Así se ha convertido la trashumancia en una pieza fundamental de los ecosistemas

El pastoreo es el uso de la tierra más extendido en el planeta. La dinámica de este tipo de explotación hace que se beneficie desde hace milenios de las inmensas extensiones de tierras áridas, montañosas o gélidas. Allí la agricultura es impracticable o no es competitiva, pero la movilidad del ganado aprovecha distintos picos de productividad vegetal en lugares distantes.

Sin embargo, su práctica va a menos a nivel global, afectada por políticas que lo socavan tanto en países industrializados como en aquellos en vías de desarrollo. Conocer las implicaciones ecológicas de una práctica tan extendida, así como las consecuencias de su abandono, es fundamental para confrontar los grandes desafíos del calentamiento global y de otros grandes cambios mediados por el desarrollo humano.

Evidencias de procesos ecosistémicos

En los ecosistemas globales, la humanidad ha reducido muchísimo el número de herbívoros silvestres y los ha sustituido por ganado. Pese a que es un proceso que ha durado milenios, sus impactos históricos han sido limitados dada la capacidad del ganado de sustituir funcionalmente a los herbívoros silvestres. Esto implica tener un impacto parecido en el territorio: dispersar semillas, modificar el paisaje para crear ambientes donde puedan existir otras especies, o repartir nutrientes. En este sentido, la similitud de las vías trashumantes en España con las rutas migratorias de antiguos herbívoros silvestres es muy reveladora.

Los beneficios que da la ganadería tradicional a los ecosistemas incluyen cuestiones muy variadas. El ganado mitiga incendios forestales, convierte materia orgánica en minerales disponibles para que sean utilizados por las plantas, facilita la existencia de animales importantes como carroñeros o insectos comedores de estiércol, y evita que algunas plantas dominen las comunidades vegetales hasta llegar a extinguir a otras.

Rebaño de ganado trashumante. José Antonio González, CC BY

Pero para conseguir máximos efectos beneficiosos es fundamental que la práctica ganadera siga pautas sostenibles. La gestión del paisaje debe dejar los tres estratos de la vegetación (hierba, arbustos y árboles) y también es fundamental que las plantas puedan descansar de la presión de los herbívoros, como en el caso de la regeneración de encinas en dehesas. En todo ello, la movilidad del ganado tiene un papel fundamental.

Dispersión de semillas y refugio de polinizadores

Hay dos cuestiones donde el papel de los corredores ganaderos es especialmente destacado: la dispersión de semillas y la creación de refugios en paisajes hostiles.

La humanidad, en especial por la agricultura, ha transformado muchos paisajes en zonas hostiles para plantas y animales. Los corredores ganaderos de la cuenca mediterránea, el Sahel o la India atraviesan zonas agrícolas. Así, permiten que se dispersen semillas de plantas, tanto por el estiércol como por el pelaje de los animales. Pero además, representan un refugio para plantas, hormigas o abejas, estas últimas muy importantes para polinizar los cultivos que rodean a estos corredores.

Todo esto es aún más importante si se considera que los corredores ganaderos se distribuyen por el territorio a modo de red (fractal), con múltiples niveles.

Evidencias en la genética de las plantas

Aunque estos procesos se hayan observado, resulta difícil saber hasta qué punto son relevantes en el conjunto de los ecosistemas. Por ejemplo, aunque la dispersión de semillas observada sea intensa, eso no revela si tiene efectos a escala de población o si es capaz de mitigar la fragmentación que provocan las actividades humanas.

Para averiguarlo, estudiamos en un trabajo que se acaba de publicar si existían diferencias entre la genética de poblaciones de Plantago lagopus, una pequeña planta de pastizal, dependiendo de si estaban en una vía pecuaria, entre los cultivos que dominaban el paisaje y más o menos cerca de asentamientos urbanos.

Ejemplar de ‘Plantago Lagopus’. Franz Xaver/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Nuestros resultados sugieren que los corredores ganaderos tienen un efecto genético observable tanto en crear ambientes favorables para polinizadores como en dispersar semillas. Resulta muy llamativo que el uso activo de estos corredores por parte del ganado multiplica su papel de refugio de polinizadores en comparación con otras manchas de pastizal fuera de la cañada y sometidas a ritmos de pastado diferentes.

Asimismo, el efecto de dispersión del ganado resulta equilibrado respecto a las zonas cultivadas, donde las poblaciones de plantas se van empobreciendo paulatinamente, y respecto a las zonas urbanas, donde una dispersión excesiva está probablemente potenciando la dispersión de especies invasoras.

Implicaciones para la gestión del paisaje

Los efectos que observamos en la genética de las plantas muestran que los beneficios tanto de la ganadería extensiva como de los corredores ganaderos se potencian si estos son usados por rebaños trashumantes.

Se confirma la urgencia de actuar políticamente en favor de la trashumancia, como destacaba el Libro blanco de la trashumancia en España, pero también otras voces en EE. UU. o Australia que reclaman no solo la conservación física de los corredores, sino la continuidad de su uso. Mantenerlos abiertos puede también facilitar la dispersión de plantas por parte de, por ejemplo, elefantes que puedan así atravesar paisajes agrícolas como los del Sahel.

En un contexto de cambio global, cambio climático y paisajes fragmentados, la urgencia de actuar en favor de la trashumancia no es sólo una cuestión española, sino de los paisajes pastoriles a nivel mundial.