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Así funcionan los programas de intervención con agresores de violencia de género

Al menos una de cada dos mujeres ha sido víctima de violencia machista a lo largo de su vida, según la Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer 2019. Además, una de cada cinco la había sufrido en los últimos 12 meses. Estos datos ponen de manifiesto que la violencia de género, lejos de desaparecer, ha adquirido proporciones epidémicas.

¿Dónde podemos encontrar el origen de esta epidemia? Si bien es cierto que existen muchos factores implicados, el origen principal se encuentra en la conducta del agresor.

Los programas de intervención con agresores, desde su aparición en la década de los 70 en Estados Unidos, han constituido una herramienta fundamental de intervención, prevención y reducción de la violencia de género. A pesar de ello, han estado sometidos a duras críticas, centradas en la pérdida de recursos para la víctima si estos se han de destinar al agresor.

Sin embargo, es importante destacar el principal objetivo de estos programas: la protección de la víctima a través de la reducción de la conducta violenta del hombre. Constituyen una herramienta necesaria en la lucha contra la violencia de género, pues abordan el foco del problema.

Empezaron en EE UU a finales de los 70

Los primeros programas surgieron en EE UU a finales de los 70 desde el movimiento feminista y los colectivos defensores de las víctimas. Para sus responsables, identificar y trabajar con hombres que ejercen maltrato a las mujeres era igual de importante que identificar y trabajar con mujeres maltratadas.

La experiencia norteamericana comenzó a importarse a otros países en la década siguiente, principalmente al norte de Europa y Australia. Estos programas, junto a los norteamericanos, inicialmente habían sido diseñados para hombres voluntarios. Pero a mediados de los 90 se incorporan al sistema judicial.

En España, los primeros programas surgen a mediados de los 90. No obstante, no es hasta la aprobación de la Ley 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género cuando se produce una proliferación significativa.

Programas de intervención

A finales de la primera década del siglo XXI, algunos estudios señalan la existencia de más de 2 500 de estos programas en EE UU y Canadá, más de 500 en Europa y más de 50 en España.

Los programas de intervención con maltratadores emplean, principalmente, una metodología de intervención grupal. Si bien es cierto que, en muchos casos, esta se combina con sesiones individuales. En cuanto a su duración, es de aproximadamente nueve meses con sesiones semanales. La mayoría de los usuarios acuden por mandato judicial, aunque un pequeño porcentaje lo hace de forma voluntaria y en muchos casos los grupos de intervención están coordinados por equipos mixtos (mujer-hombre).

Dentro de este ámbito existen tres modelos teóricos que han servido de guía para sustentar las intervenciones:

  • El modelo ecológico, que incluye la multicausalidad de la violencia a través de diferentes factores de riesgo y protección en distintos niveles.

  • El modelo cognitivo-conductual, cuya premisa es la vinculación entre situación, pensamiento y conducta.

  • La perspectiva de género, que analiza la violencia de género desde un punto de vista socio-cultural, desmontando la estructura social patriarcal.

Elementos fundamentales para intervenir

Otros elementos fundamentales de estas intervenciones son:

  • Prácticas basadas en la evidencia científica.

  • Promoción del compromiso con el tratamiento.

  • Trabajar los factores de riesgo para la reincidencia en la conducta violenta.

  • Uso de estrategias motivacionales en la intervención para fomentar la motivación al cambio.

  • Formación continua de terapeutas.

  • Evaluación de la intervención tras la finalización del programa.

Un ejemplo de programa de intervención es el Programa Contexto, desarrollado por la Universidad de Valencia en colaboración con la Asociación PSIMA.

La efectividad de los programas de intervención con maltratadores es uno de los temas más controvertidos en el ámbito de la violencia de género. Teniendo en cuenta que uno de los objetivos es la rehabilitación y el cambio en la conducta abusiva del hombre como herramienta de prevención y protección a la víctima, no es tema de menor importancia garantizar la eficacia de estos programas.

En general, las investigaciones que evalúan la efectividad de los programas presentan una serie de dificultades metodológicas que impiden llegar a conclusiones sobre su eficacia. Por eso en 2010, a partir del trabajo de Work With Perpetrators y la financiación del Programa Daphne II, se publican los estándares de calidad en la intervención con maltratadores.

Asunción de responsabilidad y menos reincidencia

A pesar de esta controversia, los programas de intervención establecen criterios de éxito de los mismos basados en el incremento de la gravedad percibida de la violencia, el incremento de la asunción de responsabilidad de los actos del agresor y la reducción del riesgo de reincidencia.

Estos criterios son acordes a los objetivos de los mismos: la lucha contra la erradicación de la violencia de género a través del trabajo con el agresor como herramienta de prevención y protección a la víctima.

Los programas de intervención con maltratadores son un elemento fundamental en la erradicación de la violencia de género. El trabajo con el agresor permite reducir la conducta violenta, que es la causa del problema. Permiten prevenir y proteger a la víctima. Si bien no han demostrado su eficacia, no podemos obviar esta realidad. La necesidad de intervenir con el agresor.

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