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Cuando concebir parece inconcebible: los desafíos emocionales de la infertilidad y la reproducción asistida

“Cuando una puerta de felicidad se cierra, otra se abre, pero a menudo miramos tanto tiempo a la puerta cerrada que no vemos la que se ha abierto para nosotros”. (Helen Keller)

Muchas famosas han hablado abiertamente sobre sus experiencias con la reproducción asistida, ayudando a desestigmatizar el tema y brindar apoyo a quienes atraviesan situaciones similares. Este es el caso de Courteney Cox, una de las protagonistas de la serie Friends, que contó los numerosos intentos de fecundación que realizó antes de conseguir dar a luz a su hija.

El deseo de tener hijos supone para muchas personas un componente fundamental en su proyecto de vida. Sin embargo, para algunas parejas, el camino hacia la concepción es todo menos sencillo. La infertilidad, que afecta aproximadamente a una de cada 6 parejas a nivel global, es un desafío emocional y físico que puede llevar a las personas a un viaje incierto en busca de respuestas y soluciones.

Un recurso al que cada vez se dirigen más personas es la reproducción asistida, que abarca una variedad de técnicas, incluida la fecundación in vitro, la inseminación artificial y otras intervenciones médicas diseñadas para ayudar a la concepción.

La reproducción asistida puede ser emocionalmente agotadora

A pesar de los avances tecnológicos, estos tratamientos conllevan, no solo retos físicos, sino también importantes reacciones emocionales asociadas a la reproducción asistida.

  • Ansiedad: el proceso de la reproducción asistida puede ser largo y emocionalmente agotador. “A veces siento que no puedo más, que cada nuevo intento solo acumula más presión,” suelen expresar las pacientes. La incertidumbre sobre el resultado, los ciclos repetidos de tratamiento y el miedo al fracaso pueden provocar niveles significativos de estrés y ansiedad.

  • Depresión: las tasas de depresión pueden aumentar significativamente entre las personas sometidas a tratamientos de reproducción asistida. “Es como si cada ciclo fallido me robara un poco de esperanza,” refieren estas mujeres. La carga emocional de los tratamientos fallidos y la sensación de pérdida pueden llevar a sentimientos profundos de tristeza y desesperanza.

  • Tensiones en la relación de pareja: el estrés de los tratamientos pueden afectar las relaciones afectivas e íntimas. Los miembros de la pareja suelen aludir a un sentimiento de desconexión o distanciamiento, como si estuvieran luchando cada uno por su lado. Los desafíos de comunicación, las diferencias en el manejo de las emociones y el estrés sexual pueden crear un auténtico abismo entre las parejas.

  • Culpa y baja autoestima: la incapacidad de concebir de manera natural puede desencadenar sentimientos de imperfección o fracaso personal. Es como si pensaran que hay algo defectuoso en ellas (o ellos), algo que les hace insuficiente. “Me siento menos hombre o menos mujer” es una emoción que expresan frecuentemente. Todo esto se agrava por sentimientos de vergüenza y humillación.

¿Y si finalmente se concibe lo inconcebible?

Los embarazos alcanzados mediante reproducción asistida suelen ser emocionalmente complejos y vienen acompañados de una mezcla de intensa gratitud y ansiedad. A menudo clasificados como de alto riesgo debido a factores como la edad avanzada o embarazos múltiples, suelen requerir seguimientos médicos más estrictos.

Quienes experimentan estos embarazos pueden sentir una preocupación continua por la salud del bebé y enfrentar niveles más altos de estrés y ansiedad, especialmente si han tenido dificultades prolongadas para concebir o pérdidas previas. Sin embargo, también es común que sientan un profundo aprecio y alivio por el embarazo.

Reducir el estigma y buscar ayuda

Hablar de las dificultades psicológicas de la reproducción asistida es fundamental por varias razones.

Por un lado, la infertilidad a menudo viene acompañada de un estigma social y un silencio que pueden hacer que las parejas se sientan aisladas. Hablar abiertamente sobre estas dificultades ayuda a romper este tabú, ofreciendo a las parejas un sentido de comunidad y entendimiento.

Además, reconocer y discutir las complicaciones emocionales permite a las personas buscar el apoyo adecuado. Esto puede incluir terapia psicológica, grupos de apoyo y estrategias de manejo del estrés que son esenciales para el bienestar durante el tratamiento.

Otro aspecto a tener en cuenta es que comprender los posibles desafíos emocionales prepara mejor a las parejas para los altibajos de la reproducción asistida. Esto les ayuda a tomar decisiones realistas sobre sus opciones de tratamiento y a establecer expectativas ajustadas.

Y desde luego, alentar a los profesionales de la reproducción asistida a considerar no solo los aspectos físicos, sino también los emocionales, permite ofrecer una atención más compasiva y holística.

Los desafíos emocionales y psicológicos de la reproducción asistida son complejos y muy personales. Es esencial hablar de este tema con honestidad para ofrecer apoyo psicológico que alivie las dificultades del proceso. Esto ayudará a que las parejas puedan sobrellevarlo y, al final, se sientan satisfechas, tanto si consiguen tener hijos como si no.

Un enfoque comprensivo y empático puede aliviar la carga de quienes sienten que concebir a veces parece inconcebible.

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