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‘Sin amistad no hay vida alguna’: de Cicerón al siglo XXI

El 3 de julio de 2019 se estrenó en Mérida Viejo amigo Cicerón, de Ernesto Caballero. En una antigua Roma soñada en una biblioteca actual, un Cicerón (106-43 a. e. c.) interpretado por José María Pou personifica la integridad moral de quien mantiene la coherencia de sus convicciones políticas.

Un personaje excepcional en un mundo de mezquinas ambiciones y deslealtades –¡tan actuales!–, protagonista activo y espectador crítico del derrumbe de la República, que aseguraba:

“lo único que sé es que en la amistad no debe haber nada fingido, nada simulado; todo verdadero y claro. El amigo verdadero siempre se alegra del éxito de su par”.

La amistad del pasado es actual

Es el ejemplo paradigmático de la humanitas, el humanismo que entiende la formación cultural como enriquecimiento personal, sí, pero proyectado a la sociedad.

Cicerón desarrolló una febril actividad filosófica justo cuando estuvo alejado de la lucha política, más en concreto en sus últimos años, cuando la vida lo golpeó (separado de su esposa Terencia –47 a. e. c.– y muerta su querida hija Tulia –45 a. e. c.–). En ese momento, hasta configurar una suerte de “proyecto filosófico”, se preocupó de cuestiones de ética y moral. En esta línea, dedicó a su amigo Ático los breves Sobre la vejez y Sobre la amistad.

Cuando lo leemos puede llegar a provocarnos miedo, ser “formidable” en su sentido etimológico, al sentir cómo unos textos de más de dos milenios nos interpelan directamente. En él podemos encontrar respuestas para los accidentes y avatares de la vida, sabiduría para enfrentar las perturbaciones del alma, para llegar a la felicidad… Filosofía del día a día, sin más.

Fragmento de 'Cicerón con su amigo Ático y su hermano Quinto, en su villa de Arpinum', de Richard Wilson.
Fragmento de ‘Cicerón con su amigo Ático y su hermano Quinto, en su villa de Arpinum’, de Richard Wilson (1782). Google Art Project

Su tratadito Sobre la amistad podría haber sido escrito en nuestro también convulso siglo XXI –tan actual es todo lo que dice–. Nos pone ante la duda, los interrogantes que nos llevan a la certeza de “ser y no ser”. ¿Cómo interpreta la auténtica amistad y qué nos dice hoy?

Sin duda, lo mejor es dejar que él mismo, con sus palabras, nos sorprenda.

¿Dónde están las amistades sinceras?

“La amistad no es otra cosa que una coincidencia en lo relativo a las cuestiones divinas y humanas con afecto y cariño”.

La amistad es el sumo bien, pero no podremos encontrarla en cualquier sitio ni en cualquier persona, hasta el punto de que el número de los auténticos amigos es necesariamente reducido.

Así, “no puede haber amistad sino con gente de bien” y “de la ilimitada sociabilidad del género humano procurada por la propia naturaleza, a tal punto se reduce y restringe la amistad que todo afecto se limita a dos o a pocas personas”.

¡Y qué curiosa es una apreciación sobre esta cuestión en los tiempos que corren!:

“muy difícilmente se encuentran auténticas amistadas entre los que se dedican a la política”.

La amistad debe ser un sentimiento absolutamente sincero, nunca movido por la conveniencia o utilidad que se pueda derivar de ella:

“generalmente, cuando reflexiono sobre la amistad, me suele parecer que lo más importante es tener en consideración si la amistad es deseada por debilidad o necesidad, de suerte que haciendo y recibiendo favores uno recibe de otro lo que no puede conseguir por sí mismo, y a su vez se lo devuelve (…), en la amistad nada es fingido, nada aparente, y lo que hay es auténtico y espontáneo”.

No hay sincera amistad si buscamos algo con ella, de modo que hay que discernir dónde está el verdadero amigo. De un amigo no se debe esperar que alabe todo lo que haces, que no critique tus comportamientos criticables: “el amigo lisonjero puede separarse del auténtico y distinguirse si se pone cuidado”.

Pero, tal vez, la reflexión más impactante es la siguiente:

“A pesar de que Enio decía con razón que ‘el amigo cierto se revela en situaciones inciertas’, sin embargo, en dos circunstancias se demuestra a las claras la volubilidad y fragilidad de la mayoría: despreciar al amigo si las cosas te van bien, abandonarlo si le van mal”.

Esta misma reflexión la encontramos en la canción “Amigo” del cantante brasileño Roberto Carlos: “Tú eres realmente el más cierto en horas inciertas”.

… “si no hubiese alguien que se alegrase con ellas como tú mismo”

Pero ni siquiera con los amigos auténticos vale todo, sino que hay unos límites que no se pueden (no se deben) traspasar y que vienen marcados por la dignidad:

“la primera ley que hay que ratificar sobre la amistad es esta: pidamos a los amigos cosas intachables, hagamos cosas intachables por amistad, y ni siquiera esperemos a que nos las pidan; (…) atrevámonos a aconsejar sin miedo; en la amistad tiene mucho valor la autoridad de los amigos que aconsejan bien, y debe emplearse para advertir no solo abiertamente, sino también con dureza y, si la ocasión lo requiere, debe ser obedecida cuando es empleada”.

Ya se lo preguntaba Cicerón:

“¿Cómo puede haber una vida digna de ser vivida (…) que no se cimente en el mutuo afecto del amigo? ¿Qué puede ser más agradable que contar con alguien con el que puedas hablar abiertamente de todo como contigo mismo? ¿Qué tendrían de provechosas las situaciones favorables si no hubiese alguien que se alegrase con ellas como tú mismo?”.

Así es, “sin amistad no hay vida alguna, suponiendo que se quiera vivir con cierto decoro”.

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