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Centro Pompidou de Málaga. Shutterstock / JUAN ANTONIO ORIHUELA

Las estrategias de los principales museos de Málaga frente a la nueva normalidad

Veníamos de tiempos de euforia cultural, cuando la crisis global del coronavirus apareció a principios de 2020. Parecía que iba a ser una pequeña pausa, pero hemos llegado a un escenario muy distinto: la pandemia se ha instalado temporalmente en nuestra cotidianidad. No sabemos hasta cuando seguiremos inmersos en esta nueva normalidad que lo ha cambiado todo. Trastocando, lógicamente, el siempre frágil ecosistema cultural.

La cultura como motor económico

El caso de Málaga es particularmente significativo. Se trata de una ciudad donde han florecido las infraestructuras culturales en la última década, propiciando su atractivo como importante destino turístico.

Hasta hace no mucho, el panorama era muy diferente. A comienzos del nuevo milenio, Málaga necesitaba mudar la piel, había experimentado una gran degradación. La ciudad requería un profundo cambio y para obrarlo decidió apostar por la cultura, la cultura ligada al turismo como motor económico. No es una solución novedosa. Barcelona, Bilbao, Valencia o Santiago de Compostela son ejemplos de ello, algunos con mayor fortuna que otros.

La cultura ha ganado centralidad en el desarrollo económico de las sociedades occidentales. Surgen entonces costosas infraestructuras culturales, se organizan importantes eventos y se fomentan toda clase de iniciativas, para destacar y atraer al mayor número de visitantes, en un contexto de fuerte competencia. Pero ¿qué ocurre cuando sobreviene una crisis global como la del coronavirus?

Málaga, ciudad de los museos

Sin duda, este modelo de desarrollo genera un ecosistema delicado, especialmente frágil en un contexto de crisis como el actual. Con una alta densidad de hitos culturales –en Málaga coexisten casi cuarenta museos–, hoy, sin la explosión turística que nutría económicamente a la ciudad, las diferentes instituciones se encuentran en una situación prácticamente de supervivencia. A medio plazo se plantea un gran problema de sostenibilidad y amortización.

En consecuencia, urge replantear las estrategias y reformular la programación de las instituciones culturales, así como la orientación de las futuras inversiones.

Propuestas menos masivas y más cercanas

Los principales museos de Málaga, para sobrellevar la crisis y adaptarse a los nuevos tiempos, han pasado de un enfoque masivo, muy vinculado al amplio desarrollo turístico de la ciudad, a propuestas más cercanas.

Han adecuado sus actividades a un nuevo público de proximidad, con todas las garantías de seguridad y protocolos que impone la pandemia, junto al desarrollo y la potenciación de proyectos online para mantener la visibilidad. No entraremos aquí a desglosar las grandes exposiciones que, con la reducción de aforos y la caída del turismo, se han visto lógicamente afectadas. Debido al confinamiento tuvieron que reorganizar la programación y en las exposiciones que se inauguraron en mayo, por ejemplo en el CAC Málaga, se centraron en artistas nacionales con exposiciones logísticamente más fáciles de organizar.

El Museo de Málaga volvió a abrir sus puertas el 23 de junio, con todas las medidas de seguridad exigidas. Las actividades se han amoldado a las circunstancias de la covid-19, empleando preferentemente su gran patio abierto como escenario para muchas de ellas.

También el Museo Piccasso Málaga ha apostado por buscar entornos seguros para sus actividades. Durante los meses de julio y agosto ofreció en el jardín del museo conciertos de música clásica, jazz y flamenco, así como teatro de títeres y talleres.

Museo de Málaga.

Activo durante el confinamiento

El Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, siguiendo las directrices sanitarias, suspendió todas las actividades presenciales educativas y culturales, además de las exposiciones vigentes desde el 14 de marzo, reabriendo el 26 de mayo. Pero hay que recalcar que fue especialmente activo durante el confinamiento.

Bajo el hashtag #CACMalagaEnCasa, realizó gran número de actividades y puso muchos recursos disponibles online, animando además a la participación a través de las redes sociales. Permite además descargar gratuitamente en su página web los catálogos de publicación propia sobre exposiciones en el museo y adentrarse en las exposiciones mediante visitas virtuales.

Combinación internet y presencial

Sin duda, los recursos y el trabajo a través de internet son una de las soluciones con mayor proyección de futuro. Supone un desafío, pero también una oportunidad. El Museo Carmen Thyssen Málaga retomó el 7 de mayo de forma virtual la VII edición del ciclo “Narrativas en la Colección Carmen Thyssen” que quedó interrumpido en marzo tras el inicio del estado de alarma.

Las propuestas culturales con público volvieron, a finales de junio, a las salas y espacios de la Fundación Picasso Museo Casa Natal, el Centre Pompidou Málaga y la Colección del Museo Ruso con la programación de talleres, visitas guiadas, conciertos, charlas, conferencias y encuentros literarios al hilo de las exposiciones que se exhiben.

Todas las actividades se celebraron teniendo en cuenta las medidas higiénico-sanitarias garantizando la seguridad del público, artistas y personal. A lo largo de este tiempo se han puesto en marcha distintas campañas, no obstante, haremos mención a una en especial: Por la cara. El usuario debía compartir un selfie delante de los tres espacios museísticos en sus perfiles sociales, etiquetándolos y añadiendo el hashtag #porlacara. Al mostrarlo en la recepción, disfrutaba de las exposiciones de forma gratuita.

Hacia un nuevo modelo

El desconfinamiento de las artes y la cultura es vital para la supervivencia de muchas ciudades. Los museos están emprendiendo valiosas y valerosas iniciativas para mantenerse a flote. El arte y la cultura son un medio de reconstrucción en un contexto de poscrisis.

Pero, una vez superada la pandemia, deberíamos aprender la lección –no sólo en Málaga, la ciudad ejemplifica una tendencia generalizada–, y reconducir la situación hacia un modelo de desarrollo cultural más sólido y menos explosivo. Museos más sostenibles y respetuosos con el territorio, que generen una cultura menos espectacular, pero más educativa y abierta. Siguiendo muy de cerca los avances de la museografía virtual y las humanidades digitales, potenciando un mayor volumen de contenido y actividades online.

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