Por qué es mala idea quitar importancia al coronavirus

La tasa de letalidad (proporción de muertos entre los afectados) del coronavirus que da lugar a la enfermedad COVID-19 es de entre el 2 % y el 4 % en China y del 0.7 % fuera. Al menos esto es lo que suele aparecer en la prensa, pero no es correcto. Se puede comprobar a partir de los datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social del Gobierno de España en su web. Ahí ofrecen, entre otras cosas, un resumen epidemiológico, que actualizan con frecuencia, de casos confirmados notificados.

A la vista de dichos datos se aprecian dos problemas que dificultan la interpretación de la tasa de letalidad. Uno de ellos viene dado por unas erratas en su cálculo que se mantienen al menos hasta el día de hoy y que infravaloran ligeramente el valor.

Hasta la actualización número 28 los cálculos son consistentes, pero en las dos siguientes hay pequeñas erratas. En la actualización número 29, del 24 de febrero, se reportan 21 fallecidos de entre 2039 casos, que es un 1 %, pero pone 0.8 %. En la actualización número 30, del 25 de febrero, reportan 35 fallecidos de 2496 casos, que es un 1.4 %, pero pone 1.3 %.

Son diferencias de pocos decimales, pero como los porcentajes son pequeños su valor relativo no es desdeñable.

El segundo problema es que a partir de esa fecha dejan de mostrarse en una columna los datos agregados de otros países y se desglosan país por país en 6 columnas: Italia, Irán, Corea del Sur, Singapur, Japón y España. No obstante, la frecuencia relativa agregada en esos 5 países se puede deducir de los datos que muestran en la actualización 31 del 26 de febrero (46 fallecidos de 2041 infectados): un 2.3 %. También en la actualización 32 del 27 de febrero (46 fallecidos de 2429 infectados): un 1.9 %. En la última actualización hasta el momento de escribir esto, la número 33, el porcentaje se sigue manteniendo en 1.9.

En la figura siguiente se muestra una comparativa de los porcentajes de mortalidad en China (línea azul) y fuera de China (línea verde) en las actualizaciones del ministerio de la 21 en adelante, que es a partir de la cual se empiezan a dar datos comparativos China versus fuera de China.

En dicho gráfico se puede apreciar cómo hay una tendencia en la que la distancia entre ambas se reduce.

Índice de mortalidad, en el eje de ordenadas, en China (línea azul) y en los países fuera de China (línea verde) reportados en la web del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, en el periodo transcurrido entre los informes 21 y 33, numerados en el eje de abscisas, y que cubren el periodo del 12 al 28 de Febrero.

En definitiva, como dijo el Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, “este virus no respeta fronteras. No distingue entre razas o etnias. No tiene en cuenta el PIB o el nivel de desarrollo de un país”.

No hay que alarmarse innecesariamente, ya que esto impediría dar una respuesta apropiada a este enorme reto que tenemos por delante, pero también sería peligroso subestimar el problema. Esto evitaría que la opinión pública y la clase política tome conciencia de que es necesario dedicar recursos humanos y económicos suficientes para combatir la enfermedad.

El impulso de la empresa privada es necesario, pero no es en absoluto suficiente para conseguir en breve plazo medicamentos antivirales que funcionen y vacunas eficientes que protejan a un porcentaje amplio de la población de forma que se cree la llamada “inmunidad de rebaño” que asegure también indirectamente a la población no vacunada.

Es necesario un apoyo público que refuerce el trabajo de equipos multidisciplinares de médicos, biólogos, matemáticos, químicos y físicos que aúnen sus esfuerzos en la búsqueda rápida de nuevas terapias y vacunas. Todavía estamos a tiempo, pero no nos podemos permitir continuar con recortes en estos asuntos.

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