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Llega la farmacogenética: tratamientos para la salud mental a la medida del paciente

Una de cada cuatro personas presenta o desarrollará un trastorno de salud mental a lo largo de su vida. La crisis de la covid-19 ha alimentado la preocupación de la sociedad por este problema y ha agravado su incidencia, como refleja el incremento considerable en ventas y gasto anual de psicofármacos.

Sin embargo, la administración de estos compuestos no da siempre los resultados esperados. La prescripción de medicación psiquiátrica requiere muchas pruebas de ensayo-error debido a que cada persona responde a los tratamientos de forma diferente.

¿Por qué no me hace efecto la medicación?

Para que un medicamento funcione –o lo que es lo mismo, para que haya respuesta terapéutica– se deben tener en cuenta numerosos factores, como la edad, el género, el peso, la etnia o el consumo de tabaco del paciente. El médico va a administrar las dosis teniendo en cuenta estas características.

Pero pongámonos en una situación que podría ser real: dos personas con los mismos rasgos (ambos son hombres, jóvenes y fumadores) reciben idéntica dosis, pero solo uno de ellos muestra el efecto adecuado. ¿Qué puede estar ocurriendo?

Se estima que entre el 40 y el 50 % de los pacientes tratados con fármacos psicotrópicos no obtienen beneficios de su tratamiento. Y es aquí donde entra en juego otro de los factores que pueden influir en el funcionamiento del medicamento: la genética. Cada persona presenta un conjunto único de genes que pueden influir en cómo el cuerpo procesa y responde a los tratamientos.

El estudio de estos genes se denomina farmacogenética y proporciona un enfoque para adaptar las terapias en función del perfil genético de un individuo y su respuesta única al medicamento. Esto puede ser a dos niveles: el farmacocinético (cómo se mueve el fármaco a través del cuerpo) y el farmacodinámico (cómo actúa en el cuerpo). Mediante una muestra sanguínea pueden identificarse las mutaciones que provocan la respuesta alterada.

En este caso, la causa de que uno de los pacientes no responda puede deberse a la mutación de un gen implicado en la producción de enzimas –agrupadas en la superfamilia citocromo P450– que se encargan de eliminar el fármaco del cuerpo.

Cerca de 20 000 genes en nuestro material genético contienen la información para fabricar proteínas o enzimas. Cuando uno de ellos no funciona correctamente, estas enzimas pueden dejar de actuar de manera adecuada. Esa mutación se hereda, como heredamos el color de pelo, y puede determinar que el mismo medicamento se comporte de forma diferente en cada persona.

No por mucho correr… se llega antes

Quizás con un ejemplo se vea más fácil. Imaginemos a la enzima como el motor de un coche y al fármaco como el combustible que consume el motor. Cada enzima va a presentar una velocidad diferente, como si fuesen motores de diferentes coches: lenta (Twingo), normal (Mercedes) o ultrarrápida (Ferrari). En función de esta velocidad, se gastará más o menos combustible.

La mayoría de la población dispondría de un Mercedes: una vez administrado el fármaco, este se degradada a una velocidad adecuada y genera el efecto deseado. Sin embargo, en ciertas ocasiones, esto no es lo que ocurre. Si nos ha tocado en suerte un Twingo, la enzima funciona más despacio, degradando menos medicamento. Entonces este se acumula y puede generar efectos adversos. Y, por el contrario, si la velocidad es excesivamente rápida, como la de un Ferrari, se consumirá más fármaco del deseado y no funcionará.

Para remediarlo, el psiquiatra podría añadir el análisis genético al resto de factores a tener en cuenta para prescribir la medicación y… ¡magia! Hemos encontrado una pieza del rompecabezas que ayuda a afinar la respuesta terapéutica. Así se evitan las pruebas de ensayo-error y, lo que es más importante, mejora la salud del paciente.

Barreras para implementar la farmacogenética

En el futuro, la información farmacogenética podría formar parte de la rutina a la hora de elegir un fármaco o determinar su dosis, igual que se tienen en cuenta el género, la edad o el origen étnico. Esto podría ayudar a disminuir el tiempo que se tarda en encontrar un medicamento psicotrópico eficaz y tolerable.

Pero ¿por qué en el futuro y no en la actualidad? No es oro todo lo que reluce. A pesar de la evidencia sobre el potencial de la farmacogenética, todavía existen barreras para poner en marcha estas pruebas: hacen falta un mayor número de ensayos validados y los costes son elevados. Eso sin contar que muchos profesionales no saben qué es la farmacogenética. ¿Usted lo sabía?

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