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Elena Fortún y María Rodrigo: dos mujeres en la Edad de Plata

En el año 1934, dos mujeres de la cultura española, cuyas figuras estamos ahora empezando a recuperar, unieron sus voces para cantar y contar el cancionero infantil en un libro que representa una maravillosa joya bibliográfica recientemente recuperada en edición facsímil. Canciones infantiles es una obra concebida en su momento como objeto artístico gracias a su cuidado diseño tipográfico y a las ilustraciones de Gori Muñoz.

El encuentro de dos artistas mujeres

Un encuentro fruto de una feliz “causalidad”, pues ambas artistas tuvieron muchos puntos de conexión tanto en el terreno cronológico como en el vital e intelectual. Las dos nacieron en los últimos años del siglo XIX, y formaron parte destacada y característica de la irrupción femenina en ese mundo profesional que permitió su emancipación, con todas las controversias externas e internas que ello supuso para las propias mujeres.

En este aspecto encontramos algunas diferencias entre ellas. Mientras Elena Fortún inició de manera tardía su trabajo como escritora, y tuvo que formarse ya en su etapa adulta, María Rodrigo contó en cambio desde pequeña con el apoyo familiar para prepararse a fondo en la carrera musical, decidida desde joven a tener una vida profesional propia e independiente.

Para las dos la guerra civil supuso un corte abrupto en sus vidas, y ambas partirían en 1939 al exilio. Elena Fortún volverá nueve años después, para morir en 1952. María Rodrigo no retornará jamás, y tras recalar primero en Colombia, fallecerá en 1967 en Puerto Rico, su último lugar de residencia.

Son pues muchos los paralelismos entre la vida de estas dos mujeres que decidieron trabajar juntas para realizar este hermoso cancionero infantil. Su colaboración surgiría desde sus encuentros en espacios tan importantes para el desarrollo profesional de las mujeres como el Lyceum Club, donde tanto Elena Fortún como María Rodrigo tuvieron presencia destacada.

Encarnación Aragoneses, la mujer tras Elena Fortún

Elena Fortún. Wikimedia Commons

Elena Fortún era sólo un nombre en la portada de nuestras lecturas infantiles hasta que en los últimos años del ya pasado siglo la serie de TVE “Celia” volvió a poner el foco en el personaje y, sobre todo, por primera vez, en su autora.

A quienes recordábamos los maravillosos ratos de infancia pasados con ella, nos llamaron la atención las entrevistas e informaciones en las que Carmen Martín Gaite, autora de los guiones de la serie, comentaba ya por fin algunos datos de su creadora: supimos así que Elena Fortún era en realidad el seudónimo con el que realizó la práctica totalidad de su carrera literaria Encarnación Aragoneses Urquijo, nacida en Madrid el 17 de noviembre de 1886.

Hija única de madre vasca y padre de origen segoviano, se casó muy joven, en 1906, con su primo Eusebio de Gorbea, militar de carrera y de clara vocación literaria, en especial en el terreno del teatro. Con él se introdujo en el ambiente intelectual y artístico de la época, y con el tiempo Encarnación formó parte del famoso Lyceum Club en Madrid.

La trágica muerte, siendo niño aún, de uno de sus hijos la marcó profundamente; sus inicios en la literatura fueron tardíos pero firmes, pues consiguió destacar brillantemente en el terreno de la literatura infantil. En su exilio tras la guerra civil, una nueva tragedia marcó sus últimos años, con el suicidio de su marido cuando ella ya estaba planeando el regreso a España, donde falleció poco tiempo después.

En años más recientes hemos tenido ocasión de conocer mucho más de su biografía y su creación gracias a la labor de Nuria Capdevila-Argüelles y María Jesús Fraga. Se ha podido recuperar así su obra gracias a la biblioteca sobre la escritora que publica la editorial Renacimiento y dirige Nuria Capdevila-Argüelles, donde además han aparecido dos obras concebidas por la escritora con la mirada de la etapa adulta: Celia en la revolución y Oculto sendero.

La recuperación de su obra y de la abundante documentación en torno a su vida nos ofrece una visión clara de su personalidad, con numerosas contradicciones fruto de su lucha ante el camino de la evolución para ser una nueva mujer, una mujer moderna. En este camino se encontró con muchas compañeras junto a las que compartió ilusiones, dudas, trabajos.

Entre ellas, la compositora María Rodrigo, una de esas mujeres que brillaron en ese primer tercio del siglo XX. Su labor fue muy reconocida y su vida profesional destacada, pero tras su exilio se convirtió en una desconocida durante años para el público español.

María Rodrigo, en los caminos de la música española

María Rodrigo Bellido. Wikimedia Commons

María nació el 20 de marzo de 1888 en Madrid; su padre era profesor de música y con él empezó de niña su formación. Continuó en el Real Conservatorio de Madrid, donde estudió piano y composición con premio fin de carrera.

La Junta de Ampliación de Estudios, de la Institución Libre de Enseñanza, le otorgó una beca para perfeccionar su formación en el extranjero, estudiando en la Real Academia de Munich. Posteriormente la Junta pensionaría igualmente a su única hermana, Mercedes, para estudiar en Ginebra pedagogía y psicología experimental: de hecho, Mercedes fue la primera mujer en España formada académicamente en psicología.

Pronto inició su trabajo en la escena con dos obras, su ópera en un acto Becqueriana, y la zarzuela Diana cazadora o Pena de muerte al amor, ambas con libreto de los hermanos Álvarez Quintero. El viernes 15 de abril de 1915 se estrenaba Becqueriana en el Teatro de la Zarzuela, con gran seguimiento e interés en la prensa de la época.

En su carrera trabajó en numerosas ocasiones para el teatro, y colaboró con el matrimonio formado por Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga, otra de las grandes figuras femeninas en la vida intelectual y artística de la época. María mantuvo paralelamente una actividad importante como intérprete en el piano, además de ser durante un tiempo concertadora del Teatro Real y profesora suplente de Conjunto Coral e Instrumental en el Real Conservatorio de Madrid.

Asociacionismo femenino

La participación en el activo asociacionismo de la época es otra de las claves para comprender la figura de María Rodrigo y su claro interés por las nuevas propuestas sociales. Cuando surge el Lyceum Club en 1926, María y Mercedes Rodrigo se encuentran entre sus fundadoras, y en 1931 acompaña a María Lejárraga en la creación de la Asociación Femenina de Educación Cívica (“La Cívica”) donde se hizo cargo de las clases de música y participó en numerosas conferencias y conciertos.

Las hermanas Rodrigo parten al exilio en 1939, primero para recalar en Colombia, pero por cuestiones políticas, tuvieron de nuevo que exiliarse, esta vez en un viaje definitivo a Puerto Rico. Una amplia colonia española las esperaba en la isla, en particular en la Universidad de Río Piedras, donde ambas entraron a trabajar. María falleció el 8 de diciembre de 1967 en San Juan, y en 1982 lo haría su hermana Mercedes. Sabemos que las hermanas Rodrigo dejaron también su huella personal y profesional en la historia de Puerto Rico, como antes lo hicieron en Colombia.

¡Bellas canciones infantiles!

Portada de Canciones infantiles (Editorial Renacimiento).

Era prácticamente inevitable que ambas encontraran un punto singular de colaboración que dio como resultado este Cancionero Infantil, hoy una verdadera joya. Su publicación llamó la atención de la crítica literaria en 1934, que subrayó con unanimidad la belleza y calidad de la empresa en todos sus aspectos.

En el Prólogo de este cancionero, Elena Fortún habla de la intención de este trabajo, surgido de la preocupación de dos mujeres nacidas “en el siglo pasado” por el destino de las bellas canciones tradicionales infantiles, que no quieren dejar perder, pero que tampoco pretenden enterrar en un mero estudio sin vida: aspiran a que esas canciones se sigan manteniendo en el repertorio vivo.

¡Bellas canciones infantiles, próximas a perderse para siempre o a quedarse fosilizadas entre las páginas de libros sabios!

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