Estatua de la Unidad, en Narmada, Gujarat, India. Representa a uno de los héroes nacionales, Sardar Patel, artífice de la unidad del nuevo país surgido tras la independencia de los británicos en 1947. Shutterstock / Kunal Mahto

¿Por qué India está construyendo estatuas gigantes?

Dos de las estatuas más grandes del mundo, que se están construyendo en la India, están atrayendo mucha atención. Aunque las grandes dimensiones de estas estatuas (que eclipsarán a la Estatua de la Libertad y a la Estatua de la Madre Patria en Volgogrado) presentan un cierto interés arquitectónico, verlas como una curiosidad estructural nos haría perder lo esencial: el simbolismo de estas obras es lo más importante en un país dominado por el nacionalismo y el revisionismo.

La primera estatua es la del rey Shivaji, fundador del Imperio Maratha, quien intentó resistir al poder del Imperio Mogol Persa-Turco y subvertir la presencia musulmana en el sur de Asia. Su estatua se encuentra en una parte remota de Maharashtra, cerca de donde es originario el primer ministro Narendra Modi, y donde Shivaji es un icono para el 31% de la población que pertenece a la cultura local maharáshtrica. Honrar el legado de Shivaji es una apelación directa al electorado hindú de Maharashtra.

El ‘Iron man’ de la India

La segunda estatua es la de Sardar Patel, un político activista de la década de 1940, que luego usó el poder estatal para obligar a 550 estados a unirse a la República de la India bajo amenazas de violencia. Para muchos nacionalistas hindúes del partido BJP de Modi, Iron Man Patel era un candidato más merecedor del puesto de primer ministro de la India que el socialista y teóricamente secularista Jawaharlal Nehru. El partido de Modi regularmente enfatiza que el legado de Patel es más legítimo que el de Nehru.

Sin embargo, el simbolismo nacionalista hindú no explica completamente por qué las estatuas deben construirse para conmemorar a individuos muertos hace mucho tiempo. Además, hay otros personajes en el panteón hindú que podrían haber sido homenajeados. Otros reyes podrían haber incluido a Prithviraj Chauhan (1166-1192), último rey-guerrero contra la dinastía musulmana de Ghorid hasta su derrota en la batalla histórica de Tarain; o Maharana Pratap (1540-1597), quien también luchó contra el emperador mogol Akbar. También podrían elegir entre muchas figuras políticas del movimiento de independencia (1947).

El simbolismo de las estatuas

El partido del primer ministro Narendra Modi, el conservador y nacionalista Bharatiya Janata Party (BJP), quiere enviar tres señales políticas a su electorado, en su mayoría hindú. Primero, quiere enfatizar la supremacía de los hindúes de acuerdo con la ideología de ‘Hinduidad’ (Hindutva). Segundo, quiere sumar estas estatuas a la lista de monumentos en su estado original (Maharashtra), para aumentar su prestigio y para atraer a turistas nacionales e internacionales. En tercer lugar, quiere mostrar al mundo una imagen de la India como país que puede permitirse este tipo de ostentaciones.

El primer ministro de la India, Naredra Modi, pertenece al partido conservador y nacionalista BJP. Wikimedia Commons

Pero también hay un simbolismo asentado en disciplinas como la sociología y la arqueología. Las instituciones culturales en la Isla de Pascua entendieron el uso de las estatuas “en un contexto social multidimensional” y eran “esenciales para el funcionamiento de una cultura”. Los estudios de la iconografía política francesa del siglo XIX muestran que las estatuas eran una forma importante de exhibir la civilización. Incluso en la India, los estudios de las estatuas como símbolos muestran que los grupos sociales reaccionan violentamente ante su presencia si no concuerdan con su visión del mundo.

Menos pluralidad

En el revisionismo hindú practicado por el régimen de Modi, la construcción de estatuas más grandes ayuda a eliminar la pluralidad de la esfera pública. Las estatuas en particular son emblemáticas del espíritu politeísta del hinduismo, que contrasta con las religiones monoteístas como el cristianismo (importado de Gran Bretaña) y el islam (importado de Asia Central y Arabia). En las religiones monoteístas, la idolatría se considera una ofensa, mientras que en el hinduismo es un ritual esencial. En esencia, este simbolismo dicotomiza las dos religiones más grandes de la República de la India. El aspecto simbólico de las estatuas monumentales es más poderoso que cualquier consideración fiscal.

La economía de la ostentación

Debido a los retrasos y la mala administración, lo que se estimó hace ocho años que costaría 36,4 millones de dólares para una de las estatuas, ascendió a 557 millones en 2018. No es un proyecto financieramente robusto, y el principal problema es recuperar la inversión mediante el turismo. El Taj Mahal, el monumento más famoso de la India, pero más emblemático de la civilización musulmana que un mahabharat hindú, genera millones de dólares de ingresos cada año. Incluso si la estatua de Shivaji alcanzara los mismos rendimientos, costaría décadas amortizar la inversión.

El Taj Majal es el monumento más famoso de la India. Pexels

Además del coste de construcción, los gastos de mantenimiento serán un lastre para los ingresos del estado de Maharashtra. La financiación del proyecto agravará la ya difícil situación de la deuda del estado. También hay una cuestión preocupante con respecto a las más de 400 fortalezas históricas con las que cuenta Maharashtra. Solo algunas son vigiladas oficialmente, muchas no están correctamente mapeadas, y la mayoría ni siquiera tienen instalaciones básicas para el turismo, como baños y agua potable.

Revisionismo completo

Las estatuas no son fenómenos aislados, sino que forman parte de un movimiento de revisionismo más amplio liderado por el BJP.

En el caso de Sardar Patel, el BJP quiere reducir la influencia de la dinastía Nehru, con sus pretensiones secularizadoras, y enfatizar la tendencia nacionalista embellecida por Patel. Muchos nacionalistas hindúes se sienten insultados por el hecho de que Sardar Patel fuera marginado en los años 1947-1950 por Nehru. El partido opositor, el Congreso Nacional Indio, dice que el plan para convertir el Museo Nehru en Nueva Delhi en un centro para todos los primeros ministros indios es otro intento de empañar el nombre de Nehru. “Todos los indios lamentan que Sardar Patel no se haya convertido en el primer ministro”, dijo Modi durante una campaña política en 2013.

En el caso de Shivaji, el gobierno ya está incrementando el fervor con actos como la adición de la palabra “Maharaj” o “Gran Rey” al Aeropuerto Internacional Chhatrapati Shivaji en Mumbai. Esta palabra eleva el estatus de Shivaji, pero elimina la legitimidad del emperador supremo de ese tiempo, Akbar, quien era un gobernante musulmán pluralista.

Por lo tanto, el poder simbólico de las estatuas como objetos del revisionismo vale mucho mucho para el BJP porque intenta recrear una India a imagen y semejanza de una ideología. También refuerza lo que los estudiosos políticos de Asia del Sur llaman la “teoría de las dos naciones” que postula que existen dos civilizaciones distintas en dicha región (una hindú y otra musulmana), y que sus diferencias son irreconciliables, así que tienen que vivir por separado y reconstruirse por separado.

Pakistán ha defendido esta teoría durante 80 años, pero la India, ahora bajo el BJP, insinúa que también la acepta. Una fórmula común en la India para insultar a los musulmanes indios es decirles que “se vayan a Pakistán”. Al intentar reescribir la historia rica, diversa y pluralista de Asia del Sur en los últimos mil años, las nuevas construcciones monumentales del nacionalismo hindú refuerzan esta fórmula.