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A group of uniformed men carry a coffin along a path out of woods
El cuerpo del líder socialista Giacomo Matteotti es descubierto en las afueras de Roma el 16 de agosto de 1924, dos meses después de su desaparición. Archivio GBB/Alamy

El asesinato de Giacomo Matteotti: la sombra de Mussolini en el caso más tristemente célebre de Italia

Un italiano elegantemente vestido baja de un tren en el centro de Londres la noche del 22 de abril de 1924. Tiene la misión secreta de reunirse con representantes del Partido Laborista británico, entre ellos, espera, el recién elegido primer ministro, Ramsay MacDonald.

Giacomo Matteotti, cofundador y líder del Partido Socialista Unitario, es uno de los principales opositores al movimiento fascista que ha ido estrechando su control sobre Italia desde el nombramiento de Benito Mussolini como primer ministro en octubre de 1922, tras la infame Marcha sobre Roma.

Retrato de hombros y cabeza de un hombre con traje y corbata
Giacomo Matteotti. GpPhotoStudio/Alamy

Por ahora, Italia sigue siendo una democracia. Matteotti, de 38 años, incansable defensor de los derechos de los trabajadores, aún confía en que se pueda detener a Mussolini. Ha entrado en Reino Unido sin pasaporte, ya que el gobierno italiano se niega a concedérselo. En su país, ha sido agredido física y verbalmente por turbas fascistas y periódicos que simpatizan con el gobierno. Incluso en Londres, le persiguen agentes fascistas, según le han revelado sus contactos del Partido Laborista.

Para Matteotti, el nuevo gobierno británico –el primero dirigido por los laboristas, aunque no con mayoría– es un faro de esperanza. Parece dispuesto a escuchar sus preocupaciones sobre lo que está ocurriendo en Italia tras la controvertida victoria electoral de Mussolini a principios de ese mes. Matteotti espera que los próximos días en Londres sean decisivos en su lucha contra el fascismo.

En cambio, menos de dos meses después será secuestrado y asesinado mientras se dirigía al edificio del Parlamento en Roma. Un crimen que conmociona a Italia y que, un siglo después, sigue dejando muchas preguntas sin respuesta.

Cuatro días en Londres

En sus orígenes sociales, MacDonald y Matteotti no podían ser más diferentes. El nuevo primer ministro británico era un escocés de clase trabajadora que había ascendido gracias a trabajos humildes y al activismo político. En cambio, Matteotti procedía de una familia adinerada que poseía 385 acres en la región de Polesine, en el noreste de Italia.

Sin embargo, en abril de 1924, como enemigo declarado del Estado italiano, Matteotti era prácticamente un refugiado. Los fascistas temían su excepcional elocuencia, que utilizaba para expresar su oposición al gobierno italiano tanto en el parlamento como en periódicos nacionales y extranjeros.

Se desconoce si los dos hombres se reunieron realmente durante la visita de cuatro días de Matteotti a Londres (el primer ministro MacDonald difícilmente habría querido publicitar una reunión no oficial con un diputado de la oposición de otro país). Pero sabemos que Matteotti se relacionó con otras destacadas figuras laboristas.

El 24 de abril pronunció un discurso ante los comités ejecutivos del partido laborista en el poder y de otras organizaciones obreras en el que pedía “ayuda moral y material” para los trabajadores italianos contra la violencia fascista.

Pero algo más pudo haber preocupado a Mussolini sobre la visita de Matteotti a Londres, parte de una gira europea que también incluía paradas en Bruselas y París. El primer ministro italiano acababa de firmar un acuerdo por el que se concedía a la corporación estadounidense Sinclair Oil el monopolio de la exploración y extracción de petróleo en zonas de Italia. Se sugirió más tarde que el gobierno laborista podría haber proporcionado a Matteotti pruebas de que este monopolio había sido concedido por Mussolini a cambio de un soborno de 2 millones de dólares (que hoy valen unos 40 millones de dólares).

Muerte de un socialista

Menos de dos meses después de su visita a Londres, en una calurosa tarde romana del 10 de junio de 1924, Matteotti salió de su casa cerca de la Piazza del Popolo para dar el corto paseo a lo largo del río Tíber hasta el edificio del Parlamento de la capital. Tenía previsto perfeccionar un discurso que debía pronunciar al día siguiente en una sesión sobre el proyecto de presupuesto del gobierno. Al parecer, había estado trabajando en este discurso día y noche, estudiando datos y comprobando cifras durante muchas horas.

Una plaza de Roma abarrotada de gente
El lugar del secuestro de Matteotti junto al río Tíber, en el centro de Roma. Archivio GBB/Alamy

Pero un coche le esperaba con cinco personas a bordo: miembros de un grupo fascista secreto formado unos meses antes en el Viminale, el palacio del ministro del Interior. Este grupo secreto, conocido como Ceka por el nombre de la policía política soviética creada para reprimir la disidencia, llevaba semanas siguiendo a Matteotti. Su jefe, Amerigo Dumini, nacido en Estados Unidos, se jactaba de haber matado a varios activistas socialistas.

La banda actuó con rapidez, agarró a Matteotti y lo arrastró hasta su coche, un lujoso Lancia. Gritando, el líder de la oposición tiró su carné de diputado al suelo, donde más tarde lo encontrarían los transeúntes. El coche se alejó a toda velocidad por las calles vacías y sin asfaltar de Roma. Matteotti no volvería a ser visto con vida.

Un viejo coche Lancia italiano
El Lancia utilizado para secuestrar a Giacomo Matteotti. Archivio GBB/Alamy

La tarde siguiente, el ambiente en el Parlamento italiano era febril. Los diputados socialistas, alertados por la esposa de Matteotti, denunciaron la desaparición del diputado, pero no se mostraron del todo sorprendidos. Doce días antes, Matteotti había pronunciado un discurso en el que denunciaba las recientes elecciones generales que dieron a los fascistas su primera (y única) victoria electoral. La votación estuvo plagada de amenazas y actos de violencia que impidieron a muchos candidatos antifascistas presentarse y a muchos trabajadores votar.

Mientras Matteotti se dirigía al parlamento, se oyó a Mussolini preguntar: “¿Cómo es que este hombre sigue por ahí?”. En un artículo del periódico fascista Popolo d'Italia, el primer ministro calificó el discurso de “monstruosamente provocador” y “merecedor de algo más tangible que epítetos”.

Sin embargo, dos días después de la desaparición de Matteotti, el tono de Mussolini había cambiado. Aseguró a los diputados que “la policía había sido informada de la prolongada desaparición del Honorable Matteotti” y que él mismo “les había ordenado intensificar la búsqueda”. Cuando la esposa de Matteotti le visitó, Mussolini le aseguró que quería devolverle a su marido con vida.

Para entonces, sin embargo, los acontecimientos estaban fuera del control de Mussolini. El portero de un edificio cercano a la casa de Matteotti había facilitado a la policía la matrícula de un coche sospechoso que había visto el día anterior al asesinato. La policía no tardó en identificar al propietario del coche como Filippo Filippelli, director del periódico profascista Corriere Italiano. Esa misma noche, Dumini fue detenido y en las semanas siguientes se produjeron más detenciones.

Caricatura de Benito Mussolini sentado en el ataúd de Matteotti
Caricatura de un periódico italiano publicada tras el asesinato de Matteotti. Granger Historical Picture Archive/Alamy

A las 48 horas de la desaparición de Matteotti, los periódicos, encabezados por el Corriere della Sera, vinculaban el crimen con fascistas próximos al gobierno, ya que en Roma era bien conocida la estrecha amistad de Dumini con el jefe de la oficina de prensa de Mussolini, Cesare Rossi. Durante unos días, pareció que la indignación pública resultante –mucha de ella dirigida contra el propio Mussolini– podría incluso derrocar al gobierno italiano, sentenciando de muerte al fascismo.

¿Por qué fue asesinado Matteotti?

Cien años después, la desaparición de Matteotti sigue siendo un acontecimiento controvertido en la memoria colectiva de Italia. Es un tema debatido por muchos, pero evitado por el gobierno actual, que ha estado reteniendo fondos para iniciativas para conmemorar el centenario del asesinato.

Su muerte puede considerarse uno de los asesinatos políticos más importantes del siglo XX. Al matar a un líder de la oposición, el régimen fascista llevó la violencia política a un nuevo nivel, dejando claro que estaba dispuesto a castigar a todos los que se interpusieran en su camino, fuera cual fuera su posición. La dictadura se cernía sobre Italia, y el fascismo pasó a formar parte de los diccionarios de todo el mundo, inspirando a innumerables regímenes autoritarios, incluida la Alemania nazi.

Sin embargo, para la derecha italiana, Matteotti es un fantasma. A lo largo de su carrera política, la actual primera ministra, Giorgia Meloni, apenas ha hablado de los crímenes históricos de los fascistas en Italia, y ni una sola vez del asesinato de Matteotti. Quizás esto no sea sorprendente dadas las raíces fascistas del partido de Meloni, Hermanos de Italia, cuyo logotipo muestra una llama que se dice simboliza el espíritu fascista ardiendo en la tumba de Mussolini.

El debate histórico sobre el asesinato tampoco ha llegado nunca a una conclusión unánime sobre quién dio la orden de matar a Matteotti y por qué. Algunos destacados historiadores, entre ellos Renzo De Felice, sugirieron que el propio Mussolini fue víctima de un complot político, razonando que, dado que el asesinato se produjo tras la victoria de “Il Duce” en las elecciones de abril de 1924, ya no había necesidad de que eliminara a un oponente y se arriesgara a desencadenar la crisis política que efectivamente se produjo.

El líder italiano Benito Mussolini sentado ante su escritorio
Algunos historiadores italianos sugirieron que el propio Mussolini fue víctima del complot de Matteotti. Lebrecht Music & Arts/Alamy

Ahora, cuando se acerca el centenario de la muerte de Matteotti, estudiosos y archiveros de Italia y el Reino Unido (entre ellos los autores de este artículo) colaboran para arrojar nueva luz sobre el caso Matteotti, con la ayuda de documentos que han estado guardados en los archivos de la London School of Economics (LSE) todo este tiempo, y que la mayoría de los historiadores italianos, De Felice incluido, nunca tuvieron la oportunidad de estudiar.

Este tesoro de más de cuatro mil páginas contiene transcripciones de los documentos originales, acumulados por la investigación del asesinato dirigida por el juez antifascista Mauro del Giudice, que no se hicieron públicos en su momento.

Aunque estos documentos fueron examinados por el historiador Mauro Canali en la década de 1990 –lo que le llevó a acusar a Mussolini de ser el responsable directo del asesinato–, todavía desconocemos su contenido íntegro, y creemos que hace tiempo que debería haberse llevado a cabo una nueva investigación exhaustiva.

Al hacerlo, esperamos disipar definitivamente las teorías de algunos historiadores conservadores y establecer, de una vez por todas, que fue Mussolini quien ordenó el asesinato de Matteotti, y también por qué dio esa orden.

Los documentos de la LSE

La historia de cómo los documentos llegaron a estar ocultos en la biblioteca de la LSE nos lleva de vuelta a Londres para otra visita clandestina, esta vez de Gaetano Salvemini, un estimado profesor de historia moderna que huyó de Italia en noviembre de 1925.

Salvemini envió una carta de dimisión a la Universidad de Florencia durante su estancia en Londres, donde, al igual que Matteotti, buscaba apoyo contra la amenaza del fascismo en su país. A diferencia de Matteotti, no cometió el error de regresar a Italia. Viviría exiliado en Estados Unidos como profesor de la Universidad de Harvard, mientras se convertía en venerado en su patria como uno de los intelectuales italianos más importantes del siglo XX.

Salvemini tenía muchos amigos en Londres. Intelectuales y políticos como John Maynard Keynes, George Macaulay Trevelyan, Thomas Okey y Ramsay MacDonald (que ya no era primer ministro pero seguía siendo líder del Partido Laborista) le habían expresado públicamente su apoyo cuando Salvemini fue detenido en Italia por las autoridades fascistas unos meses antes.

“Cuando estoy en Londres, no estoy en el exilio. Estoy en mi casa, en la patria de mi corazón, libre entre los libres”, escribió Salvemini a su amiga, la historiadora del arte Mary Berenson.

En diciembre de 1926, cuando aún estaba en Londres, Salvemini recibió el paquete secreto que pronto transmitió a la LSE. Al igual que Matteotti anteriormente, sus movimientos fueron comunicados a Mussolini, y una carta de la embajada italiana en Londres, fechada el 12 de enero de 1927, informaba al líder italiano de que:

Gaetano Salvemini había entregado unos días antes al bibliotecario de la London School of Economics la única copia completa que quedaba de los documentos del proceso Matteotti… Contiene declaraciones orales de acusados y testigos en la investigación no reproducidas en el proceso público. Una autoridad italiana que examinó los documentos dijo que prueban que el asesinato de Matteotti y la ocultación del cadáver fueron instigados por el gobierno fascista… y que el propio Mussolini está directamente implicado.

Salvemini y otros implicados en el contrabando de estos documentos sabían muy bien que su búsqueda de justicia para Matteotti no se vería satisfecha en un futuro inmediato. Pero les movía la convicción de que esos documentos podrían probar algún día sin lugar a dudas que Mussolini había orquestado el asesinato de Matteotti. Tras estudiarlos detenidamente, el propio Salvemini escribió en La dictadura fascista en Italia, un impactante relato de 1928 sobre por qué Italia se convirtió en una dictadura, que los documentos que recibió contenían pruebas irrefutables de que Mussolini fue el instigador del asesinato de Matteotti.

El motivo por el que acabaron en la LSE fue probablemente la amistad de Salvemini con Alys Russell, una cuáquera británica nacida en Estados Unidos, organizadora de ayuda humanitaria y primera esposa del filósofo británico Bertrand Russell. Alys Russell recibía regularmente a Salvemini en su casa de Chelsea, junto con otras personalidades de la LSE, como los politólogos Graham Wallas, Harold Laski y Goldsworthy Lowes Dickinson. Es posible que Salvemini considerara la LSE un refugio seguro, y allí han permanecido los documentos desde entonces.

Una voz de entre los muertos

Tras la detención de Dumini el 12 de junio de 1924 y la indignación pública por la desaparición de Matteotti, Mussolini se puso a la defensiva. Destituyó al jefe de la policía y a Cesare Rossi, probablemente su asesor más cercano, y dijo al parlamento italiano:

Sólo un enemigo mío, que había tenido pensamientos diabólicos durante largas noches, podía haber cometido este crimen que hoy nos golpea con horror y nos hace gritar de indignación.

Pero, intuyendo sangre política, los partidos de la oposición cometieron un error crucial. En un intento de presionar al rey de Italia, Víctor Manuel III, para que destituyera a Mussolini, resolvieron abandonar el parlamento hasta que los responsables del asesinato de Matteotti fueran juzgados.

Diputados trajeados sentados escuchando un discurso
Diputados discuten la propuesta ‘Aventino’ de retirar la oposición en protesta por la desaparición de Matteotti, mayo de 1924. Archivio GBB/Alamy

Pero esta retirada de la oposición –conocida como secessione dell'Aventino por la colina donde se reunía la gente durante las huelgas políticas en la antigua Roma– no tuvo el efecto esperado en el rey, que temía más a los líderes republicanos de la oposición que a la violencia fascista. Más bien, la medida permitió a Mussolini legislar sin oposición mientras los escaños de los 123 diputados que se habían unido a la rebelión quedaban vacantes.

Sin embargo, las voces de la oposición no se acallaron del todo. En julio de 1924, un artículo escrito por Matteotti días antes de su asesinato fue publicado póstumamente en English Life, una revista mensual de corta vida editada por Brendan Bracken, amigo íntimo de Winston Churchill y que sería su ministro de Información durante la Segunda Guerra Mundial.

Un artículo de la revista expuesto en una exposición
El artículo póstumo de Matteotti. Zuma Press/Alamy

El artículo de Matteotti, titulado “Maquiavelo, Mussolini y el fascismo”, era una respuesta a un artículo publicado en el número de junio de la revista por el propio Mussolini. El ensayo traducido del primer ministro italiano sobre el intelectual renacentista Nicolás Maquiavelo llevaba el provocativo titular “La locura de la democracia”.

La respuesta de Matteotti ridiculizaba la defensa del uso de la fuerza por parte de Mussolini, al tiempo que redimía el legado de Maquiavelo. Citaba el capítulo 18 de El Príncipe, en el que Maquiavelo escribía:

Hay dos maneras de decidir cualquier cuestión. Una mediante leyes. La otra por la fuerza. La primera es propia de los hombres, la segunda de las bestias.

El artículo de Matteotti también daba detalles del controvertido acuerdo con Sinclair Oil, afirmando que tenía conocimiento de pruebas de corrupción en el seno del gobierno italiano. En 1997, el historiador Canali sugirió que esto era lo que Matteotti estaba a punto de revelar en el Parlamento y que por lo tanto era el verdadero motivo de su asesinato.

Tras calificar al gobierno de Mussolini de “ultraje a la moral”, Matteotti terminaba el artículo con la clarividente advertencia de que las acciones fascistas “harían a Italia infame en todo el mundo”.

El artículo fue ampliamente comentado en la prensa británica, que había seguido la historia del asesinato de Matteotti casi a diario. Sin embargo, en Italia, la ausencia de la oposición parlamentaria dio un respiro a Mussolini ante estas acusaciones póstumas.

Una fila de personas sigue a un ataúd que es transportado por la campiña italiana.
El ataúd de Matteotti es llevado a su lugar de entierro, seguido del cortejo fúnebre. Sueddeutsche Zeitung/Alamy

Finalmente, a mediados de agosto de 1924, cuando la mayoría de los italianos estaban de vacaciones para evitar el calor y el debate político estaba al mínimo, el cuerpo de Matteotti fue recuperado repentinamente de un bosque a unos 20 kilómetros de Roma. Los funerales se celebraron a toda prisa y el féretro fue transportado durante la noche para evitar aglomeraciones. No obstante, miles de personas asistieron al entierro en Fratta Polesine, la pequeña ciudad natal de Matteotti, y muchas más rindieron homenaje a su cuerpo durante el último viaje.

El fin de la democracia italiana

En noviembre de 1924, los investigadores de la muerte de Matteotti creían que sus asesinos habían actuado por orden de Mussolini. Presintiendo un mayor peligro político, Il Duce intensificó su régimen autoritario. En un discurso ante el Parlamento el 3 de enero de 1925, asumió la “responsabilidad política” por el asesinato, aunque no admitió haberlo ordenado. El discurso de Mussolini terminó con una invitación retórica a acusarle ante un parlamento ahora poblado sólo por fascistas. En lugar de eso, aplaudieron y vitorearon a su líder.

El discurso marcó el fin de la democracia italiana. En las 48 horas siguientes, Mussolini impuso limitaciones draconianas a la libertad de prensa del país y concedió a las autoridades locales el poder de cerrar todas las sucursales de los partidos de la oposición.

Vista desde arriba del Parlamento italiano mientras el primer ministro pronuncia un discurso
Benito Mussolini pronuncia el discurso ante el Parlamento el 3 de enero de 1925 que marcó el fin de la democracia en Italia durante dos décadas. Archivio GBB/Alamy

Con el férreo control del poder por parte de Mussolini, no había esperanzas de que se conociera la verdad sobre el asesinato de Matteotti, al menos en Italia. En 1925 se inició un juicio, pero fue muy manipulado: el juez antifascista que había dirigido la investigación fue sustituido y el juicio se trasladó de Roma a Chieti, una pequeña ciudad bastión fascista, para minimizar la atención pública.

En julio de 1925, Mussolini decretó una amnistía para todos los delitos políticos. El decreto estaba tan descaradamente dirigido a salvar a Dumini y sus socios que en los círculos antifascistas se hizo referencia a él sarcásticamente como la “amnistía Dumini”. El juicio se convirtió en una farsa, todos los autores fueron liberados, y la verdad sobre el asesinato quedó enterrada durante décadas.

La naturaleza de la implicación de Mussolini fue poco discutida tras su ejecución en abril de 1945 y el final de la Segunda Guerra Mundial. Italia intentaba ahora superar la guerra civil que la había marcado durante tanto tiempo, y los partidos antifascistas buscaban la reconciliación en lugar de reavivar la indignación por los crímenes de Mussolini.

Dos años más tarde, Dumini y dos cómplices fueron finalmente condenados a largas penas de prisión por el asesinato, para ser posteriormente liberados en virtud de una nueva ley de amnistía.

Sin embargo, tal y como esperaba Salvemini cuando entregó los documentos de la investigación a la LSE, la posible responsabilidad de Mussolini en el asesinato se ha conservado en las transcripciones de la investigación original.

El objetivo de nuestra nueva investigación es determinar, de una vez por todas, por qué Matteotti fue asesinado. ¿Fue por su resistencia democrática a las fechorías fascistas, en particular la violencia y el fraude que se produjeron durante las elecciones generales de 1924? ¿Fueron las pruebas de la corrupción del gobierno de Mussolini que planeaba revelar al parlamento italiano al día siguiente de su secuestro? ¿O fue Matteotti asesinado por su prestigio internacional, ejemplificado por las conexiones con el gobierno laborista que fomentó en aquella última y fatídica visita a Londres?

Y hay otro motivo para nuestra investigación. Al arrojar nueva luz sobre los acontecimientos que condujeron al asesinato de Matteotti, pretendemos poner de relieve la difícil situación de todos los disidentes políticos en medio del resurgimiento de gobiernos autocráticos y la corrosión de los valores democráticos, también en Italia.

Al rendir homenaje a un mártir de la democracia de principios del siglo XX, hacemos hincapié en la necesidad de comprender y abordar los mecanismos que aún hoy se utilizan para silenciar a la oposición y reforzar los regímenes autoritarios en todo el mundo.

This article was originally published in English

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