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Salineras trabajando en las salinas de Bourg-de-Batz. Cartolis / Musée de la carte postale de Baud

Cuerpos de sal en el siglo XXI: el despertar de un mito femenino

Desde Afrodita a Edit, la mujer de Lot, son muchas las representaciones simbólicas de la sal y del cuerpo femenino a las que hemos asistido a lo largo de la historia, y que, con motivo del Día Internacional de la Mujer, invitan a rememorar el papel relevante de las salineras.

¿Qué significa la mujer salinera?

La extracción de sal es un oficio que se remonta a tiempos inmemoriales y que se ha iniciado siempre a temprana edad. Su transmisión se ha realizado tradicionalmente de generación en generación, de madres a hijas.

La figura de la mujer salinera, las prácticas femeninas llevadas a cabo en la salina y la íntima relación con los cristales de la sal, asociados a Afrodita, introducen nuevas representaciones socioculturales relativas al cuerpo a partir de la relación con el medio. Las mujeres participaban en la retirada y transporte de la flor de sal, así como en el cuidado de las norias de agua.

Salineras andaluzas y canarias

A diferencia de La Guérande (Francia), donde además se encuentra el Musée des Marais Salants (Museo de las Salinas), las salineras de la cuenca mediterránea andaluza y del archipiélago canario han caído en el olvido. Incluso, una amplia mayoría ignora, a día de hoy, que las mujeres trabajaban en la extracción de sal.

Paisaje de las salinas de Janubio, Lanzarote. 2020. María Flores.

Paradójicamente, las mujeres salineras han trascendido de forma oculta a nuestros días. Este mineral sagrado persiste como fuente de vida en el imaginario de las últimas trabajadoras autóctonas.

“Desde niñas”, explican, “hemos sentido una relación vital con la sal. A través del tacto, la sal se ha impregnado en nuestra piel y desde siempre hemos tenido una conexión con el agua y la tierra. La sal es nuestro cordón umbilical.” (Entrevista realizada a una salinera autóctona el 11 de junio de 2019. Archivo personal).

Asimismo, la sal tiene numerosas connotaciones, y de ella también deriva la palabra “salario”. Las salineras trabajaban embarazadas, con la menstruación y padeciendo dolorosas heridas y lesiones provocadas por el contacto permanente con esta materia purificadora y corrosiva.

Las últimas mujeres que trabajaron en las salinas de Janubio (Lanzarote) datan de la década de los noventa, mientras que en La Malahá (Granada), estas participaron, sin ningún tipo de reconocimiento, en el oficio familiar, hasta 1960.

La recopilación de archivos fotográficos, fondos de colecciones privadas y demás evidencias visuales nos han permitido realizar un acercamiento a una labor que, en silencio, ha sido reservada a la mujer. A pesar de los efectos del progreso tecnológico y las permanentes desigualdades sociales, las mujeres de sal han despertado en el siglo XXI y vienen a reivindicar un patrimonio material e inmaterial único.

El simbolismo femenino de la sal

Recientes investigaciones retoman la representación del cuerpo en lo que atañe al resurgimiento de la figura de la mujer salinera en el presente. Cabe destacar proyectos culturales y artísticos –“Mujeres de sal: las salineras del mar de Daute” (Ayuntamiento de Los Silos), “Sombrera” o “Imago salis”–, que actualmente rescatan un mito femenino universal, y a su vez, reivindican una labor con identidad femenina en vías de extinción.

La persistencia de la sal en el imaginario femenino se explica a través de su recurrencia en puntos geográficos como el México Antiguo, a través de la figura sagrada de Uixtocíhuatl, la diosa de las aguas salobres. También en India, donde el agua salada se considera la responsable de la vida que circula en la naturaleza en forma de lluvia, savia, leche y sangre. De igual manera, en la antigua cultura sumeria, la sal simboliza a la mujer durante el embarazo, pues el agua salada suele estar asociada a lo femenino por su analogía con el líquido amniótico.

Instalación. Estatuillas en pasta de sal pintadas en rojo, implantadas en sal marina.
Venus, 2005. Faten Chouba Skhiri. Instalación de estatuillas implantadas en sal marina. Author provided

Estos elementos tienen continuidad en el trabajo de Faten Chouba Skhiri, profesora y artista visual tunecina. Sus obras reflejan la solidez de la figura materna, la cristalización de un paisaje, reivindicador de una identidad femenina escasamente reconocida. Concretamente, la serie de esculturas Vénus, hechas de pasta de sal y cubiertas de pintura roja, emulan la sangre, símbolo de fertilidad, como culto a la Diosa Madre, e imitan el color matriz de la menstruación y del nacimiento.

Un paisaje hecho cuerpo

La Mujer de Lot, 2020. Javier Viver. Escultura de sal.

Al igual que los mitos sobre las divinidades de la sal no cesan de actualizarse, en el plano cultural nacen creaciones contemporáneas que permiten rescatar el vínculo entre el cuerpo de la mujer y el paisaje salado, tal y como hemos podido apreciar en las Vénus de Faten Chouba. Del mismo modo, las mujeres saliformes de Javier Viver evidencian la forma en la que tenemos que mirar la tradición para no quedarnos estratificados en las seguridades del pasado.

Por último, Macu Machín, en el documental El mar inmóvil, venera, junto a nuestra investigación, la memoria de mujeres unidas a la sal, invencibles al paso del tiempo y sostenidas por un paisaje identitario que continúa siendo un claro ejemplo de armonía entre mujer y naturaleza.

Aurora Cedrés (in memoriam), salinera. Fotograma de El mar inmóvil, 2018.

Es necesario dirigir nuestros agradecimientos a todas las personas que nos han confiado parte de sus recuerdos y de su obra. Especialmente a Aurora Rodríguez, Aurora Cedrés, Antonia Moreno, Faten Chouba Skhiri, Javier Viver y Macu Machín.


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