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Vista aérea de Lagos, en Nigeria. Shutterstock

África, diversa, poderosa y en femenino

Ya había oscurecido cuando llegué a Lagos, la capital comercial de Nigeria. El trayecto desde el aeropuerto hasta mi hotel en Isla Victoria fue lento: el tráfico nos arrastraba por anchas avenidas, puentes espectaculares y, a veces, por las estrechas calles de esta metrópolis frenética y caótica, la segunda más grande de África después de El Cairo.

Lagos es un hervidero de actividad humana y comercial, rebosante de la energía de una ciudad que crece día a día. Un escaparate de la fuerza que caracteriza al continente con la población más joven del planeta y el mayor potencial de crecimiento económico, aunque atenuado por un sinfín de riesgos y amenazas. Aunque resulte fácil destacar los defectos de Lagos, se trata de uno de los principales centros de negocios de África, con una escena empresarial próspera y dinámica.

Un buen amigo me había advertido sobre los modales bruscos de los nigerianos, su bullicio y su tono de voz aparentemente agresivo. Una vez más, descubrí lo equivocados que suelen ser los estereotipos culturales. La gente que conocí durante mi estancia en el país era educada, jovial y cortés.

Un relato propio

En mi opinión, la visión pesimista de algunos analistas sobre las perspectivas del continente está distorsionada. La mayoría de los titulares de la prensa europea sobre África son del tipo el vaso está medio vacío. Informan constantemente de epidemias, corrupción y crisis, y no reflejan además el enorme potencial de crecimiento del continente.

También es cierto que las narrativas positivas pueden ser paternalistas y centrarse en cuestiones de desarrollo, en lugar de destacar las iniciativas disruptivas y las oportunidades reales y potenciales para las empresas que ofrece el continente.

A África, en especial a la zona al sur del Sáhara, le ha faltado marketing, una narrativa contada por los propios africanos que ponga de relieve su historia, la riqueza de su cultura y su expresión artística y literaria. El mundo necesita conocer las historias de éxito de los empresarios africanos. Necesitamos conocer a los Jack Ma y Sheryl Sandberg de África.

Pensar África

El renacimiento filosófico de África comenzó a mediados de la década de 1960, cuando el continente empezó a salir del largo periodo de colonialismo, y sus universidades empezaron a atraer a una nueva generación de pensadores.

Este crecimiento quedó reflejado en A Companion to African Philosophy, una compilación de más de 40 ensayos que abarcan distintas disciplinas y épocas, editada en 2004 por Kwasi Wiredu, un reconocido filósofo ghanés fallecido en 2022.

Wiredu creía que la filosofía africana todavía está en la búsqueda de su propia identidad, después de siglos de un colonialismo que impuso sistemáticamente la negación de todo lo africano. Después, el movimiento misionero también trató de eliminar lo africano de la cultura y las creencias, que constituyen el núcleo de la especulación filosófica. Decía Wiredu:

“Si una idea africana resultaba irreductiblemente incompatible con una cristiana había que corregirla en aras de la salvación”.

Los textos sobre la filosofía en el continente africano han obviado su diversidad de pueblos y etnias y, por tanto, de visiones del mundo. Además, como la mayoría de las ideas y modelos filosóficos africanos pertenecen a la tradición oral, su supervivencia y difusión se han visto limitados. Afirmaba Wiredu:

“La filosofía africana empezaba a ser difícil de distinguir de una especie de antropología informal”.

Lo femenino africano

El libro de Wiredu incluye un artículo de la investigadora nigeriana Nkiru Nzegwu sobre la filosofía feminista en África. En su opinión, las aproximaciones intelectuales al género por parte de escritores no africanos también han estado sesgadas por sus concepciones culturales, ignorando la idiosincrasia y la cultura del continente:

“Reflejan también la oposición binaria subyacente en la epistemología occidental, en la que las mujeres se definen en oposición a los hombres, es decir, se les asignan atributos opuestos”.

Nzegwu aplica varios ejemplos para respaldar su afirmación, como el significado de mujer en igbo, el grupo étnico más numeroso del sureste de Nigeria, Camerún y Guinea Ecuatorial, que, según ella, tiene connotaciones de género y feminidad diferentes a las de las sociedades occidentales:

“El término nwanyi se ha utilizado casi siempre como sinónimo de mujer pese a que no comparten los mismos atributos ni el mismo alcance conceptual. Nwanyi no se refiere exclusivamente a una persona adulta de sexo femenino, se refiere también a las niñas”.

Este es un caso claro de diversidad, también en las costumbres. El rescate y rehabilitación de las culturas y filosofías africanas está cobrando impulso. Quizá tengamos algo que aprender de algunas de las ideas relacionadas con una sociedad más equitativa y equilibrada.

Ser persona

La filosofía ubuntu siempre ha despertado mi admiración. Presente en las culturas zulú y xhosa de Suráfrica, su significado puede sintetizarse en la frase:

“Una persona se hace humana a través de otras personas”.

Este pensamiento estuvo detrás de la búsqueda de reconstrucción y reconciliación promovida por Nelson Mandela al llegar a la presidencia de Suráfrica tras 27 años en prisión. El arzobispo Desmond Tutu creía que no puede haber verdadero ubuntu si no hay igualdad e integración en la sociedad.

En opinión del filósofo Thaddeus Metz, que enseña Filosofía en la Universidad de Pretoria:

“Para muchos intelectuales del sur de África, la comunión y la armonía consisten en identificarse con los demás y mostrar solidaridad hacia ellos, es decir, disfrutar de un sentimiento de unión, cooperación y ayuda a la gente por simpatía y por su propio bien”.


Una versión en inglés de este artículo se publicó en LinkedIn.

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