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Patio de butacas con algunos sillones clausurados con cinta.

Aprovechemos la pandemia para incentivar los eventos sostenibles e inclusivos

En marzo de 2020 se cerraron todos los espacios públicos, teatros, auditorios y lugares de actuación utilizados por los eventos culturales. Estos cierres provocaron la cancelación o reprogramación masiva de giras musicales, temporadas de ópera, festivales de teatro en la calle, conciertos, festivales de música, etc. Este escenario, hasta entonces inimaginable, representó un enorme impacto para todas las industrias relacionadas con los eventos culturales provocando numerosos cambios en las normas para la organización.

La crisis ha cambiado la forma en que se producen los eventos culturales y ha dado oportunidades a la creación de nuevos contenidos online. A su vez, ha generado nuevos espacios comunitarios, como los balcones o parques, para compartir cualquier expresión cultural, y, además, se puede convertir en una oportunidad para planificar eventos sostenibles tanto social como medioambientalmente.

Ante esta situación, el foco de nuestro simposio online “Espacios y públicos sin festivales. Los efectos sociales de un paisaje sin eventos durante la pandemia”, cambió. Intentamos analizar lo que supondría la ausencia de las experiencias que tales eventos provocan en sus audiencias, en los espacios y en los organizadores.

En sus orígenes, el proyecto tenía el objetivo de entender cómo los eventos culturales permiten o restringen la inclusión, el intercambio y la interacción entre personas de diferentes orígenes culturales. Además, quería entender cómo los eventos culturales afectan en el uso a largo plazo de los espacios públicos. El marco de estudio se determinó en tres grandes áreas de tipologías de eventos culturales: los de cultura popular, los de diversidad cultural y los festivales. Así, se podía entender el uso y efecto de la participación en los espacios de las distintas ciudades de estudio.

Vídeo “La Barcelona i les seves celebracions. La reacció social d’una ciutat buida en ple moviment”

Distanciamiento y acceso

El distanciamiento social al que nos ha obligado la pandemia ha generado distintas reacciones dentro del sector: la adaptación de la forma de compartir el espectáculo en vivo con su público, entender la no-cancelación como un símbolo de resistencia cultural, el uso del streaming como manera de afrontar la dura situación de confinamiento, la confirmación de una comunidad digital cómo símbolo de la real, el uso espontáneo de espacios nuevos como balcones o parques, la explosión creativa de distintas comunidades o la vuelta a los espacios naturales.

Pero al mismo tiempo, nuestro panel de expertos insistió en lo insustituible que es la experiencia real frente a la digital, y la importancia de la experiencia social vivida en directo. Sin embargo, el análisis de los eventos culturales antes de la pandemia ya señalaba una problemática. El conflicto entre aquellos eventos que estaban alineados con una visión económico-turística y aquellos emanados y enraizados en la comunidad.

A los primeros –festivales de música mainstream, grandes espectáculos teatrales o de circo, giras de grandes figuras de la música popular moderna– los rodea una retórica político-económica. Suelen ser eventos que pivotan en el espectáculo y las grandes cabezas de cartel que aseguran un impacto económico justificable, tanto para las administraciones como para los organizadores. Sin embargo, tienen escaso impacto social y deterioran los espacios haciendo un flaco favor a las comunidades más cercanas.

Por contraste, los eventos enraizados en la comunidad –festivales de comunidades minoritarias, eventos de asociaciones, fiestas populares o iniciativas de otros grupos con inquietudes culturales– favorecen un enriquecimiento entre individuos, entretejiendo relaciones de largo plazo dentro de las comunidades. Estos eventos están directamente relacionados con impactos positivos de integración y de visibilidad de minorías. La pandemia ha ocasionado un florecimiento de iniciativas únicas que han acentuado esta necesidad de mostrar un vínculo entre distintas comunidades.

Oportunidad para los eventos sostenibles

El punto clave de las distintas discusiones fue describir este momento como una oportunidad para incentivar una producción sostenible de eventos. Esto conlleva una gobernanza holística, que considere no sólo la rentabilidad turística y económica de los eventos culturales, sino también favorezca la inclusión social, la creatividad, la despolarización (barrios periféricos pobres – centros de ciudad ricos) dentro de las ciudades o la sostenibilidad en la producción de eventos. Pero no sólo una sostenibilidad medioambiental que tenga en cuenta la protección del medio natural, sino también una sostenibilidad social que priorize el fortalecimiento de los vínculos por encima de programas económicos.

Esta pandemia puede ser una oportunidad para repensar los eventos culturales como herramientas clave para el desarrollo de una ciudad más inclusiva y menos explotada. Favoreciendo la creación de eventos centrados en el florecimiento de la comunidad, la inclusión y la sostenibilidad socio-medioambiental.

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