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El tití leoncito (Leontopithecus rosalia) tiene una abundante y sedosa melena de color dorado uniforme. Shutterstock / Pedro Carrilho

¡Y yo con estos pelos!

¿Se han preguntado alguna vez lo extraña que es la relación con nuestro pelo?

Se trata de una relación amor/odio que oscila como un péndulo desde el cuidado y la entrega más absolutos a los métodos exterminadores más despiadados. Mientras que a algunos afortunados los mimamos con mascarillas y aterciopelamos con acondicionadores, a otros los mutilamos con cuchillas, los arrancamos con cera o los abrasamos con láser.

Sea en su vertiente protectora, sea en su faceta exterminadora, la humanidad ha dedicado tiempo, atención, distinción y simbología al pelo desde siempre.

Pero ¿qué es exactamente el pelo y cómo surgió?

Los orígenes evolutivos del pelo

El pelo está compuesto básicamente por queratina, un polipéptido fibroso rico en azufre muy interesante. De hecho, esta pequeña proteína es uno de los biomateriales estructurales más resistentes que existen gracias a una particular estructura tridimensional mantenida por puentes de hidrógeno, fuerzas hidrofóbicas y enlaces salinos.

La queratina fue clave para que los vertebrados pudiésemos salir del agua y colonizar el medio terrestre. Proporcionó a la epidermis dos propiedades maravillosas: la resistencia a la abrasión mecánica (que evitó que nos desolláramos al movernos o al desplazarnos) y la impermeabilidad (que posibilitó mantener hidratados nuestros tejidos).

Si bien algunos anfibios tienen engrosamientos de células queratinizadas (las verrugas de los sapos son un ejemplo), fueron los reptiles los que “inventaron” la capa córnea. Este “impermeable” epidérmico, formado por acumulación de láminas de queratina superpuestas, les permitió alejarse del agua sin morir deshidratados.

Es cierto que los reptiles aprovecharon morfológicamente la queratina en forma de escamas, garras o caparazones protectores (tortugas). Pero sus descendientes hemos explotado sus potencialidades de forma aún más espectacular.

De hecho, las aves, vástagos de los dinosaurios celurosaurios, construyen con ella plumas y picos, además de mantener las escamas de las patas y las uñas de sus antecesores. Aunque hemos sido nosotros, los mamíferos, los herederos de los reptiles terápsidos eucinodontos, los que hemos pegado el verdadero “pelotazo” con la queratina.

Vaca peluda de las Tierras Altas de Escocia. Shutterstock / Marie Charouzova

Las funciones del abrigo de pelo

Garras, uñas, pezuñas y barbas misticetas son ejemplos muy queratinizados relacionados con funciones como el desplazamiento, la manipulación del entorno, la depredación o la filtración.

Pero el derivado queratínico más versátil y plástico ha sido el pelo, un verdadero filón funcional para los mamíferos.

Veamos algunos ejemplos de lo que nuestro pelo nos ha procurado.

  1. Homeotermia. El pelaje de los mamíferos consta de borra (conjunto de pelos aislantes, densos y suaves) y jarra (conjunto de pelos protectores, más largos y gruesos, denominados cerdas). La combinación de ambos supuso la invención del “abrigo” ideal para evitar la pérdida de calor. Es más, el pelo fue imprescindible para la supervivencia en el invierno planetario de finales del cretácico que acabó con los dinosaurios.

  2. Mimetismo: Los mamíferos, encantados con nuestro ropaje natural, lo hemos personalizado de mil formas aprovechando las posibilidades de combinación que ofrecen la eumelanina y la feomelanina, los dos pigmentos fundamentales que colorean el pelo. En concreto, la eumelanina puede oscilar del negro al castaño claro en función del grado de oxidación de sus tirosinas (aminoácidos mayoritarios en esta proteína). Las pigmentaciones amarillentas-rojizas las aporta la feomelanina según su contenido del aminofenol, un derivado del triptófano.

    Jugando con estos colorantes, sus proporciones y la manera diferencial en que cada pelo lo haga en distintas partes del cuerpo, los mamíferos hemos fabricado un vestuario peludo envidiable. Además, muchas especies cambian su pelaje estacionalmente, disponiendo de “fondos de armario” tanto para la temporada primavera/verano como para la otoño/invierno.

    Así, los mamíferos árticos (osos, zorros, armiños…) se ponen sus abrigos blancos, carentes de pigmentos (leucocrómicos), para camuflarse en los entornos nevados. Cuando la llegada de la primavera hace brotar el color a su alrededor, conviene ser críptico y recurrir a colores más neutros.

    Las especies depredadoras dependen de atuendos miméticos para la caza eficiente. Los leones se visten del mismo amarillo que la vegetación herbácea seca de la sabana mientras que leopardos y tigres, cazadores en la selva, se “visten” de Rambo.

  3. Tacto. Las vibrisas son pelos sensoriales cuyo mínimo movimiento genera impulsos nerviosos que reciben áreas especializadas del encéfalo. Estos bigotes están especialmente desarrollados en animales nocturnos y fosores, en los que el tacto es una fuente de información de las características del entorno mucho más significativa que la vista.

  4. Defensa y protección. Los mamíferos erizamos el pelo gracias al músculo horripilador, que hace que éste se disponga perpendicularmente a la superficie de la piel en vez de en paralelo. Así conseguimos un intimidador aumento de volumen aparente frente a un presunto agresor.

    A los Homo sapiens, que hemos reducido drásticamente nuestra cubierta de pelo pero conservamos sus músculos erectores, se nos sigue poniendo la piel de gallina ante una situación de pánico. Esos bultitos no son más que los músculos horripiladores contraídos simultáneamente.

    Los equidnas, erizos y puercoespines dan un paso más en la defensa y transforman sus pelos dorsales en robustas espinas que amenazan al osado depredador con convertir su boca en un alfiletero.

    Un camino evolutivo diferente han seguido los rumiantes bovinos y ovinos con las vainas queratinizadas de sus cuernos viscoelásticos, capaces de absorber la energía de los impactos sin transmitirla al esqueleto.

    Más sorprendentes son los cuernos de los rinocerontes, un conjunto cementado y deshidratado de pelos que bien podría haber inspirado el movimiento punk.

    Por su parte, cejas, pestañas y pelos de los conductos nasales y auditivos protegen mecánicamente las aberturas exteriores de los órganos de los sentidos.

  5. Atracción sexual. Los pelos actúan como concentradores de feromonas. Es una de las razones por la que nuestra especie conserva el pelo en axilas y zona genital (argumento biológico que choca con nuestro concepto cultural de higiene pero, hagan un esfuerzo, sitúense unas cuantas decenas de miles de años atrás).

    Por otra parte, la melena la utilizan muchas especies como reclamo sexual (no les digo nada de la nuestra y de lo que se llevan lucrando los vendedores de crecepelo desde el inicio de los tiempos).

Después de leer todo esto con pelos y señales, y dado que mis lectores no tienen un pelo de tontos, me viene al pelo recomendar que se suelten el pelo y que no se corten un pelo, que donde hay pelo hay alegría.

Pero, recuerden… sin dejar que les tomen el pelo.

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