizada para espiar a numerosas empresas y gobiernos de todo el mundo.

Ya en 2003, Huawei fue acusada de robo de la propiedad intelectual, entre otros, al fabricante de hardware estadounidense Cisco. Finalmente no llegaron a enfrentarse los tribunales al resolver el acuerdo extrajudicialmente, pero no terminaron ahí las dudas sobre Huawei, ya que ha sido acusada de apropiarse indebidamente de la propiedad intelectual de otras firmas, así como de haber violado sanciones económicas internacionales. A lo largo de 2018, la preocupación generalizada dentro de la comunidad internacional de inteligencia ha aumentado, lo que supone una presión aún mayor sobre Huawei y otras empresas chinas.

Unos meses complicados

En febrero, los jefes de seis agencias de inteligencia estadounidenses trasladaron a un comité del Senado su nula confianza en Huawei y en el rival de esta, ZTE, también de origen chino. Asimismo, manifestaron que recomendarían a los ciudadanos no usar smartphones o cualquier tipo de terminales que tuvieran el sello de estas compañías.

Los líderes de las seis principales agencias de inteligencia de E.E.U.U. aseguraron al Senado que no confiaban en que Huawei o ZTE no espiaran a ciudadanos, empresas y agencias gubernamentales estadounidenses. AP Photo/Andrew Harnik

El 17 de julio de este año se informó de la reunión de los jefes de inteligencia de Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Uno de los objetivos del encuentro fue planear la estrategia para hacer públicas las preocupaciones acerca de la presencia de Huawei en sus países.

Dos días después, un laboratorio dirigido por el gobierno de Reino Unido establecido especialmente para evaluar el hardware y el software de Huawei encontró “deficiencias” en los procesos de ingeniería que aumentaban el riesgo en la seguridad. Tras las presiones del gobierno británico, Huawei accedió a invertir 2.000 millones de dólares para solucionar los fallos.

A mediados de agosto, el presidente Donald Trump firmó una ley aprobada previamente por el Congreso que prohíbe a las agencias gubernamentales del país adquirir o utilizar telecomunicaciones y productos de vigilancia fabricados por Huawei y ZTE, cuyos nombres aparecen explicitados en la ley.

Una semana después Australia anunció una prohibición similar, vetando la actividad de compañías “que probablemente estén sujetas a directrices extrajudiciales proporcionadas por gobiernos extranjeros” en el despliegue de las comunicaciones 5G en el país oceánico. El comunicado no mencionaba específicamente a ZTE o Huawei, pero esta última criticó una decisión que consideraba basada en “prejuicios ideológicos” y no en una preocupación real por la seguridad.

A finales de noviembre, el servicio de inteligencia neozelandés siguió los mismos pasos que sus vecinos australianos con la prohibición a Huawei de participar en el desarrollo de su 5G, aduciendo “considerables riesgos para la seguridad nacional”.

Lu Shaye, embajador de China en Canadá, salió en defensa de Meng Wangzhou. Reuters/Chris Wattie

El gobierno de Canadá, donde las compañías de telecomunicaciones utilizan de manera generalizada equipamiento proporcionado por Huawei, está discutiendo aún el posible veto. El país arrestó a la directora económica de Huawei, Meng Wangzhou (hija del fundador de la compañía), debido a la afirmación procedente de Estados Unidos de la violación por parte de Meng de las sanciones internacionales impuestas a Irán. China amenazó a Canadá con “graves consecuencias” si Meng no era liberada de inmediato. Actualmente se encuentra en libertad bajo fianza con un procedimiento de extradición abierto.

Días después del arresto de Meng, BT Group, compañía privada líder de las telecomunicaciones británicas, anunció que eliminaría los equipos de Huawei de sus redes móviles y que prescindiría de la tecnología facilitada por la firma asiática en la elaboración de sus futuros sistemas móviles.

A principios de diciembre, Japón expuso su disposición a apartar a Huawei y ZTE de sus redes 5G.

A mediados de este mes, la firma francesa de telecomunicaciones Orange (anteriormente France Télécom) aseguró que no emplearían equipamiento elaborado por Huawei en su red 5G.

La alemana Deutsche Telekom afirmó que estaban revisando los equipos de Huawei para despejar cualquier duda acerca de su seguridad.

Por último, el 17 de diciembre las autoridades checas alertaron a los usuarios de Huawei por razones de seguridad.

Tensos enfrentamientos por las pruebas

Todos estos países y empresas están expresando su preocupación acerca de la posibilidad de que el gobierno chino trate de explotar la tecnología desarrollada por Huawei para espiarlos y conseguir acceso a información secreta de sociedades, gobiernos y ejércitos.

Las tensiones entre los valedores del libre comercio y la seguridad nacional vienen de atrás. Aquellos que se muestran escépticos con la seguridad y piden favorecer el libre intercambio de bienes pedirán las pruebas que demuestren que Huawei, ZTE y otras compañías extranjeras han espiado, o podrían hacerlo, conversaciones y transmisiones de datos. Por su parte, aquellos que abogan por la seguridad defenderán que las pruebas deben permanecer en secreto con el fin de proteger las operaciones de inteligencia.

La situación con estas empresas es aún más complicada, ya que Huawei y el gobierno chino tratan de ocultar el alcance total de sus relaciones. Sin embargo, resulta extraño que Estados Unidos y los países aliados tomen ese tipo de decisiones para limitar la actividad de ciertas compañías. Estos movimientos parecen indicar que, a pesar de que no existan pruebas detalladas que hayan visto la luz, detrás se esconde una serie de evidencias que sostienen las preocupaciones de la inteligencia de varios estados.

El enfoque de numerosos países y agencias de seguridad en la participación de Huawei en los sistemas 5G multiplica la importancia del asunto: se espera que la siguiente generación de tecnología inalámbrica fomente una mayor conectividad en el llamado “Internet de las cosas”, que vinculará automóviles inteligentes, casas inteligentes y ciudades inteligentes.

Presenciaremos la unión de miles de millones de dispositivos, todos comunicándose entre sí, lo que podría dar lugar a una multitudinaria web de vigilancia que abarcaría gran parte del mundo, aumentando así el número de objetivos potenciales víctimas del espionaje. Mientras los gobiernos buscan la manera de tejer redes 5G seguras y fiables en todo el planeta, Huawei ve sus expectativas limitadas por sus lazos con el gobierno chino.

This article was originally published in English