El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con las ministras y ministros de su gabinete. 06/07/2018. La Moncloa / Fernando Calvo

El Gobierno de España encarna el ascenso global de las mujeres al poder

Los gobiernos paritarios –los que tienen el mismo número de hombres que de mujeres como ministros y en otros cargos del gobierno–, solían ser habituales en los países nórdicos, favorables a las mujeres, y en sociedades progresistas como Canadá y Costa Rica.

Pero ya no.

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, que asumirá el cargo en diciembre, ha anunciado que las mujeres ocuparán ocho de los dieciséis puestos de su gabinete, incluida la importante Secretaría de Interior.

El nuevo presidente de España, Pedro Sánchez, se convirtió recientemente en el primer dirigente del mundo en designar a mujeres para casi dos tercios de los puestos del Consejo de Ministros. Ningún país del mundo tiene una proporción más alta de ministras.

Las mujeres ocupan solo el 20% de los puestos del gobierno en Estados Unidos y el 28% en el Reino Unido. A escala mundial, la media es del 18,3%.

Como politólogas que estudiamos la presencia de las mujeres en los gobiernos, creemos que su ascenso rápido y continuo al poder en España encarna una tendencia que hemos observado en todo el mundo: en cuanto las mujeres alcanzan los niveles más altos del gobierno, los números tienden a aumentar.

Esto lo llamamos el “suelo de cemento” de la representación política femenina. Actualmente, para que un gobierno democrático tenga legitimidad, es decir, para que la ciudadanía confíe en sus decisiones, debe incluir a las mujeres en su composición.

Una victoria genera más victorias

La representación femenina no necesariamente aumenta con cada nuevo gobierno. Pero cuando estudiamos la composición de los primeros gabinetes –los formados justo después de unas elecciones– de España, Francia, Australia, Estados Unidos, Canadá, Chile y el Reino Unido entre 1929 y 2016, descubrimos que, en estos países, la presencia femenina sí aumentó de forma progresiva a lo largo del tiempo y en las diferentes corrientes políticas.

Después de cuarenta años de dictadura del general Francisco Franco, la democracia volvió a España en 1977. Pero pasaría más de una década hasta que se incluyera a las mujeres en gobiernos de inicio de legislatura. El presidente socialista Felipe González no nombró a ninguna ministra en un gobierno salido de elecciones hasta su tercera victoria electoral en 1989, cuando nombró a dos.

El siguiente gobierno, dirigido por el presidente conservador José María Aznar, aumentó el número hasta un total de cuatro ministras en su gabinete de catorce miembros.

El avance histórico en España se produjo en 2014, cuando el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que se declaraba feminista, designó el primer gobierno paritario: ocho mujeres y ocho hombres.

España tuvo su primer gobierno paritario en 2004. AP Photo/Daniel Ochoa de Olza

Ahora, once de los diecisiete ministros de España son mujeres, incluidas –por primera vez en la historia de España– las ministras de Economía y Hacienda. [Elena Salgado fue nombrada ministra de Economía y Hacienda pero no en un gobierno de inicio de legislatura sino en una remodelación de gobierno el 7 de abril de 2009].

La historia reciente de Francia es similar.

En 2007, el presidente Nicolas Sarkozy designó a siete políticas en su gabinete de quince miembros. Su sucesor, el socialista François Hollande, contó con 17 ministras en su gabinete de 34 miembros. En la mayoría de los países, el tamaño de los gabinetes varía entre una administración y otra.

En la campaña de 2016, el presidente Emmanuel Macron prometió una representación equitativa. Su gabinete cuenta hoy con once mujeres y once hombres.

Los gobiernos paritarios gustan

Nuestra investigación demuestra que a los líderes que han empleado su poder de nombramiento para aumentar el número de mujeres en el gobierno nunca se les ha castigado electoralmente; al contrario, a menudo han sido valorados positivamente por hacerlo.

Hace apenas unos años, el primer ministro de Canadá Justin Trudeau se hizo famoso en todo el mundo por articular un gabinete paritario para su país. ¿Su motivo? “Porque estamos en el 2015”, espetó a los periodistas.

¿Por qué un gobierno paritario? ‘Porque estamos en 2015.’ Adrian Wyld/The Canadian Press via AP

En cambio, los líderes que designan un número significativamente inferior de mujeres que sus predecesores se exponen a recibir duras críticas por parte de los medios de comunicación y de la oposición política. Esto puede debilitar su apoyo entre los votantes.

Cuando en 2013 el primer ministro australiano Tony Abbott designó solo a una mujer en su gobierno, tuvo que justificar su “vergonzosa” decisión ante los votantes, la oposición y la prensa. El gobierno de su predecesor contaba con tres mujeres en su gabinete.

Malcolm Turnbull sustituyó a Abbott dos años después y enseguida designó a cinco más para su equipo de gobierno.

Cada gabinete paritario parece crear expectativas de una inclusión de mujeres similar o mayor en el siguiente.

El “suelo de cemento”

También encontramos varios casos en los que los líderes nombraron a menos mujeres que sus predecesores. Sin embargo, en general, esta disminución es mínima.

En el primer gobierno de Chile después de la dictadura, elegido en 1990, el presidente Patricio Aylwin designó a mujeres solo en un 5 % de los cargos del gobierno.

La primera presidenta de Chile, la socialista Michelle Bachelet, formó un gobierno paritario en 2006. Cuatro años después, su sucesor conservador, Sebastián Piñera, designó a siete mujeres en su gabinete de 23 miembros. Si bien su gobierno no era paritario, las mujeres estaban significativamente mejor representadas que antes del gobierno de Bachelet.

A este fenómeno lo denominamos “suelo de cemento”. Es el umbral mínimo de inclusión de mujeres para que las personas consideren legítimo a nivel democrático un gabinete.

A diferencia del “techo de cristal”, esa barrera invisible y sutil que ha mantenido a las mujeres fuera de los puestos de poder, el suelo de cemento, que garantiza su inclusión en los gobiernos, es visible y reconocido por todos los líderes que hemos estudiado.

La diversidad de género como garantía

Un patrón similar se aplica a otros tipos de representación política en algunos de los países que hemos estudiado.

En Canadá, Alemania y España, por ejemplo, los gobiernos deben ser representativos en términos geográficos. Al igual que estos países, Estados Unidos también tiene un sistema federal de gobierno, pero no se espera que los presidentes estadounidenses garanticen que los cargos del gobierno los ocupen personas de diferentes estados o regiones.

En la actualidad, en Canadá y Estados Unidos los gobiernos formados exclusivamente por personas blancas son prácticamente impensables. El presidente Lyndon Johnson designó al primer miembro afroamericano de un gobierno –el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano Robert C. Weaver– en 1966. Lincoln McCauley Alexander fue el primer ministro negro de Canadá en 1979.

Ya pocos gobiernos democráticos occidentales se parecen a este. AP Photo

Mientras, los gobiernos de Alemania y España –dos países con una diversidad cada vez mayor– continúan formados solo por personas blancas. La única diputada negra de España, Rita Bosaho, no fue elegida hasta 2015 y hasta ahora ninguna minoría étnica ha ocupado un cargo en un gobierno español.

El género fue el único criterio de representación obligatorio en los siete países que hemos estudiado, donde los ejecutivos formados exclusivamente por hombres han desaparecidodesde hace un cuarto de siglo.

Las mujeres constituyen la mitad de la población mundial. Ahora, los gobiernos democráticos están empezando a reflejarlo de forma cada vez más evidente e irreversible.

This article was originally published in English