Una trabajadora sanitaria utiliza el equipo de protección contra el virus en un centro de tratamiento en Bikoro, República Democrática del Congo, el 13 de mayo de 2018. John Bompengo / AP

Ébola: el virus sigue siendo más rápido que los políticos

El brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) sigue siendo relativamente pequeño. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa de que hay 56 personas con sospechas de infección, con probabilidades de infección o con infecciones confirmadas, incluidas las 28 fallecidas.

Pero a pesar de estos números discretos, los demás países no deberían confiarse. A todos nos interesa ayudar a la OMS y a la RDC a controlar este brote de forma rápida.

La enfermedad por el virus del Ébola no es tan contagiosa como la gripe o el sarampión, pero puede propagarse con una rapidez exponencial.

La velocidad de la epidemia

Muchas cosas crecen según patrones “lineales”, aumentan en cantidades constantes en cada período.

Pensemos en un trabajador al que le pagan 15 € por hora. Tendrá 15 € después de una hora y 30 € después de dos.

Otras cantidades crecen “de forma exponencial”, aumentan en proporciones constantes.

Imaginemos una inversión de 100 € que genere un interés de un 10% anual. Tendrá un valor de 110 € después del primer año, pero de 121 € después del segundo. El motivo es que el interés del primer año genera intereses el segundo año. La capitalización permite que los 100 € se doblen a 200 € en aproximadamente 7,3 años, en lugar de en diez.

Las ideas también se pueden propagar de forma exponencial.

Supongamos que cada persona que lee este artículo se lo envía a varios amigos, cada uno de ellos se lo envía a varios más y así sucesivamente. El número total de personas que han visto este artículo, por tanto, crecerá de forma exponencial.

Este era el concepto que se encontraba tras un famoso anuncio de champú de los años ochenta.

Este anuncio ilustra la propagación exponencial de ideas que “se hacen virales”.

Esto es lo que significa “hacerse viral”: noticias que se propagan con una rapidez exponencial, como los virus.

La clave: una inmediata reacción

Pero las infecciones de ébola son mucho más serias que los memes de Internet o los productos para el cuidado del cabello. El brote de ébola de 2014 en África Occidental fue el mayor de la historia. Comenzó con una persona enferma en Guinea y después se propagó por las cercanas Liberia y Sierra Leona.

Los servicios sanitarios locales, que estaban empobrecidos, no pudieron hacerle frente y los países más ricos tardaron en ayudar.

En consecuencia, la enfermedad se propagó con una rapidez exponencial. Entre marzo y septiembre de 2014, el número de casos de ébola confirmados, probables y sospechosos creció de media un 2,35% al día. El recuento total casi se duplicaba cada mes.

Casos de ébola confirmados, probables y sospechosos acumulados en África Occidental entre marzo y septiembre de 2014. Michael Armstrong, datos de CCPEEU

Esto significaba que la carga de trabajo médico también se duplicaba cada mes. Cada paciente necesitaba cuidados y estar en cuarentena. Las personas con las que cada paciente hubiera tenido contacto reciente necesitaban seguimiento y control. Fue trabajoso.

El crecimiento de los casos se volvió más lineal en octubre y noviembre, cuando la ayuda internacional le recuperó terreno al virus. Pero todavía había alrededor de 160 nuevos casos al día.

La suma diaria de pacientes comenzó a disminuir sobre diciembre de 2014, pero el brote no terminó hasta junio de 2016. Al final supuso 28.616 pacientes, de los cuales fallecieron 11.310. A las economías regionales también les costó 2.200 millones de dólares.

Casos de ébola confirmados, probables y sospechosos acumulados en África Occidental entre marzo de 2014 y abril de 2016. El color rojo indica un crecimiento exponencial, el naranja indica un crecimiento casi lineal y el azul indica un crecimiento más lento que el lineal. Michael Armstrong, datos de CCPEEU

Esta probabilidad de propagación exponencial y de inmensa tragedia explica por qué es fundamental reaccionar rápido al ébola. Las peticiones de atención sanitaria y los costes humanos son mucho menores con diez casos que con diez mil.

Una vacuna experimental

Afortunadamente, las autoridades sanitarias están respondiendo con rapidez al brote actual en la República Democrática del Congo. A diferencia de los países de África Occidental, la RDC tiene experiencia en el tratamiento del ébola y una vacuna experimental desarrollada en Canadá y producida en Estados Unidos debería ayudar a frenar la enfermedad.

Pero el brote todavía no está controlado. Si crece como en 2014, podría superar los cien casos a finales de junio y los doscientos antes de finales de julio.

Estas cifras podrían ser inferiores si los trabajadores sanitarios pudiesen controlar la enfermedad o podrían ser mayores si descubriesen nuevas infecciones en aldeas remotas.

La necesaria ayuda internacional

El éxito depende de la rapidez con que otros países envíen ayuda. Es más fácil y más económico tratar 56 casos que doscientos.

Las naciones africanas más cercanas están alertando a sus propios sistemas sanitarios. Pero la OMS necesita financiación internacional para la campaña de la República Democrática del Congo, que tiene un coste de 57 millones de dólares estadounidenses.

Hasta el momento, Canadá ha prometido 2,5 millones de dólares canadienses y el Reino Unido, cinco millones de libras. Estados Unidos ha enviado un millón de dólares estadounidenses y ha prometido hasta siete millones más.

(Sin embargo, la administración de Trump ha prescindido recientemente de su consejero de seguridad sobre la salud mundial. También quiere cancelar los 252 millones de dólares estadounidenses que el gobierno había reservado para futuras epidemias como esta).

Los pasajeros esperan a que el personal sanitario les tome la temperatura en la playa Ngobila, en Kinsasa (República Democrática del Congo). John Bompengo/AP

Alemania, Italia y Noruega también están contribuyendo. Hasta ahora, muchos otros países con economías fuertes o con rentas per cápita altas permanecen ajenos de forma consciente.

Si los dirigentes mundiales necesitan una motivación adicional, solo tienen que mirar a sus teléfonos. La RDC extrae la mitad del cobalto del mundo, un componente de muchas de las baterías recargables. Una epidemia, o el miedo a una, que frene la economía de la RDC podría paralizar la producción mundial de baterías. Esto podría dificultar la fabricación de cualquier cosa, desde teléfonos móviles hasta coches eléctricos.

Las personas también pueden ayudar. Pueden hacer donaciones a agrupaciones como Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja o el Fondo central para la acción en casos de emergencia de las Naciones Unidas.

Debemos ir al genba

Con el mundo a un vuelo de distancia, nadie puede esconderse de los virus. Los termómetros de los aeropuertos y las restricciones fronterizas son de poca ayuda. Ninguna medida aborda el origen del problema.

Imaginemos una analogía empresarial. Si una empresa tiene problemas de calidad, puede contratar inspectores para testar los productos que desarrollan. Pero esos inspectores no solo no pueden detectar todos los defectos, si no que no tienen capacidad para corregir la causa subyacente.

Los portavoces de dicha empresa pueden optar por negar que algo vaya mal en la cadena de producción. Pero podría armarse tal revuelo en Twitter que los problemas crecerían en vez de disminuir.

En cambio, una empresa de éxito “acude al genba”, es decir, acude al lugar donde está el foco del problema, indaga sobre qué va mal, y colabora con los trabajadores para resolverlo.

Esto es lo que el mundo debería hacer para vencer el brote de ébola en la República Democrática del Congo. Ayudar a los congoleños a detener rápidamente el brote “allí” nos protegerá a los de “aquí”.

This article was originally published in English