Todos a una para evitar el colapso económico por el coronavirus

Después de las medidas drásticas y urgentes decretadas el pasado sábado, y que seguro van a prorrogarse en el tiempo, llega el momento de ocuparse también de la economía y de los damnificados por el necesario parón por las medidas decretadas, que suponen dañar gravemente el flujo económico fundamental de cualquier economía: las relación de producción y consumo –tanto internas como internacionales– y sus mecanismos de intercambio.

Toca ahora abordar la emergencia económica del COVID-19 evitando también su riesgo de contagio. El contagio de una caída de la actividad y consumo que tiene que ser lo más pasajera posible (eso lo determinará la evolución de la contención del virus y su mayor conocimiento y mitigación en los meses que siguen) pero que ha de ser percibido como temporal. Y para ello, los agentes económicos más afectados por las medidas de distanciamiento social deben ser apoyados mientras dure la crisis.

Cinco medidas urgentes

Las medidas urgentes en el ámbito económico pueden sintetizarse en varios puntos:

  1. Quieren dar un mensaje de ambición. La movilización de más de 200.000 millones –es verdad que la mayor parte, en avales y garantías– es una cantidad sin precedentes.

  2. Son medidas focalizadas en los agentes clave del flujo circular de la renta de una economía: las familias y las empresas. Ayudas a las familias más necesitadas con acciones claras como las moratorias en los pagos o decretar servicios esenciales hoy día: agua, luz, energía, comunicaciones… El apoyo a las familias en estos pagos y en la parte financiera es fundamental para que sigan preocupándose por el Virus más que por llegar a fin de mes.

  3. Los trabajadores para que no vean peligrar gravemente sus empleos o, al menos que no perciban que pierden su empleo para siempre. Es importante para mitigar el shock de demanda que supone el COVID-19 que los ajustes sean los imprescindibles y tengan naturaleza temporal: los más flexibles posibles (reducciones temporales) y que se permita el trabajo a distancia –lo más posible–. Que la situación de desempleo se reparta más entre todos y no se concentre entre colectivos, que suelen ser los más vulnerables. Y que aquellos que vean alterar su renta por estos motivos, encuentren medidas compensatorias articuladas por la Seguridad Social.

  4. La otra cara de la misma moneda son las empresas. La ruptura de su cadena de producción, suministro y mercado se ha de minimizar y, de nuevo, las medidas intentan que los ajustes sean temporales y no permanentes. Por ello, inciden especialmente en la liquidez a las empresas, especialmente a las pequeñas y medianas y a los autónomos. Y en una posible moratoria fiscal, no menos importante.

  5. Y no menos importante y que no se lee en un Decreto pero sí en la intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: la responsabilidad y el compromiso de todos los agentes económicos.

Compromiso ciudadano sin precedentes

Nunca un fenómeno como el que estamos viviendo ha exigido más responsabilidad y compromiso de la ciudadanía, también en el plano económico por parte de los agentes económicos.

Ahora es el momento de hacer tangible la Responsabilidad Social de las Empresas, con ejercicios de transparencia frente a sus grupos de interés externos: clientes y proveedores. Y también de compromiso con sus trabajadores, a los que hay que cuidar en su salud y conservar al máximo, aunque estén trabajando desde casa o con un expediente de regulación temporal.

Si todos ejercemos nuestra responsabilidad y ayudamos, asumiendo parte de los costes, los costes totales serán mucho menores que si jugamos a ser el capitán del Costa Concordia.

Decía el presidente del Gobierno de España que todos podemos ser empleados y empleadores en algún momento. Deudores una vez y acreedores en otra. Todos debemos sentir que apoyamos la causa común de salir de esta emergencia cuanto antes.

Sacrificio compartido

El tiempo, en economía, siempre juega en contra. Cuanta más larga sea la crisis, más profundas sus cicatrices. Y la manera de hacerla más corta es que todos los ciudadanos perciban que los sacrificios no recaen sólo en unos “muchos que tienen muy poco”.

El comerciante que ha cerrado su establecimiento; el trabajador al que mandan a casa sin saber qué pasará; la familia que tiene la certeza del final de sus ahorros con la incertidumbre de cuánto durará el confinamiento y si volverá al trabajo; o la empresa que necesita financiación para ir tirando son también los protagonistas de este batalla contra el virus.

No hay ajuste que no lastre más la economía que el “Sálvese quien pueda”. Esta frase no es sólo moralmente reprobable sino que es profundamente costosa. Nos han explicado muchas veces, incluso en las facultades de Economía, que el egoísmo es el motor del progreso: la búsqueda del propio interés o el beneficio es lo que mueve el mundo. Pero estas recetas, al menos ahora, no tienen ningún valor.

También el altruismo y la empatía mejoran significativamente nuestras relaciones sociales y la economía. La confianza reduce extraordinariamente los costes de transacción. Y la prosperidad tiene que ver con la cohesión.

Aquellos que citan a Adam Smith, como el padre de la economía liberal de mercado, y aluden a él como el autor que elogiaba el egoísmo como fuente de progreso, olvidan que también dijo:

“Humanidad, justicia, generosidad y espíritu público son las cualidades de mayor utilidad para los demás”.

Las intenciones de este Decreto parecen responder a esta máxima. Esperemos que su desarrollo ayude rápido a la gente que más lo necesita y que esto contribuya, junto con las medidas de refuerzo del sistema de salud y el sacrificio de todos los sanitarios que están trabajando sin tregua, a una salida más rápida y cohesionada de esta crisis sin precedentes.

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