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Calvo Hernando en seminario en la Universidade de Sâo Paulo, Brasil.

Manolo va a las Américas: la trayectoria de un periodista científico español

“Esto es muy hermoso. Y al decir ‘esto’ no me refiero a La Habana, que es, desde luego, algo bonita, sino […] a esta falta que el uno al otro nos hacemos y que me obliga a mí, Manuel Calvo Hernando, viajero impenitente, en esta tarde de sábado habanero, a posponer los montones de cosas que me aguardan […] a la escritura de estas líneas a mi mujer, María Josefa Roy Romero de Calvo, que es la mujer más extraordinaria del mundo”.

Así comenzaba el recién casado y nostálgico Manuel Calvo Hernando una de las varias cartas que escribió a su esposa en los primeros viajes que realizó a América Latina en la década de 1950 y que nos permiten reconstituir sus andanzas. En ellas describía extasiado el cotidiano ajetreo de los viajes, las cenas y cócteles en su honor, los encuentros con periodistas, artistas e intelectuales latinoamericanos y los paisajes de países que a lo largo de las décadas siguientes visitó de manera intensa y apasionada.

En la ocasión, el español Calvo Hernando, también conocido como Manolo, aún era un ambicioso joven periodista que ya se destacaba en los diarios madrileños Signo y Ya. Además, acababa de ser contratado por el Instituto de Cultura Hispánica, una institución creada para fortalecer los lazos culturales entre España y América Latina. Como representante del Instituto, viajaba por primera vez a la región y tenía la tarea de contactar y mantener buenas relaciones con periódicos y periodistas latinoamericanos ansiosos por noticias de la madre patria.

Así se desarrollaba el vínculo profundo que Calvo Hernando, impulsado por un ideal de cooperación iberoamericana, mantendría con la región que tenía “más cerca del corazón”.

Sin embargo, si bien la construcción de lazos con el periodismo latinoamericano se remonta a ese período, la importancia adquirida por Manuel Calvo Hernando en la región está vinculada a un otro factor: Manolo fue y sigue siendo una gran referencia para el periodismo científico iberoamericano.

Todo empezó en la Conferencia Internacional sobre Usos Pacíficos de la Energía Atómica

Fue en 1955 cuando el joven periodista viajó a Ginebra, Suiza, para cubrir la primera Conferencia Internacional sobre Usos Pacíficos de la Energía Atómica, organizada por las Naciones Unidas cuatro meses después de la muerte del físico Albert Einstein. Habían pasado diez años desde las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y la intención del evento era promover una resignificación de la energía nuclear. En una enrtrevista narraba:

“Tuve la impresión de que en la conferencia estarían muchos científicos importantes. Así que tomé un tren a Ginebra. Cuando llegué al Palacio de las Naciones para la conferencia, la organización del evento me entregó un montón de textos escritos por expertos en el tema. Leyendo esos textos, los participantes podrían entender lo que se hablaría allí, incluso si no tuvieran formación en el área. Escribí 15 crónicas para el periódico sin hacer un gran esfuerzo, ya que ya me habían proporcionado toda la información necesaria. Fue la primera vez que me di cuenta de que el periodismo científico era posible. Y que podía hacerlo perfectamente”.

A partir de ese momento, Manolo pasó a dedicarse al periodismo científico, escribiendo miles de artículos sobre nuevos avances científicos y tecnológicos, historias de la ciencia, entrevistas con destacados científicos y artículos sobre cómo el desarrollo de la ciencia podría ayudar a la humanidad a enfrentar los muchos desafíos en la construcción de un futuro próspero.

Sus escritos le fueron convirtiendo en una referencia en esta especialidad del periodismo y, en 1965, Manolo fue invitado a regresar a América Latina para impartir un curso de periodismo científico en el recién creado Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (CIESPAL) en Ecuador.

Calvo Hernando impartiendo el primer curso de periodismo científico en América Latina en CIESPAL.

En los años siguientes, Calvo Hernando participó en seminarios y mesas redondas organizadas por la Organización de Estados Americanos en América Latina , reuniendo a científicos divulgadores y a periodistas que ya escribían sobre ciencia o que estaban interesados en especializarse en esta nueva área. “Un periodista dedicado a cubrir temas de ciencia y tecnología era una gran novedad en el contexto latinoamericano, prácticamente no existía eso”, comentó el escritor científico James Cornell, en entrevista, sobre cómo veían a Manolo.

Fue así que, poco a poco, Calvo Hernando también se convirtió en una referencia en la formación y organización de los periodistas científicos de la región, fusionando sus dos grandes pasiones: la Iberoamérica y el periodismo científico.

Crea la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico

En 1969, Manuel Calvo Hernando lideró, junto con otro periodista científico, el venezolano Arístides Bastidas, la creación de la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico. Con el objetivo de promover la profesión en la región, aglutinar y organizar a los periodistas científicos y a los científicos divulgadores, fomentar la formación en la especialidad y buscar más espacio para la ciencia y la tecnología en los periódicos, la Asociación reunió a un grupo de periodistas de diferentes países y, a lo largo de los años, organizó siete congresos: Venezuela (1974), España (1977), México (1979), Brasil (1982), España (1990), Chile (1996) y Argentina (2000).

Como secretario general de la Asociación, Calvo Hernando impulsó la organización de los periodistas en nuevas asociaciones nacionales en toda América Latina. A lo largo de todos esos años, Manolo estuvo presente en los diversos países de la región dando cursos, conferencias y publicando libros sobre periodismo científico que lo consolidaron como una figura influyente para generaciones de divulgadores.

Su trabajo continuo en la promoción del conocimiento científico y en la movilización de periodistas científicos ha generado importantes resultados, y el legado de Manolo, fallecido en 2012 y que en 2023 cumpliría 100 años, todavía se siente en la divulgación científica latinoamericana.

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