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Una mano con dos billetes de 500 euros.

El SMI español llega a 1 000 euros pero todavía tiene que subir

La estructura productiva y el mercado laboral son el origen de algunos de los más importantes males endémicos que caracterizan a la economía española, a saber, un elevado volumen de desempleo, un alto porcentaje de empleo precario, salarios bajos y desigualdad salarial creciente. Ante estas circunstancias, el Estado tiene que arbitrar medidas que permitan corregir estas deficiencias.

Salario mínimo y vida digna

Desde 2019 se han ido produciendo sucesivos aumentos del salario mínimo interprofesional (SMI) con la meta de que en 2023 equivalga al 60 por ciento del salario medio neto (descontando cotizaciones sociales e impuestos) con el que se remunera a un trabajador a tiempo completo.

Este valor es el que propone la Carta Social Europea, de la que España es signataria, para garantizar el derecho de la población trabajadora a una remuneración suficiente que proporcione un nivel de vida digno.

No hay duda de que esta medida, por sí sola, no es suficiente para mejorar al conjunto de la población asalariada, pero, sin duda, es un paso muy importante. La subida del SMI y otras medidas, como la reforma laboral recientemente aprobada por el Parlamento pueden ayudar a las personas que se encuentran en la escala salarial más baja a mejorar sus condiciones laborales y su calidad de vida.

Salario medio, la clave del salario mínimo

El SMI ha crecido un 35.9 por ciento desde el año 2019, cuando tuvo lugar la primera gran subida (22.3 por ciento) que lo llevó de 735,9 euros a 900 euros al mes en 14 pagas. Con efecto retroactivo al 1 de enero de 2022, su valor se ha establecido en 1 000 euros.

Una comisión asesora definió en 2021 diversos escenarios para que el Gobierno y los agentes sociales, en el marco del diálogo social, ajustaran el valor del SMI en función de las previsiones de comportamiento de los salarios medios. Sin embargo, estos cálculos han quedado desfasados, tal y como ya previó la propia Comisión.

Por eso se planteó la conveniencia de revisar anualmente la relación salario mínimo / salario medio con información estadística actualizada. El grupo de personas expertas señaló también que las deficiencias de las fuentes disponibles añadían complejidad en la estimación del salario medio neto.

Diferentes escenarios de evolución salarial

El salario medio neto del que partió la Comisión procedía de la Encuesta de Estructura Salarial (EES) de 2018. Ante la falta de información cierta sobre la evolución salarial, se le aplicaron diferentes tasas de variación en escenarios distintos para alcanzar la cifra salarial media de referencia hasta el año 2020.

A partir de ahí se establecieron diversas propuestas sobre el valor objetivo del SMI y la senda que se debía seguir para conseguirlo. Así, en el supuesto de que el salario medio subiera un 0,9 por ciento en 2020 (que fue lo que aumentaron los salarios de los trabajadores públicos y las pensiones ese año) el SMI debería aumentar hasta 1 027 euros. En cambio, si el salario medio subía un 1.89 por ciento (que fue el incremento medio pactado en los convenios colectivos en 2020), el SMI debería ser de 1 049 euros. O de 1 011 euros si el salario medio no variaba.

Con los datos actualizados de los valores salariales (según estadísticas publicadas a lo largo de 2021) se pueden hacer algunas correcciones a esos datos:

  1. El aumento estimado por la encuesta de estructura salarial (EES) del salario medio a jornada a tiempo completo fue del 1,2 por ciento entre 2018 y 2019. Esto es menos de lo estimado a través de la encuesta trimestral de coste laboral (ETCL). De ahí que se pueda decir que el valor salarial de 2019 se sobrestimó.

  2. La información aportada por la EPA anual para 2020 indica que el crecimiento salarial medio a jornada a tiempo completo fue del 2,3 por ciento. Esta cifra está por encima de cualquiera de los incrementos salariales de los escenarios utilizados. Así, es probable que la cifra salarial media de 2020 se haya infravalorado.

60 %, ¿un objetivo inalcanzable?

Los escenarios elegidos como base para la negociación no parece que puedan ayudar a conseguir que, en 2023, el SMI equivalga al 60 por ciento de salario medio neto.

Además, en línea con el artículo 27 del Estatuto de los Trabajadores, la propia Comisión argumentó que las propuestas de variación del SMI no deben basarse solo en la evolución de los salarios medios. También deben tener en cuenta la evolución del mercado de trabajo, el comportamiento del sector productivo de la economía española y los precios.

Los datos macroeconómicos sobre productividad apuntan a que hay terreno para poder incrementar el salario mínimo. También se muestran favorables los indicadores globales de empleo y desempleo. Sin embargo, no ocurre lo mismo con las expectativas sobre el comportamiento de los precios.

Pierden valor los salarios

Hasta hace un año no había preocupación por la tendencia en los precios, pero, desde la segunda mitad de 2021, se han disparado hasta el punto de que la inflación general terminó situándose en el 6.5 por ciento. Esta subida se debe, sobre todo, al aumento del precio de la energía, aunque la inflación subyacente (sin alimentos no elaborados, ni energía) también subió hasta alcanzar el 2.1 por ciento.

Esto significa que el valor real de todos los salarios se ha reducido y, si no se aplican medidas correctivas, el poder adquisitivo de todos los trabajadores se verá resentido. Cabe esperar que los convenios colectivos negociados y revisados en 2022 traten de corregir estas pérdidas.

Espirales inflacionarias

Por el momento, el SMI solo ha incorporado una parte del aumento necesario para cumplir con el objetivo del 60 por ciento, que será difícil de alcanzar si el salario medio (el denominador del cociente) aumenta más que el SMI (el numerador).

Si lo que se pretende es que el SMI sirva de ayuda a la población trabajadora peor pagada tendrá que adecuarse a la evolución que sigan los salarios medios a lo largo del año. Eso, sin perder de vista qué ocurre con los salarios pactados en convenio que, en realidad, son un segundo escalón de salarios mínimos.

Por otra parte, hay que mantener la atención ante la posible adecuación salarial a la inflación porque, a pesar de servir para evitar la continua pérdida de poder adquisitivo de los salarios, puede terminar generando una espiral inflacionista. Los aumentos salariales, añadidos a los aumentos de costes derivados de los mayores precios de la energía, podrían obligar a las empresas a subir precios, lo que seguiría alimentando la inflación y los salarios.

La economía española no ha logrado recuperarse totalmente de la embestida de la pandemia y las alternativas ante esta nueva situación inflacionista, que no parece que vaya a resolverse rápidamente, no son muchas. Siguen siendo necesarias otras acciones que fomenten el crecimiento sostenido, como el diseño y desarrollo de nuevas y más eficientes políticas activas de empleo, garantías para el crecimiento de la inversión y su adecuación al nuevo modelo tecnológico.

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