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Baobabs hinchados del bosque espinoso del suroeste de Madagascar. Shutterstock / Brian Maudsley

Descubriendo las maravillas forestales de África y las amenazas a las que se enfrentan

Los bosques de África son una de las grandes maravillas naturales del mundo. Al ser una persona que lleva décadas estudiando la ecología y la gestión de los bosques tropicales, los ecosistemas forestales exclusivos del continente no dejan de sorprenderme.

Es muy probable que algunos de ellos sean desconocidos para el público en general y, sin embargo, son muy fascinantes e importantes para hacer frente a los problemas actuales a los que se enfrenta el mundo en materia de biodiversidad y clima. Empezando por el noroeste y terminando por el sureste, me gustaría compartir los que son especiales para mí. Se trata de una selección totalmente personal. Otras personas habrían elegido otros bosques africanos, pues hay muchas opciones. Pero ¿durante cuánto tiempo?

Los bosques africanos, como muchos otros, se ven amenazados por la sobreexplotación, la conversión a otros usos del suelo y el cambio climático. Es probable que muchos desaparezcan o se degraden hasta tal punto que superen los puntos de inflexión y se conviertan en algo más, algo menos.

Espero que este viaje a través de África contribuya a despertar el interés e inste a conservar y gestionar mejor estos ecosistemas únicos.

Los árboles de argán de Marruecos

No muy lejos de Agadir, en la costa atlántica marroquí, crece el árbol de argán (Argania spinosa). Es el único miembro de la gran familia Sapotaceae que crece en el hemisferio norte, la única especie de su género y es endémica de un área de unas 800 000 hectáreas.

Argán. Liubov Mikhailova/Shutterstock

El ser humano lleva más de tres mil años explotándolo y gestionándolo para obtener aceite de argán. Este es el aceite más caro del mundo, con un coste de hasta 300 dólares por litro en un mercado de 500 millones de dólares. El aceite de argán es, quizás, el que más se usa como hidratante y se suele encontrar en productos como lociones, jabones y acondicionadores para el cabello.

Además, el árbol de argán es también una fuente de madera para cercas, así como una fuente de carbón vegetal y de forraje para las cabras. Es un árbol verdaderamente polivalente, y resulta esencial sobre todo para el sustento de las mujeres.

Por desgracia, a pesar de ser reserva de la biosfera de la UNESCO, el bosque de argán está muriendo lentamente a causa del sobrepastoreo, la deforestación y el cambio climático. Esperemos que el auge del aceite de argán ayude a conservar y restaurar este ecosistema forestal único.

Un bosque de argán. Kokhanchikov

La selva tropical de la cuenca del Congo

Si volamos hacia el sureste, sobre el desierto del Sahara y las sabanas sahelianas, llegamos a la selva tropical de la cuenca del Congo.

La selva tropical de la cuenca del Congo es el segundo bosque tropical más grande del mundo (después del Amazonas). Es el hogar de muchos gigantes, árboles como el Sipo o el Moabi. Estos y otros gigantes son el origen de la preciada madera, pero también de importantes recursos para la población local, como alimentos y medicinas. También es el hogar de animales como elefantes de bosque, búfalos y gorilas de tierras bajas.

En lo más profundo de los bosques de la cuenca del Congo se encuentra el mayor bosque pantanoso de turba del mundo. “Descubierto” recientemente por la ciencia, este lugar era conocido por la comunidad Aka, que lo habita con la creencia de que es el sitio por el que vagaba Mokele Mbembe, un mítico monstruo del tamaño de un elefante que se asemeja a un dinosaurio.

Nadie lo ha visto nunca, pero en la actualidad se sabe que este bosque de turba almacena más de 30.000 millones de toneladas de carbono. La tala del bosque haría que se liberase todo el carbono y, si esto ocurre, habremos desencadenado un monstruo mucho peor que el Mokele Mbembe.

Tala de árboles en Camerún. Photo by Brent Stirton/Getty Images

Afortunadamente, debido a su lejanía y dificultad de acceso, el bosque de turbas de la cuenca del Congo ha estado protegido de forma natural hasta ahora pero, si no permanecemos atentos, pronto podría verse amenazado por las prospecciones petrolíferas.

Los bosques afromontanos de África oriental

En la frontera oriental de la cuenca del Congo se alzan las montañas Ruwenzori, en cuyas laderas yacen los últimos bosques afromontanos.

Estos bosques conforman el hábitat del árbol más alto de África, un Entandrophragma excelsum escondido en un remoto valle del Kilimanjaro que posee una sorprendente altura de 81,5 metros.

Lena Ha/Shutterstock

Estos bosques albergan un alto nivel de endemismo (lo que quiere decir que muchos de estos árboles solo pueden encontrarse en este lugar) y biodiversidad. También actúan como depósitos de agua, regulándola y proporcionándola a las tierras bajas y a sus habitantes.

Estos bosques afromontanos almacenan más carbono por hectárea que la selva amazónica. Lamentablemente, en los últimos 20 años se han perdido 0,8 millones de hectáreas de bosques de montaña a causa de la agricultura. La mayor parte se encuentra en la República Democrática del Congo, Uganda y Etiopía. Esto ha provocado la emisión de más de 450 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

Bosques de miombo

Si continuamos nuestro viaje hacia el sur, pronto llegamos a la inmensa zona de los bosques de miombo. Se calcula que abarcan una superficie total de unos 2,7 millones de km², desde Angola en el oeste hasta Tanzania en el este, y hasta el extremo septentrional de Sudáfrica.

Más de 65 millones de personas dependen de estos ecosistemas para su subsistencia, ya que hacen uso de recursos como la leña, la madera, la producción de carbón vegetal, las frutas, la miel, las setas, las plantas medicinales y el pienso para el ganado.

Solo una especie arbórea hace el dosel, el Colophospermum mopane.

Son un ecosistema importante para la diversidad y la biomasa de los grandes mamíferos de África meridional, incluidas algunas de las poblaciones más importantes que quedan de rinoceronte negro, elefante, rinoceronte blanco, hipopótamo, búfalo, jirafa y kudú mayor.

El bosque es también la única fuente de un animal menos emblemático pero muy importante: el gusano mopane. Gonimbrasia belina, por su nombre en latín, es una fuente estacional de proteínas muy importante para las poblaciones que viven cerca de los bosques de mopane.

Por desgracia, la disminución de la densidad de los árboles de mopane, las precipitaciones más bajas de lo habitual y las temperaturas más altas de lo normal han afectado considerablemente a la disponibilidad del gusano mopane y a los casos de brotes, amenazando los ya precarios medios de vida de las poblaciones locales.

El bosque espinoso de Madagascar

Cruzando el canal de Mozambique llegamos a Madagascar. En el suroeste de la «Grande Ile» crece el bosque espinoso. Se trata de un lugar como ningún otro en la Tierra, donde rarezas endémicas como el árbol pulpo (Didierea madagascariensis) y otros extraños miembros de la familia Didieraceae crecen mezclados con baobabs hinchados (Adansonia rubrostipa) y otros árboles botella (Pachypodium geayi).

El bosque espinoso está habitado por animales aún más extraños, como lémures blancos y fantasmales que son inmunes a las espinas, pájaros que cantan en comunidad y un camaleón que pasa la mayor parte de su vida en forma de huevo.

Por desgracia, al igual que las otras maravillas forestales únicas de África, el bosque espinoso se ve amenazado por la sobreexplotación para la producción de carbón vegetal, dado que los productores locales se han visto fuera del negocio debido al clima cada vez más imprevisible, y no tienen muchas otras oportunidades en el empobrecido y seco suroeste de Madagascar.

Gusano de Mopane. Shutterstock / Sunshine Seeds

Hemos llegado al final de nuestro viaje por África. Nuestras elecciones son subjetivas y podríamos haber presentado otras maravillas forestales, pero esperamos que esto sea suficiente para convencer a los lectores de la importancia de estos ecosistemas y de que se encuentran amenazados por culpa de nosotros, los humanos. Deberíamos protegerlos y gestionarlos mejor, pues dependemos de ellos para sobrevivir.


Artículo traducido por Miriam Ojeda Cabrera para Casa África.


This article was originally published in English

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