El 12.5% de las mujeres han sufrido violencia física y/o sexual por parte de sus parejas o exparejas en algún momento de su vida. Shutterstock / icedmocha

¿Qué es la violencia de género?

La violencia es un problema que envuelve a toda sociedad y precisa del estudio de sus formas, manifestaciones y características. No obstante, de todas las agresiones existentes, la violencia contra la pareja adquiere especial relevancia puesto que es un fenómeno frecuentemente heterogéneo y multicausal, si bien las consecuencias más graves las sufren las mujeres.

¿Qué entendemos por violencia de género?

La Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género tiene por objeto actuar contra la violencia ejercida sobre las mujeres por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones de afectividad, aun sin convivencia.

Esta violencia es una manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres.

Antes de su entrada en vigor, las manifestaciones de violencia contra la mujer por parte de su pareja aparecían tipificadas como violencia doméstica. Sin embargo, cabe destacar que el empleo de dichos términos favorece la aparición de justificaciones que eluden su responsabilidad.

La violencia de género no es un problema que afecte únicamente al ámbito privado de la víctima, sino que tiene importantes repercusiones sociales fruto de la desigualdad de género.

Cifras de la violencia de género

Según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer realizada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en 2015, el 12.5% de las mujeres han sufrido violencia física y/o sexual por parte de sus parejas o exparejas en algún momento de su vida, de las cuales el 44.6% no concede suficiente importancia a la violencia de género sufrida.

En la misma línea, tan sólo el 28.6% de las mujeres que han sufrido violencia física y/o sexual han denunciado las agresiones, puesto que el miedo (26.56%) o el sentimiento de vergüenza (21.08%) las paraliza y favorece que no denuncien la situación de malos tratos.

Asimismo, cabe destacar que el 20.9% de las mujeres que denunciaron, acabaron retirando la denuncia contra la pareja.

Por su parte, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (2018) señala que en el año 2016 hubo un total 143.535 denuncias por parte de quienes eran víctimas de esta violencia. Pero esta cantidad es sólo una pequeña parte de la realidad, puesto que de las 44 mujeres fallecidas por violencia de género en ese mismo año, tan sólo 15 habían denunciado su situación.

El año 2017 experimenta un ascenso significativo en cuanto al número de denuncias totales, que fue de 166.260. Además, el número de víctimas mortales de violencia de género ascendió a 49 mujeres, de las cuales 11 habían presentado denuncia.

Comprobamos que la violencia de género sigue teniendo una elevada prevalencia que no se ha conseguido reducir pese a los intentos, por parte de la comunidad científica en los últimos años, de conocer y prevenir estas agresiones en la pareja.

Características de los agresores

Los resultados del proyecto de investigación nacional titulado “El agresor de violencia de género: tipologías, estrategias y tratamiento” permiten constatar que un porcentaje elevado de agresores tiende a asumir la responsabilidad por la violencia ejercida y no justifica la agresión, aunque en mayor medida culpan a la víctima de lo sucedido.

Por otro lado, comprobamos que existe una baja frecuencia de pensamientos distorsionados relacionados con la inferioridad de la mujer entre los agresores, si bien interpretan la violencia como un recurso idóneo para la resolución de conflictos.

Del mismo modo, los agresores condenados por violencia de género no manifiestan una actitud hostil hacia las mujeres, tienen una elevada autoestima y presentan un adecuado apoyo social funcional, tanto en la esfera familiar como en la social.

Prevención y tratamiento

Con relación a lo anterior, los estudios concluyen que un bajo nivel educativo y la presencia de celos en la relación de pareja favorecen el mantenimiento de actitudes sexistas.

En este sentido, las actitudes sexistas se relacionan con una mayor falta de atribución de responsabilidad, así como con una mayor tendencia a minimizar el daño producido en la agresión.

No obstante, se ha constatado que los condenados que han participado o participan en un programa de tratamiento específico de violencia de género tienen una menor tendencia a minimizar el daño.

Las conclusiones derivadas de lo anterior redundan en la importancia tanto de la prevención primaria como de la intervención con esta población, dada la eficacia de los programas en la asunción de responsabilidad y en la disminución de las actitudes que favorecen el mantenimiento de las estrategias de justificación y minimización del daño ejercido sobre la pareja.

Tal y como afirma la LO 1/2004, la prevención y el tratamiento de la violencia de género deben enfocarse de un modo integral y multidisciplinar, haciendo especial hincapié en el proceso de socialización y educación. “La conquista de la igualdad y el respeto a la dignidad humana y la libertad de las personas tienen que ser un objetivo prioritario en todos los niveles de socialización”.

Asimismo, la actuación debe centrarse en la protección de la víctima, así como en recursos para evitar reiteraciones en la agresión que perpetúan el ciclo de la violencia.