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Instagram nos hace peores turistas: así se viaja con respeto

En los últimos años han aumentado los incidentes protagonizados por turistas en destinos populares. Las noticias sobre un hombre que pintarrajeó el Coliseo de Roma demuestran que el comportamiento ha empeorado incluso en lugares donde antes no solía haber problemas.

¿Qué hay detrás de estos actos? Parte de la respuesta, según mis investigaciones, está en las redes sociales. Instagram y TikTok han facilitado la búsqueda de restaurantes que son auténticas “joyas ocultas” y el descubrimiento de nuevos destinos que añadir a la lista de cosas que hacer antes de morir. Pero esta democratización de los viajes ha tenido consecuencias nada positivas.

Ahora que la gente ve con frecuencia a sus contactos más próximos en redes sociales viajar a lugares exóticos, asume (conscientemente o no) que el comportamiento que habitualmente llevan a cabo en casa también es aceptable en esos destinos de vacaciones.

Cuando tomamos decisiones sobre nuestro comportamiento fijándonos en lo que hacen los demás hablamos de prueba social. Y es un fenómeno muy habitual en redes sociales. Si nuestros contactos se comportan de manera imprudente en vacaciones, eso puede dar lugar a un efecto dominó de mal comportamiento.

He identificado otras malas actitudes y hábitos que han surgido como resultado del turismo impulsado por las redes sociales.

Por ejemplo, como los turistas suelen alojarse en hoteles y complejos turísticos alejados de las comunidades locales, pueden pensar (erróneamente) que viajar a un lugar lejos de casa es una oportunidad para comportarse mal sin consecuencias. Tiene que ver con el efecto de víctima identificable, que explica que es más probable que la gente simpatice con las víctimas de tragedias cuando sabe quiénes son esas víctimas. En el caso de los turistas, subestiman –o ignoran– el efecto que pueden tener sus acciones en la población local o en su economía.

El efecto Instagram

Cuando viajamos a un lugar bonito, la tentación de publicar fotos y vídeos en las redes sociales es enorme. Pero, como he argumentado, esto genera una cadena que contribuye a que nos convirtamos en viajeros autoindulgentes.

En primer lugar, los turistas ven a sus amigos publicar fotos de un lugar determinado (indicado con geoetiquetas). A continuación, quieren visitar los mismos lugares y hacerse el mismo tipo de fotos. Finalmente, las publican en las mismas redes sociales donde vieron las fotos iniciales.

Poder viajar a los mismos lugares que el grupo social o los contactos virtuales de uno y publicar sobre ellos puede ser una forma de estatus social. Pero implica que, en algunos casos, los viajeros dedican más energía a crear contenidos que a explorar, descubrir o ser respetuosos con las costumbres locales.

Bali y otros puntos calientes responden

Bali es un destino con fama de turismo inducido por las redes sociales. La fotogénica isla, repleta de retiros de yoga, es un gran atractivo para los influencers.

En respuesta al mal comportamiento de los turistas, en junio de 2023 Bali introdujo nuevas directrices para los visitantes. Entre ellas figuran normas sobre el comportamiento adecuado en los templos sagrados, en la isla y con los lugareños, así como sobre el respeto al entorno natural.

Los turistas necesitan ahora una licencia para alquilar motos, y no pueden poner el pie en ninguna montaña o volcán de Bali debido a su carácter sagrado. Únicamente les está permitido alojarse en hoteles y villas registrados –lo que ha afectado a varias propiedades de Airbnb–. Bali ha introducido un “grupo de trabajo turístico” para hacer cumplir las restricciones, mediante redadas e investigaciones si es necesario.

Una de las nuevas directrices es no actuar con agresividad ni emplear palabras malsonantes con la población local, funcionarios públicos u otros turistas. Ni en Bali ni, sobre todo, en Internet. Esto habla del papel de las redes sociales como parte del problema cuando se trata del mal comportamiento de los turistas.

Multitud de turistas clamando por hacer una foto a la Mona Lisa en el museo del Louvre de París.
Conseguir la foto perfecta. Windcolors/Shutterstock

Otros destinos han tomado medidas similares. Islandia, Hawái, Palaos, Nueva Zelanda y Costa Rica han adoptado compromisos para que los visitantes respeten las leyes y costumbres locales. Campañas como la suiza “No Drama”, la austriaca “See Vienna – not #Vienna”, la finlandesa “Be more like a finn” y la holandesa “How to Amsterdam” pretenden atraer a turistas que se comporten bien.

Cuando estos esfuerzos no tienen éxito, algunos lugares como la famosa Maya Bay de Tailandia han ido más allá y han cerrado completamente sus puertas a los turistas, al menos temporalmente.

Viaje con respeto

Recuerde que es un huésped de las comunidades anfitrionas cuando viaja. He aquí algunas formas de asegurarse de que le invitarán a volver.

1. Investigue

Aunque sea un viajero experimentado, puede que no se dé cuenta del impacto que sus acciones tienen en las comunidades locales. Pero un poco de información –procedente de su propia investigación o proporcionada por los gobiernos locales– puede ser suficiente para ayudarle a actuar de forma más adecuada. Antes de viajar, busque directrices o información de referencia sobre las normas culturales o de seguridad locales.

Que esté de acuerdo o no con las costumbres es irrelevante. Si es un lugar más conservador de lo que está acostumbrado, debe tenerlo en cuenta –a diferencia de los dos influencers que fueron detenidos por comportamiento explícito en un templo de Bali–.

2. Deje el móvil…

Las investigaciones demuestran que, cuando se viaja, las personas pueden alienarse de su entorno si están más centradas en sus dispositivos que en el destino.

A menudo, las experiencias de viaje más memorables se producen cuando se establece una conexión significativa con alguien o se aprende algo nuevo que nunca se había experimentado antes. Eso resulta más difícil si estamos constantemente mirando el móvil.

3. …o use su influencia para hacer el bien.

En las populares publicaciones “Instagram vs reality”, los influencers están revelando las enormes multitudes y colas que hay detrás de los lugares más instagrameables.

Mostrar las condiciones poco glamurosas que se esconden tras esas fotos icónicas podría influir en sus propios contactos en redes para que se replanteen sus motivaciones personales a la hora de viajar: ¿acaso van a algún sitio solo para hacerse el selfie perfecto?

El hecho de que haya más pruebas de estas circunstancias circulando por Internet podría conducir a un cambio social más amplio que se alejara del turismo inducido por las redes sociales.

Si le apetece subir contenido de sus vacaciones a Internet, intente promocionar negocios pequeños y asegúrese de que su comportamiento es adecuado (y legal).

This article was originally published in English

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