Por qué la Guerra Civil Española sigue obsesionando a la literatura gótica

Las ruinas de una iglesia en Belchite, Zaragoza, destruida durante la Guerra Civil Española. Shutterstock / Gonzalo Vidania

Por qué la Guerra Civil Española sigue obsesionando a la literatura gótica

El espectro de la Guerra Civil sigue manifestándose en España de maneras distintas. Se percibe su legado en los conflictos por la independencia catalana, pero también de manera más sutil en el arte, la literatura y el cine. Muchos recordarán las inolvidables coproducciones del mejicano Guillermo del Toro El espinazo del diablo (2001) y El laberinto del fauno (2006). Pero su presencia es especialmente notable en las obras del escritor Carlos Ruiz Zafón. Su novela El laberinto de los espíritus, la última del cuarteto superventas El cementerio de los libros olvidados, se publicará en inglés este septiembre.

Los lectores hispanoparlantes ya tuvieron acceso a El laberinto de los espíritus en el 2016, pero, dado que casi supera las 1.000 páginas en su edición original, no es sorprendente que se haya tardado casi dos años en traducir el libro. Se espera que sus proporciones épicas y la habitual mezcla de suspense, melodrama y humor (así como esa Barcelona gótica como telón de fondo) que caracteriza la obra del escritor deleitarán a los millones de fans de la serie.

Un nuevo personaje, la detective Alicia Gris, se une al interesante elenco de unos libros que se han sumergido durante más de una década en una profunda exploración de los horrores y los silencios de la Guerra Civil Española.

Carlos Ruiz Zafón en Colonia, Alemania, en marzo de 2017. EPA / SASCHA STEINBACH

El cementerio de los libros olvidados

Los otros volúmenes en el cuarteto de Ruiz Zafón, a saber, La sombra del viento (2001), El juego del ángel (2008) y El prisionero del cielo (2011), también tienen lugar durante la Guerra Civil y la posguerra. Las novelas mezclan de manera innovadora las fórmulas clásicas de la literatura gótica con un realismo social revisionista fuertemente marcado por la guerra y la recuperación de España como evento traumático cuya percepción se ha visto afectada por cambios históricos y sociales recientes.

Como ya he propuesto en mi libro sobre el gótico en España, el miedo en estas novelas no es estrictamente de origen espectral. El horror se deriva de la guerra, del régimen fascista posterior y de sus seguidores. De manera importante, el antihéroe gótico en La sombra del viento, Julián Carax, resulta no ser el villano que parecía, sino el hombre que acaba salvando al protagonista del verdadero monstruo: el policía Fumero.

La Guerra Civil se imagina de forma visceral y con brutal crueldad en las novelas de Ruiz Zafón. La guerra se presenta tan gótica como su entorno, una Barcelona perdida, lluviosa y deprimida que contrasta fuertemente con las imágenes de la ciudad en el turismo contemporáneo.

La biblioteca, apropiadamente llamada el cementerio de los libros olvidados, se convierte en el catalizador de todos los eventos y se erige como metáfora poética de los caídos en la guerra. Se describe en La sombra del viento como una necrópolis sin fin en la que los volúmenes permanecerán “inexplorados, olvidados para siempre” hasta que sean rescatados por lectores audaces que se conviertan en sus protectores. No es difícil ver en estos atrevidos lectores a los españoles modernos, algunos de los cuales andan desenterrando, de manera literal, a los muertos de la guerra desde que la primera exhumación de una fosa común tuviese lugar en el 2000.

‘De la guerra no se habla’

De esta orden casual que escuché a menudo en la España de los años ochenta y noventa puede deducirse la actitud del país hacia un conflicto que tuvo lugar hace 80 años pero que todavía se halla muy presente en la vida de los españoles. La guerra se parece a un fantasma, pero se manifiesta más bien como un legado maldito. Es un eco de “los pecados de los padres (que) caen sobres sus hijos hasta la tercera y cuarta generación”, la principal moraleja de la obra de Horace Walpole El castillo de Otranto (1764), generalmente aceptada como la primera novela gótica de la historia.

Se ha sugerido que el tropo de la represión traumática (típico del gótico) pueda no ser apropiado para el caso de la Guerra Civil Española. La razón de la relativa tardanza del “memory boom” (“boom de la memoria”) en los noventa y la primera década del siglo XXI podría deberse a la reticencia a contar sus historias por parte de quienes vivieron el conflicto. Así parece confirmarlo, en parte, El monarca de las sombras (2017), de Javier Cercas. La decisión de romper con el pasado después de la muerte de Franco pudiera estar más relacionada con la decisión de no querer dejar que el pasado afecte al futuro que con intentar silenciarlo.

Lluís Companys, el presidente de Cataluna desde 1934 y durante la Guerra Civil.

Sin embargo, los conflictos sobre el referéndum independentista catalán en el 2017 demuestran que la idea de que el pasado no ha de afectar al futuro no solo es insostenible sino incluso reaccionaria. Esta posición puede enmascarar un deseo inadvertido de que las cosas sigan como están, sin cuestión ni queja. En este sentido, es interesante que los libros de Ruiz Zafón tengan lugar en Cataluña, una parte de España con una historia de resistencia a políticas centralistas y cuyo presidente durante la Guerra, Lluís Companys, fue finalmente ejecutado por el régimen.

El cuento gótico moderno de España

La Guerra Civil sigue siendo el cuento gótico moderno favorito de España. Esto se debe a que hace poco que el país ha comenzado a tratar abiertamente el legado de la guerra y el impacto que tuvo, y sigue teniendo, en la vida de las personas directamente afectadas por ella. Este proceso no podría haberse iniciado mucho antes, dado que los crímenes cometidos durante el franquismo siguen sin ser reconocidos legalmente y no son, por ello, sancionables.

Es posible que el pasado nunca descanse en paz, pero que solo el reconocimiento de sus efectos –y de la forma en que los discursos nacionalistas actuales se han visto influenciados por ellos– será capaz de terminar con el tipo alienación, miedo e ira presentes en el trabajo de Ruiz Zafón y otros artistas. Debemos continuar leyendo y hablando sobre la Guerra Civil y condenando los brutales asesinatos y actos de represión que han afectado a España durante al menos tres generaciones. Como advirtió el filósofo George Santayana, “aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.

This article was originally published in English