Por qué hacer Humanidades es hacer ciencia

Cada vez resulta más habitual en esta sociedad o, al menos, en este país, dividir a los intelectuales –y a sus alumnos– en dos grandes ramas de conocimiento: las letras y las ciencias, como si los primeros no fueran científicos y los segundos no hubieran de tener un cierto dominio del conocimiento humanístico que nos ha conducido al avance científico del que gozamos en la actualidad.

Esta división es peligrosa al menos por dos razones. La primera, y quizás más evidente, es el cierto desprecio que se palpa en ocasiones por las disciplinas de humanidades; todos somos conscientes de que los alumnos más brillantes del Bachillerato son enviados hacia las carreras de la rama científico-tecnológica sin importar demasiado cuáles son sus intereses.

Si eres listo, a ciencias

¿Cómo vas a malgastar una cabeza como la tuya en estudiar Historia?, podrán escuchar estos alumnos de sus amigos, familiares, profesores o de los orientadores del centro en el que estudian. Se contribuye, de esta manera, a despreciar el conocimiento, el espíritu crítico o la libertad de pensamiento que tan necesarios resultarán en un futuro en el que el mercado laboral habrá cambiado, sin duda, y necesitará egresados con una formación sólida y versátil, como lo es la formación humanística.

La segunda razón por la que esta división no es adecuada es que, de hecho, hay disciplinas catalogadas dentro de la rama de Artes y Humanidades que son ciencia en el sentido más estricto de la palabra. Y aunque son varias, voy a referirme a la que yo conozco: la Lingüística.

¿Qué es una disciplina científica?

Para entender si una disciplina puede ser considerada científica tenemos, primero, que ser capaces de definir qué es una ciencia. El diccionario de la RAE define esta palabra en su primera acepción como “Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente”.

Así, la ciencia se concibe como un proceso, y no como un resultado. Todas las disciplinas científicas se distinguen, al menos, por tener un objeto de estudio (que diferencia unas de otras) y por seguir un método científico.

Me referiré a la primera característica en el siguiente apartado, mientras que en este enumeraré los pasos que ha de seguir el método científico.

Un método de cinco pasos

Existe cierto consenso en la comunidad científica de que todas las disciplinas han de seguir un método común que consta de cinco pasos: observación, hipótesis, experimentación, teoría y ley.

Con la observación recopilamos hechos acerca de un fenómeno que define nuestro objeto de estudio. La observación del fenómeno nos permite avanzar una hipótesis, que podemos definir como una primera explicación de los hechos. La hipótesis debe ser puesta a prueba en el tercer paso, la experimentación, que nos permite comprobar si los datos se ajustan a la hipótesis. Este paso nos permite comprobar nuestra hipótesis o modificarla si es necesario y, a partir de ella, formular una teoría, que ha sido confirmada por la experimentación y explica una cantidad mayor de fenómenos que la hipótesis. Por último,se promulga una ley que puede ser considerada una hipótesis donde se han demostrado mayor cantidad de hechos, que permite hacer predicciones sobre hechos futuros y que tiene mayor probabilidad de ser probada.

El método científico se revela, pues, como el más seguro no solo para describir y descubrir los procesos que gobiernan nuestro mundo, sino también para entender el porqué de estos procesos.

Otra característica fundamental del método científico es que las hipótesis deben ser siempre refutables; de este modo, el científico debe detectar también los posibles problemas de su hipótesis y darles solución o bien proponer una nueva hipótesis explicativa. De esta manera, el método de la ciencia es también el del ensayo-error.

A modo de conclusión a este apartado, podemos decir que una ciencia se define por, al menos, tres características:

  1. Tiene un objeto de estudio.
  2. Sigue el método científico.

  3. Las hipótesis que se formulan son refutables.

La Lingüística y sus diferentes enfoques

A partir de lo dicho anteriormente, cabe preguntarse si la Lingüística es una ciencia en sentido estricto; la respuesta será afirmativa si estudia un objeto del mundo natural, si sigue el método científico y, por último, si sus hipótesis son refutables.

Para empezar, he de explicar que la Lingüística es una disciplina que abarca multitud de contenidos. Cuando uno decide dedicarse al estudio del lenguaje o de las lenguas en profundidad puede optar por muchos y muy diferentes enfoques.

Así, entre otras opciones, el investigador interesado en cómo las variables sociales condicionan los usos de la lengua hará Sociolingüística. Aquel al que le interesan los cambios que la lengua va sufriendo a lo largo de la historia se decantará por la Lingüística diacrónica; los científicos más interesados en cómo adquieren los niños la lengua materna se dedicarán a la Adquisición del lenguaje y aquellos que se dediquen a procurar que las máquinas puedan procesar una lengua natural harán Lingüística computacional.

Hasta el siglo XX, las reflexiones sobre el lenguaje en general, y la gramática en particular, estaban más centradas en el saber erudito.

En la Edad Media, las artes liberales (aquellas que se libraban del trabajo manual) eran siete que se agrupaban dentro del Trivium (Gramática, Retórica y Dialéctica) y el Quadrivium (Aritmética, Geometría, Astronomía y Música).

Durante los siglos posteriores, el estudio de la gramática sufrió diversos cambios, pero no fue hasta 1916, con la publicación del Curso de Lingüística General, de Ferdinand de Saussure, cuando la Lingüística alcanzó por primera vez la categoría de ciencia; la razón de ello es que Saussure hizo explícito cuál es el objeto de estudio de esta disciplina: la lengua, que él mismo estudió siguiendo el método científico y definiéndola como un sistema.

Estudio de seres humanos

No obstante, la verdadera revolución en esta disciplina llegó a mediados del siglo pasado con la aparición de Noam Chomsky y lo que conocemos como Gramática Generativa. Hasta el momento, las explicaciones sobre las lenguas se centraban en el uso que los seres humanos hacíamos de estas (su función) y las gramáticas se concebían como descripciones sistemáticas de las distintas lenguas.

Chomsky demostró que en realidad hay un único lenguaje humano y las diferentes lenguas no son sino variaciones de este. Para ello mostró que el lenguaje es una facultad humana que se sitúa dentro del cerebro y no en la esfera de lo social, esto es, fuera de este (lo que explica que los niños sean capaces de construir oraciones de gran complejidad antes incluso de poder atarse unos zapatos o hacer sumas muy sencillas), recuperando de este modo las teorías racionalistas de Descartes y otros autores.

El lenguaje, objeto de las ciencias naturales

Se propone, por tanto, la existencia de subsistema del lenguaje que ha de ser abordado de forma similar a como se estudian otros subsistemas de la mente, como la visión. Desde este momento, el lenguaje se convierte en un objeto natural del mundo que, por tanto, ha de ser estudiado como un objeto de las ciencias naturales.

A partir de lo dicho, y volviendo a la pregunta inicial, podemos afirmar que la Lingüística es una ciencia por los siguientes motivos: en primer lugar, tiene un objeto de estudio, el lenguaje.

Es cierto que la aproximación a este varía en función de la disciplina que se estudie: si nos dedicamos a la Gramática estaremos estudiando el lenguaje como un objeto del mundo natural, si optamos por la Sociolingüística, por ejemplo, nos aproximaremos a la versión más social de las lenguas.

En cualquier caso, y sea cual sea la aproximación, la observación del lenguaje se hace desde una perspectiva rigurosa y siguiendo la metodología científica señalada anteriormente.

Por último, las teorías planteadas en los distintos ámbitos de la Lingüística son siempre refutables, lo que permite que la disciplina vaya sufriendo avances.

De este modo, el papel del lingüista –al menos de la mayor parte de los lingüistas– no es determinar qué está bien dicho y qué no o establecer qué palabras deben llevar tilde (Lingüística prescriptiva); tampoco lo es conocer muchas lenguas. El lingüista, en tanto que científico, se encarga de observar las lenguas y establecer descripciones sobre su comportamiento (Lingüística descriptiva).

Finalmente, mediante el establecimiento de generalizaciones se pretende, en última instancia, proponer explicaciones para el comportamiento de las lenguas (Lingüística explicativa) que nos permitan conocer mejor el lenguaje desde diferentes aproximaciones.

Si entendemos que el lenguaje es la facultad que nos hace humanos (solo los seres humanos hablan), entonces el conocimiento del lenguaje nos aproximará a un mejor entendimiento de la esencia humana.

Como escuché decir en una ocasión a Victoria Escandell-Vidal, la Lingüística es, por tanto, la más humana de todas las ciencias y la más científica de todas las humanidades.