Pectorales, bíceps, tríceps, cuádriceps, isquios o gemelos… todos trabajando. Gentrit Sylejmani / Unsplash

Consejos para nadar bien

Según el “Estudio de valores y mapa del deporte en España”, en el que colabora el Comité Olímpico Español, la natación es el deporte más practicado en España. En los últimos años, la práctica de la natación ha experimentado un considerable crecimiento debido a la mejora en la calidad de vida que provoca dicha práctica. Como deporte aeróbico, alarga la vida, como así lo demuestra un estudio que concluye que su práctica merma significativamente el riesgo de fallecimiento por dolencias generales (28%) y reduce la mortalidad por problemas cardiovasculares (41%).

Nadar desde la infancia

Entre los beneficios potenciales de la natación infantil se pueden concretar:

  • mejora del funcionamiento cognitivo,

  • reducción del riesgo de ahogamiento,

  • mejora de la confianza,

  • aumento del tiempo de calidad,

  • construcción del músculo,

  • mejora de la coordinación,

  • mejora del sueño y

  • mejora del apetito, entre otros.

Por todo ello, la práctica de las actividades acuáticas desde que uno es bebé se puede convertir en una experiencia única, creando su práctica miles de millones de neuronas nuevas a medida que nos deslizamos, pataleamos o golpeamos el agua. Cuanto antes se puedan adquirir estas experiencias, mucho mejor.

Ahogamiento

Los niños que no experimentan estas prácticas desde pequeños tienden a tener más miedo y ser más negativos sobre la natación. Incluso en algunos casos, por la falta de competencia acuática, aparece el ahogamiento.

La prevención de los ahogamientos entre los niños menores de 6 años implica, entre otras cosas, programas educativos hacia la competencia acuática. Sin embargo, es habitual encontrar propuestas o métodos “novedosos” que muestran progresiones para evitar que los bebés/niños se ahoguen en el agua. Estos modelos se centran en enseñar desde muy pequeños a flotar en el agua, y a darse media vuelta si se caen boca abajo y necesitan salir a flote.

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Son métodos que pretenden crear conciencia sobre la prevención de ahogamientos y mantienen la certeza de que se podrían evitar casi todos ellos con enseñanza y sensibilización. Estas técnicas tan populares presentan un rápido interés para las familias por los resultados tan efectivos que parecen mostrar.

Pero, en muchos casos, para llegar a este dominio de técnica, el bebé/niño pasa por una serie de experiencias que suponen momentos angustiosos, llegando a experimentar la sensación de ahogo durante unos segundos. Esto puede dar lugar a la aparición de miedo en el aprendiz, y enseñar a nadar desde el miedo es como empujar a los niños a que se caigan al enseñarlos a caminar.

De esta forma, la utilización de algunas técnicas de autosalvamento en el medio acuático hacen pasar al bebé/niño, en algunas ocasiones, por situaciones traumáticas sin ni siquiera prepararlo para ello. Casi la totalidad de estos programas no presentan evidencias científicas del efecto de los mismos en la disminución del ahogamiento.

¿Cómo comenzar a nadar?

A diferencia de los sistemas formales de la enseñanza de la natación, el aprendizaje natural tiene como objetivo lograr simular y predecir el aprendizaje que realizan los seres humanos, teniendo en cuenta no solo sus limitaciones de memoria y de capacidad de procesamiento, sino también el tiempo limitado del que se dispone a la hora de responder a las demandas de un entorno acuático.

Por lo tanto, los modelos formales no desmerecen a los naturales. Los efectos de la enseñanza formal y el aprendizaje natural son parecidos. Por lo que, venga de donde venga el aprender a nadar, su efecto acaba siendo el mismo.

Pero los modelos formales de enseñanza que respetan las características del aprendizaje natural, como el método acuático comprensivo, se organizan y estructuran a través de la combinación de determinadas progresiones metodológicas, y cuentan con algunas ventajas nada desdeñables: tienen el apoyo de la evidencia científica, lo que permite una mayor eficacia en el aprendizaje. Este método asegura no solo saber nadar, sino también comprenderlo para poderlo utilizar de forma continuada en el futuro.

¿Qué estilo es el mejor para estar en forma?

El estilo crol o estilo libre permite tener un ritmo de movimiento constante donde intervienen los grupos musculares relacionados con los dorsales, pectoral, deltoides, tríceps, bíceps, redondo mayor, trapecio, abdominales, glúteos, intercostales y cuádriceps.

En el estilo de espalda, con características similares al crol, intervienen parecidos grupos musculares.

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A diferencia del crol y la espalda, en el estilo braza existe un trabajo equilibrado entre brazos y piernas. En la brazada participan pectorales, bíceps, tríceps, deltoides, dorsal ancho, redondo mayor, trapecio, romboides. Mientras que en las piernas intervienen los glúteos, cuádriceps, isquios y gemelos.

En el estilo mariposa se desarrollan los bíceps, tríceps, dorsal ancho, pectoral, redondo mayor, deltoides, trapecio, pectoral, cuádriceps, glúteo mayor, tibial, gemelo, recto interno, aductor y suelo pélvico.

Respecto al consumo calórico, calculando en base a 20 minutos de práctica, es el estilo mariposa el que llega a las 400 calorías. Le siguen la braza (360 calorías) y el crol y espalda con 250 calorías.

Recomendaciones para practicarlo

En primer lugar, para evitar ahogamientos son necesarias, en algunos casos, las barreras al agua y la supervisión competente. Todos los lugares deben adaptarse por motivos de seguridad y gestión de riesgos tal y como lo hacen las instalaciones acuáticas.

Las masas de agua ilimitadas como los lagos también requieren plataformas superficiales, así como límites físicos para garantizar que no se exceda la separación segura entre docente y aprendiz.

Las playas requieren límites flotantes para contener a los practicantes, una ubicación estratégica del lugar para los cursos, a fin de evitar las corrientes fuertes y otros riesgos, y prestar atención a las mareas para asegurarse de no superar la profundidad segura.

El error más frecuente en la natación es pretender que, en los estilos crol y de espalda, el cuerpo vaya plano como una tabla de madera, como indican Navarro, Díaz y González en su libro Cómo nadar bien. Si esto es así, se puede convertir en un riesgo para el hombro. Esto se corregiría si el cuerpo girara formando una X.

En cuanto a la braza, el error más común es nadar con las piernas hundidas, lo que frena el avance. Lo ideal es nadar lo más horizontal posible.

La recomendación es utilizar el estilo con el que uno se sienta más cómodo, y el crol parece ser el preferido. Para ello hay que tener un control previo de la respiración, por lo que se recomienda un proceso de aprendizaje en algún centro de enseñanza de la natación. Cuando ya se haya adquirido el ritmo respiratorio adecuado, se sugiere, entre otros consejos, nadar en línea recta, realizar un movimiento siempre constante de los brazos y piernas, contar las brazadas, intentar alargar la brazada y girar el cuerpo.